| El
Periódico de Catalunya - 16 de Noviembre
de 2004
La trampa
marfileña
• Francia
deberá retirarse de Abiyán, aunque esto cause el establecimiento
de un régimen fascista
Sami
Naïr *
Nueve soldados franceses murieron el
pasado 6 de noviembre bajo el fuego de los aviones del presidente marfileño,
Laurent Gbagbo; en represalia, prácticamente toda la aviación
de Costa de Marfil fue destruida por Francia; los soldados franceses asediados
dieron muerte a unos civiles, instigados por el poder marfileño,
en las calles de Abiyán; 14.000 súbditos franceses, de los
cuales 8.000 detentan la doble nacionalidad marfileña-francesa,
han sido tomados como rehenes. Tropas de la ONU asediadas, milicias gritando
eslóganes antifranceses e injurias racistas contra los blancos,
conflictos interétnicos sangrientos, cargados de potencial genocida
como en Ruanda... Ahora, Francia organiza la salida de sus ciudadanos;
el enfrentamiento entre las fuerzas del Gobierno y la oposición
parece ineluctable. Una guerra sangrienta, el caos, son inevitables.
En definitiva, Francia está
atrapada en su propia política africana en Costa de Marfil.
Además, ¿tiene realmente una política africana? En
Francia, en este momento, nadie podría afirmarlo. Nadie. Ni siquiera,
aparentemente, el Gobierno y el presidente de la República. ¿Sus
intereses en Costa de Marfil? Son mínimos, residuales, superficiales.
De hecho, este país a Francia le cuesta más de lo que le
aporta. ¿Un posicionamiento estratégico? ¿Para
proteger qué? Nadie lo sabe. Así pues, nos preguntamos por
qué París se ha metido en este berenjenal.
CUANDO estalló la guerra civil,
pues se trata de una guerra civil, París vaciló. El problema
era el siguiente: la etnia en el poder, heredera de Houphouet-Boigny,
ya no conseguía mantener al país bajo su férula. La
democracia, poco más o menos como en toda África, sólo
era de fachada y, además, los musulmanes, los marfileños
de origen burkinés, mayoritarios, tenían prohibido el acceso
al poder. Ahora hace cinco años, desde el golpe de Estado de diciembre
de 1999, que Costa de Marfil está en guerra civil. Tras múltiples
tentativas, Gbagbo aceptó firmar los acuerdos de Marcoussis
(Francia) sobre la base de un compromiso impuesto por París y que
dividía el poder entre el presidente marfileño y la oposición.
Pero la batalla entre Gbagbo
y sus oponentes no cesará jamás. Salvo que, tras haberse
implicado en este asunto, Francia se convierta en enemigo de todos. El
presidente de Costa de Marfil hace el doble juego: aparenta estar de acuerdo
con París, pero como continúa su guerra con la oposición,
lanza una milicia racista a las calles, dirigida por Charles Blé
Goudé, un granuja marfileño manipulado por el ejército
y autoproclamado "general de la juventud". Su objetivo es aterrorizar a
los súbditos franceses, tomándolos como rehenes para asegurarse
la buena conducta de Francia. Por su parte, Francia no sabe de qué
lado decantarse. En realidad, no hay muchas opciones. Ahora que el mantenimiento
de la estabilidad se paga en vidas de ciudadanos franceses, sólo
hay dos posibilidades: o bien Francia, de acuerdo con la ONU, se encarga
de restablecer el orden y actúa como hizo la ONU en Chipre, o bien
se va de Costa de Marfil. En el primer caso, le corresponde actuar a la
ONU. En el segundo, no hay duda de que se corre el riesgo de causar un
baño de sangre entre marfileños, pero son los propios marfileños
quienes deben resolver sus asuntos. Y mucho apostaría que, como
en otras partes, acabarán lamentándolo...
Cuando la izquierda estaba en el
poder en Francia, su política africana consistía en dejar
que las antiguas colonias se independizaran, partiendo del principio de
que Francia ya no poseía los medios para comportarse como una potencia
neocolonial. Ello no complacía a los poderes establecidos, que se
benefician de las financiaciones francesas para pagar los salarios de sus
funcionarios y militares. Por su parte, la derecha francesa siempre ha
tenido una política más opaca: sus relaciones con África
no son sólo políticas, también son privadas. El mundo
de los negocios obtiene jugosos beneficios.
LO QUE está claro es que en
Costa de Marfil todo esto está tocando a su fin. Francia tendrá
que retirarse. El presidente Chirac dijo, el 14 de noviembre, que
la salida de Francia de Costa de Marfil puede causar la llegada al poder
de "un régimen fascista". Es posible. El concepto de ivoiridad
defendido por Gbagbo y sus seguidores es efectivamente racista:
impide a los marfileños de origen burkinés, a los marfileños
del norte, musulmanes, representando hoy la mayoría de la población,
acceder al poder. Como telón de fondo, se trata también de
la oposición geográfica entre Norte y Sur de este país.
Gbagbo piensa poder cambiar de aliado; ha intentado involucrar a
EEUU contra Francia. Pero no funcionó. Y EEUU no quiere pagar, porque
sabe que no tiene mucho que ganar. En realidad, la única solución
ahora es una intervención fuerte de la ONU. Francia, por su parte,
debe salir de este juego. Pronto.
* Profesor de Ciencias Políticas
de la Universidad de París-VII |