El
Ricky y su pancarta
José
Luis Hereyra Collante
Acabo de
pasar por el centro de Sincelejo a bordo de una buseta y allá iba
Ricky, con su pancarta en alto, anunciando esta vez las “bondades y servicios”
de una compraventa sincelejana, tradicional como el ajonjolí. Y
es que Ricky, con su pancarta, ha anunciado de todo. Desde combates mundiales
de boxeo en todos los continentes, incluyendo el Asia; encuentros de fútbol,
sobre todo los partidos de clasificación a los mundiales; supermercados,
almacenes de telas, llaneras con sus carnes asadas y mondongos; dentistas,
almacenes de repuestos automotores, el gimnasio del Lisa, el béisbol
profesional, el sóftbol vernáculo, en fin lo habido y por
haber de nuestro Sincelejo pintoresco y sus alrededores hasta Oceanía.
Es decir, Ricky es el summum de la comunicación social como manejo
de medios, hasta el extremo que su pancarta ha sido universalizada hace
pocos días en Washington D.C. por los manifestantes anti-Bush que
se copiaron el modelo de la pancarta de Ricky para ponderar a Bin Laden
y denostar de Dick Chenney.
Conocí a Ricky hace trece
años, en ese mágico 1991 en el cual Iván Feris me
trajo como traductor de El Pintoso Box para peleas de título mundial
“para trabajar sólo una semana” y llevo ya trece años, un
matrimonio a cuestas y una hijita preciosa. Ricky, por supuesto, llevaba
las pancartas y hacía de todo, hasta utilero de los boxeadores,
mandadero, ayudante del esquinero... Iván Feris, el siempre generoso
Iván, se las tiraba de gato bravo y de inflexible con todos nosotros
sus trabajadores, pero siempre ha sido una madre católica. De manera
que Ricky tuvo varios años de esplendor laboral, ya que nunca le
faltaba trabajo, comida y buen trato. “¡Correcto, correcto!”, nos
contestaba a todos como respuesta a todo. En especial a Iván, a
quien le contestaba “¡Correcto, correcto, don Iván!”, agudizando
la lengua pegada y el “don Iván”.
Cuando “El Cole” salió a la
palestra en Barranquilla como emblema de la Selección Colombia de
Fútbol, siempre pensé que le faltaba la pureza que le sobra
a Ricky y que le brota a éste por los poros. Pensé y sigo
pensando que los sabaneros tienen razón cuando no gustan de casi
ningún barranquillero, por la viveza, velocidad y tramoyería.
De vainas existen las excepciones a todo y la Sabana hoy en día
es tan mi hogar que ahora que volvía de Nueva York a Bogotá
estaba temblando de la emoción que me ahogaba por bajarme del segundo
avión en Montería, para coger la Ford Van de “El Novillo”
o el carro blanco del Guillo, su yerno, y llegar rápido a mi casa
en Sincelejo. Sólo diez días después, fuí a
barranquilla. Cuando pronuncio “Sincelejo” tengo que reconocer que el Ricky
es a Sincelejo como lo son las barras de “cheers” en los Estados Unidos
para cualquier equipo y ciudad grande en cualquier deporte. Claro, que
allá los miembros de un grupo de "cheers" tienen sueldo, comodidades,
transporte, respeto, admiración y también, fuera del salario,
prestaciones.
Por eso no sería descabellado
pedirles al Alcalde, Gobernador y dirigentes sucreños en general
que busquen la ley apropiada para otorgarle al Ricky un salario, un cargo,
y una futura pensión, para que pueda descansar y rendir más
ese ser humano, más nuestro que cualquier “Cole”, hombre que ha
dado su vida entera y su amor por la causa sucreña sin nunca esperar
nada a cambio. Además, el Ricky es uno solo y los "cheers" son legiones.
Los pueblos y sus dirigentes deben ser lo suficientemente lúcidos
para reconocer e identificar inmediatamente sus emblemas naturales, honrarlos
y salvaguardarlos. Lo que debemos todos hacer con el Ricky, quien ha alegrado
e identificado nuestro quehacer cultural, y que conste que sí
es expresión cultural todo lo que la pancarta del Ricky ha anunciado
y seguirá anunciando. Esperemos que el Ricky sea pronto contratado
oficialmente como Director de la Oficina de Divulgación e Identidad
Sucreña, dinerito que causaría muchísimo bienestar,
orgullo y alegría a nuestra ciudad ya nuestra región en el
concierto nacional si se le paga al Ricky en vez de coger para otro lado.
26 de noviembre de 2004
José
Luis Hereyra Collante
Escritor colombiano
jlhereyra@hotmail.com
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