Niko Schvarz - rodelu.net
20 de Noviembre de 2004
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Arafat en la perspectiva histórica
Niko Schvarz *
AHORA que se han acallado en buena medida el estruendo, las especulaciones y los rumores, es el momento de situar a Yasser Arafat en la perspectiva histórica. De valorar el significado de una vida dedicada en su integralidad a la independencia y la soberanía del milenario pueblo palestino, a dotarlo de un estado y asentarlo sobre un territorio, para que deje de ser un pueblo errante en diáspora perpetua. Y sobre todo para afirmar la dignidad de cada uno y de todos los palestinos, que se lo merecen ni más ni menos que los demás pueblos de la tierra. 

La cruel paradoja

Con su lucha permanente Arafat se ganó el derecho de ser considerado el líder indiscutido de su pueblo, tanto del que vive, lucha y sobrelleva su carga de penurias diarias, de muerte y sufrimientos en los territorios, como el que anhela regresar desde el exilio al que se vio obligado a partir. En medio de la conmoción que sacude al mundo por las circunstancias dramáticas en que desapareció, se ha instalado una cruel paradoja: desde ciertas tiendas se asegura que ahora está más cercana la paz en esa torturada región. El azar quiso que su muerte, el 11 de noviembre, coincidiera con el armisticio en 1918 de la primera guerra mundial.

El argumento es que tanto Sharon como Bush nunca reconocieron el liderazgo de Arafat. Pero veamos el fondo del problema. El primer ministro israelí amenazó, no una sino varias veces, con matar a Arafat y con expulsarlo de los territorios, y el mundo no dijo nada ante estas monstruosidades. Ni tampoco sobre el hecho de que Israel lo mantuviera recluido y prisionero en la Muqata de Ramalá, prohibiéndolo salir, procurando aislarlo del mundo. Sólo le faltaban los grilletes en los pies. Sobrellevó esta situación, a lo largo de más de tres años, con singular entereza, en una zona que se había transformado en un montón de ruinas por los persistentes ataques del ejército israelí. Cuando llegaron los helicópteros jordanos para transportar a Arafat hacia el Cairo y luego París, donde la muerte lo aguardaba, se debió apisonar el terreno repleto de escombros para que pudieran posarse. Esas imágenes de ruinas reproducían el espectáculo de los campos de refugiados de Gaza arrasadas por las tropas de Sharon (que fue el responsable de la operación asesina de Sabra y Chatila, en El Líbano), o los que vemos estos días a lo extenso de Faluya, donde además las tropas norteamericanas fusilan a quemarropa a prisioneros indefensos en las mezquitas.

En cuanto a Bush, también se permitió la ignominia de no reconocer a Arafat, al tiempo que hacía llegar a Sharon una riada de armamentos y dinero para que prosiguiera su matanza sistemática de los palestinos, para que erigiera el muro de la vergüenza y usurpara los territorios cisjordanos. Estas actitudes beligerantes, unidas a la inoperancia del cuarteto, es lo que aleja la paz de la región. La reelección de Bush agrava el peligro. 

El luchador por la dignidad del pueblo palestino

No se debe olvidar, y menos en esta hora, que el controvertido plan de Sharon de abandono de colonias judías instaladas ilegalmente y mantenidas por la fuerza en la franja de Gaza, tiene como contrapartida extender los asentamientos en Cisjordania, completar la construcción del muro de separación, transformar los territorios palestinos en bantustanes aislados y relegar para siempre la creación de un estado palestino.

En contraposición, la muerte encuentra a Arafat bregando con todas sus fuerzas por dos objetivos indisolublemente unidos, que sólo cobran significado real si se integran en uno solo: la creación de un estado palestino vecino al estado de Israel y coexistiendo pacíficamente con él, y la paz y seguridad en toda la región.

A justo título Arafat recibió el premio Nobel de la Paz, junto con el ex primer ministro israelí Yitzaj Rabin, asesinado por la ultraderecha israelí precisamente por aspirar a un acuerdo pacífico con los palestinos, y con el ex canciller Shimon Peres.

Todos estos elementos ubican naturalmente a Arafat en la categoría de los luchadores por la emancipación de los pueblos, por la paz, por un mejor futuro para la humanidad. En su trayectoria tuvo vínculos con figuras del campo avanzado y progresista del mundo, incluido nuestro país. Recuerdo su foto junto a Rodney Arismendi en la Plaza Roja de Moscú. 

Ingreso a la historia

Este es el legado que deja tras sí una figura relevante de las luchas por la liberación nacional y social del siglo XX e inicios del XXI. Sus restos, recibidos con fervor por su pueblo, permanecen en un cajón de cemento, como un símbolo, frente a la Muqata, escenario de las últimas etapas de su lucha, esperando el momento de ser inhumados en la Explanada de las Mezquitas, en Jerusalén. 

Con estos atributos y con ese porte Arafat entra a la historia.

Niko Schvarz
nikomar@adinet.com.uy

* Publicista uruguayo, miembro de la Comisión de Asuntos y Relaciones Internacionales del Frente Amplio.

Publicado en La República el 20 de Noviembre de 2004

 
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