| El
Periódico de Catalunya - 16 de Noviembre
de 2004
Los muertos
civiles no se cuentan
Josep
Pernau
Después
de una semana de la sangrienta operación contra la insurgencia suní
de Faluya, el despliegue norteamericano ha cumplido su misión. Es
la hora del balance. Por el bando rebelde, ha habido unos 1.000 muertos
y 200 detenidos, sin que conste el número de heridos. En el frente
estadounidense se ha contado con más precisión: son 28 soldados
muertos y 170 heridos de distinto grado. ¿Y los muertos civiles,
las llamadas víctimas colaterales? No constan. Se diría que
no existen. Los muertos civiles no se cuentan. Los vencedores no pueden
entretenerse en estas minucias.
Los muertos nunca son iguales. Si
no lo son en las catástrofes naturales, menos aún en las
guerras. Los norteamericanos son héroes muertos en combate. Si se
alistaron en el Ejército, señal de que, vestidos de paisano,
la vida no les trató muy bien. Ahora envolverán sus cuerpos
en la bandera de la barra y las estrellas, y recibirán todos los
honores. Los rebeldes iraquís de la línea suní, en
cambio, son trofeos de guerra, igual que las piezas abatidas de una cacería.
Por ser tantos los que han sido cazados, sus perseguidores están
recibiendo muchas felicitaciones.
¿Y los civiles, madres y
criaturas, ancianos y también hombres que no quieren saber nada
de la guerra? Ni héroes ni canallas. Son víctimas colaterales.
Personas que se interpusieron en la trayectoria de un proyectil, que se
refugiaron en un lugar inseguro. Mala suerte.
Nadie cuenta cuántos mueren.
El columnista cree que, para que se les recuerde, debería dedicárseles
un monumento, una tumba simbólica o una simple llama, igual que
los honores que se tributan al Soldado Desconocido. En este caso, al Muerto
Colateral de la Guerra. La ONU, como territorio neutral, sería el
lugar indicado. |