Arafat
en la perspectiva histórica
Niko
Schvarz *
AHORA que
se han acallado en buena medida el estruendo, las especulaciones y los
rumores, es el momento de situar a Yasser Arafat en la perspectiva histórica.
De valorar el significado de una vida dedicada en su integralidad a la
independencia y la soberanía del milenario pueblo palestino, a dotarlo
de un estado y asentarlo sobre un territorio, para que deje de ser un pueblo
errante en diáspora perpetua. Y sobre todo para afirmar la dignidad
de cada uno y de todos los palestinos, que se lo merecen ni más
ni menos que los demás pueblos de la tierra.
La cruel paradoja
Con su lucha permanente Arafat se
ganó el derecho de ser considerado el líder indiscutido de
su pueblo, tanto del que vive, lucha y sobrelleva su carga de penurias
diarias, de muerte y sufrimientos en los territorios, como el que anhela
regresar desde el exilio al que se vio obligado a partir. En medio de la
conmoción que sacude al mundo por las circunstancias dramáticas
en que desapareció, se ha instalado una cruel paradoja: desde ciertas
tiendas se asegura que ahora está más cercana la paz en esa
torturada región. El azar quiso que su muerte, el 11 de noviembre,
coincidiera con el armisticio en 1918 de la primera guerra mundial.
El argumento es que tanto Sharon
como Bush nunca reconocieron el liderazgo de Arafat. Pero veamos el fondo
del problema. El primer ministro israelí amenazó, no una
sino varias veces, con matar a Arafat y con expulsarlo de los territorios,
y el mundo no dijo nada ante estas monstruosidades. Ni tampoco sobre el
hecho de que Israel lo mantuviera recluido y prisionero en la Muqata de
Ramalá, prohibiéndolo salir, procurando aislarlo del mundo.
Sólo le faltaban los grilletes en los pies. Sobrellevó esta
situación, a lo largo de más de tres años, con singular
entereza, en una zona que se había transformado en un montón
de ruinas por los persistentes ataques del ejército israelí.
Cuando llegaron los helicópteros jordanos para transportar a Arafat
hacia el Cairo y luego París, donde la muerte lo aguardaba, se debió
apisonar el terreno repleto de escombros para que pudieran posarse. Esas
imágenes de ruinas reproducían el espectáculo de los
campos de refugiados de Gaza arrasadas por las tropas de Sharon (que fue
el responsable de la operación asesina de Sabra y Chatila, en El
Líbano), o los que vemos estos días a lo extenso de Faluya,
donde además las tropas norteamericanas fusilan a quemarropa a prisioneros
indefensos en las mezquitas.
En cuanto a Bush, también
se permitió la ignominia de no reconocer a Arafat, al tiempo que
hacía llegar a Sharon una riada de armamentos y dinero para que
prosiguiera su matanza sistemática de los palestinos, para que erigiera
el muro de la vergüenza y usurpara los territorios cisjordanos. Estas
actitudes beligerantes, unidas a la inoperancia del cuarteto, es lo que
aleja la paz de la región. La reelección de Bush agrava el
peligro.
El luchador por la dignidad del
pueblo palestino
No se debe olvidar, y menos en esta
hora, que el controvertido plan de Sharon de abandono de colonias judías
instaladas ilegalmente y mantenidas por la fuerza en la franja de Gaza,
tiene como contrapartida extender los asentamientos en Cisjordania, completar
la construcción del muro de separación, transformar los territorios
palestinos en bantustanes aislados y relegar para siempre la creación
de un estado palestino.
En contraposición, la muerte
encuentra a Arafat bregando con todas sus fuerzas por dos objetivos indisolublemente
unidos, que sólo cobran significado real si se integran en uno solo:
la creación de un estado palestino vecino al estado de Israel y
coexistiendo pacíficamente con él, y la paz y seguridad en
toda la región.
A justo título Arafat recibió
el premio Nobel de la Paz, junto con el ex primer ministro israelí
Yitzaj Rabin, asesinado por la ultraderecha israelí precisamente
por aspirar a un acuerdo pacífico con los palestinos, y con el ex
canciller Shimon Peres.
Todos estos elementos ubican naturalmente
a Arafat en la categoría de los luchadores por la emancipación
de los pueblos, por la paz, por un mejor futuro para la humanidad. En su
trayectoria tuvo vínculos con figuras del campo avanzado y progresista
del mundo, incluido nuestro país. Recuerdo su foto junto a Rodney
Arismendi en la Plaza Roja de Moscú.
Ingreso a la historia
Este es el legado que deja tras sí
una figura relevante de las luchas por la liberación nacional y
social del siglo XX e inicios del XXI. Sus restos, recibidos con fervor
por su pueblo, permanecen en un cajón de cemento, como un símbolo,
frente a la Muqata, escenario de las últimas etapas de su lucha,
esperando el momento de ser inhumados en la Explanada de las Mezquitas,
en Jerusalén.
Con estos atributos y con ese porte
Arafat entra a la historia.
Niko
Schvarz
nikomar@adinet.com.uy
* Publicista uruguayo, miembro
de la Comisión de Asuntos y Relaciones Internacionales del Frente
Amplio.
Publicado en La República
el 20 de Noviembre de 2004 |