| La
República de Uruguay - 30 de Noviembre
de 2004
Hoy se conmemora oficialmente
en todo el Uruguay el triunfo
del NO en 1980
"Declárese día de
conmemoración cívica, el 30 de noviembre de cada año,
en celebración del pronunciamiento del plebiscito del 30 de noviembre
de 1980", dice la Ley Nº 17.568, del 22/10/02.
El cuento
de los generales
que
se creyeron su propio cuento
Gabriel
García Márquez *
Por
preguntones acaba de ocurrirle lo mismo que a De Gaulle a los militares
turbios y sin gloria que gobiernan con mano de hierro a Uruguay. Pero lo
que más intriga de este descalabro imprevisto es por qué
tenían que preguntar nada en un momento en que parecían dueños
de todo su poder, con la prensa comprada, los partidos políticos
prohibidos, la actividad universitaria y sindical suprimida y con media
oposición en la cárcel o asesinada por ellos mismos, y nada
menos que la quinta parte de la población nacional dispersa por
medio mundo.
Los analistas, acostumbrados a echarle
la culpa de todo al imperialismo, no sólo de lo malo sino también
de lo bueno, piensan que los gorilas uruguayos tuvieron que ceder a la
presión de los organismos internacionales de crédito para
mejorar la imagen de su régimen. Otros, aun más retóricos,
dicen que es la resistencia popular silenciosa, que, tarde o temprano,
terminará por socavar la tiranía. No hay menos de veinte
especulaciones distintas. Pero hay una que corre el riesgo de parecer simplista,
y que a lo mejor es la más próxima de la verdad: los gorilas
uruguayos -- al contrario del general De Gaulle-- terminaron por creerse
su propio cuento.
Es la trampa del poder absoluto.
Absortos en su propio perfume, los gorilas uruguayos debieron pensar que
la parálisis del terror era la paz, que los editoriales de la prensa
vendida eran la voz del pueblo, y por consiguiente, la voz de Dios, que
las declaraciones públicas que ellos mismo hacían eran la
verdad revelada, y que todo eso, reunido y amarrado con un lazo de seda,
era de veras la democracia. Lo único que les faltaba entonces, por
supuesto, era la consagración popular. (...)
Sin embargo, lo más importante
de esta pifia militar no es que el pueblo haya dicho que no, sino la claridad
con que ha revelado la peculiaridad incomparable de la situación
uruguaya. En realidad, la represión de la dictadura ha sido feroz,
y no ha habido una ley humana ni divina que los militares no violaran ni
un abuso que no cometieran. Pero en cambio se encuentran dando vueltas
en el círculo vicioso de su propia preocupación legalista.
(...) Es como si la costumbre de la democracia representativa --que es
casi un modo de ser natural de la nación uruguaya-- se les hubiera
convertido en un fantasma que no les permite hacer con las bayonetas otra
cosa que sentarse en ellas. *
* (Publicado en El País,
Madrid, 9 de diciembre de 1980)
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