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5 de diciembre de 2004
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La Jornada Semanal de México - 5 de diciembre de 2004

Diez mujeres premios Nobel

Ricardo Bada
Las mujeres llegaron pronto a los PN, a los Premios Nobel.

Inició la lista, en 1903, Marie Curie, née Sklodowska, que compartiría el de Física con su marido Pierre y Henri Becquerel por sus descubrimientos en el terreno de la radiactividad.

Dos años más tarde, en 1905, el de la Paz le fue concedido a la Baronesa Bertha von Suttner, una pacifista austriaca autora de un libro incendiario, ¡Abajo las armas!, y que había sido amiga y secretaria de Alfred Nobel: es bastante seguro que sus ideas son las que motivaron al inventor y millonario a crear entre las distinciones aquella dedicada a premiar la labor de personas u organizaciones pacifistas. En 1909 es Selma Lagerlöf quien se alza con el PN de Literatura, y dada su categoría nadie sonríe socarronamente porque sea sueca y miembro de la Academia que discierne el premio. Una vez más dos años después, 1911, y ya viuda, madame Curie recibe el de Química, en solitario, convirtiéndose así en la primera persona que obtiene dos veces el galardón. (Una hazaña sólo igualada después por el científico norteamericano Linus Carl Pauling, quien recibió el de Química en 1954 y el de la Paz en 1962.)

Sólo en el mundo de la biología y la medicina llegaron las mujeres tarde al Nobel. Hay que esperar hasta 1947 para que lo obtenga Gerty Theresa Cori, junto con su esposo Carl Ferdinand Cori, de Praga como ella, ambos checos y nacionalizados norteamericanos. Lo compartieron con Bernardo Alberto Houssay, argentino en el exilio del primer Perón. El matrimonio Cori y Houssay se habían hecho un renombre internacional por su trabajo sobre el metabolismo de los hidratos de carbono.

Así es que, sí, las mujeres llegaron temprano al Nobel, pero luego siguieron con cuentagotas.

El porcentaje femenino que ha obtenido el premio no es como para echar las campanas al vuelo. En el de Literatura, de 101 autores galardonados, Elfriede Jelinek es la décima mujer.

Y han muerto sin recibirlo escritoras tan formidables como Virginia Woolf, Hannah Arendt, Marguerite Yourcenar, Mary McCarthy, Katherine Ann Porter, Clarice Lispector y Astrid Lindgren, la creadora de Pippi Calzaslargas, a quien ningunearon sus propios compatriotas con un argumento casi calcado del que se infligió al gran Simenon: demasiado popular.

Haré recuento, ahora, de mis paseos por la galería de autoras que han precedido a Elfriede Jelinek en el olimpo de Estocolmo.
 

1909, SELMA OTTILIA LOVISA LAGERLÖF

Aún recuerdo con cierta inevitable nostalgia mi primera lectura de Selma Lagerlöf, su novela breve La carreta fantasma. En una edición de la legendaria Aguilar, en la misma colección donde también descubriría luego a Bertrand Russell (PN 1950). Y he leído y releído con fruición sus Maravillosos viajes del pequeño Nils Holgersson, y creo que a todos los que lo hemos hecho, alguna vez –uno de esos días que vemos pasar rumbo al sur, o al norte, en según qué estación del año, las enormes bandadas de aves migratorias–, nos ha parecido divisar a Nils encaramado a una de ellas y volando alegremente. El pequeño Nils, como la Alicia de Lewis Carroll, Oliver Twist, Huckleberry Finn & Tom Sawyer, y el principito de Saint-Exupéry, están entronizados de por vida en nuestro imaginario.
 

1926, GRAZIA DELEDDA

Con Grazia Deledda tengo una relación muy especial, porque allá a finales de los setenta, en la emisora alemana donde me desempeñé más de tres décadas como redactor, propuse hacer una serie dedicada a las seis mujeres que hasta entonces habían conseguido el PN. Y obsesivo y tenaz como soy, logré conseguir grabaciones de las voces originales de las seis, tarea nada fácil, sobre todo encontrar la de Grazia Deledda, que todo el mundo daba por inexistente en cinta magnética: pero descubrí donde estaba grabada esa voz, en un viejo archivo de Cagliari, sobre una placa de metal que logramos homologar en soportes up to date. Y así fue que por primera vez en la historia de la radio se pudieron oír juntas todas las voces de las seis mujeres Nobel de Literatura. Recuerdo bien el sonido de la voz de Grazia Deledda, una voz fina, aguda, como la de una adolescente aún no muy segura de si debe hablar more spontaneo o esperar a que la inviten a hacerlo. Y la escucho interiormente cuando releo una de sus novelas (Caña al viento) que creo que siempre se seguirá leyendo con gusto, no importa en qué idioma.
 

1928, SIGRID UNDSET

Murió el 10 de junio de 1949, el día en que cumplí diez años, pero si también tengo una relación especial con Sigrid Undset, nace de mi antipatía hacia su rechazo visceral de Knut Hamsun, PN 1920, compatriota suyo, uno de mis grandes amores, y autor de dos de las más grandes novelas del siglo xx: Hambre y Bendición de la tierra. Conste que entiendo racionalmente ese rechazo: Hamsun figura en la historia de Noruega como un traidor, alguien que aceptó la invasión del país por Alemania y hasta se entrevistó con Hitler. Y Sigrid Undset perdió un hijo en la resistencia noruega contra la ocupación nazi. Entiendo el rechazo, pues, pero no soy yo solo quien cree que a Hamsun aún no se le ha hecho justicia por aquel desventurado capítulo de su vida: y alguien como Sigrid Undset debería haberlo sabido. Sé que tambien sonará injusta mi opinión porque sólo he leído una novela suya, La zarza ardiente, pero no me atrapó tanto que quisiera seguir leyendo obras de ella: demasiado católica para mi gusto.
 

1938, PEARL SYDENSTRIKER BUCK

Sinclair Lewis, el primer autor estadunidense en recibir el Nobel, comentó cierta vez mordazmente que la marina norteamericana había tenido su Pearl Harbour, y la literatura nacional su Pearl S. Buck. Y la verdad es que resulta excesivo considerar la obra de esta autora desde el punto de vista literario. Sus novelas mejores son las ambientadas en una China dentro de la cual se sentía en casa: "Cuando estaba en el mundo chino era china, hablaba chino y me comportaba como una china, comía como los chinos y compartía sus pensamientos y sus sentimientos. Cuando estaba en el mundo americano, cerraba la puerta tras de mí. [...] América era para mí un mundo soñado, el mundo real era Asia", escribió en su autobiografía. Pero es que ni siquiera sus mejores novelas justifican un PN de Literatura. Su nombre seguirá siendo uno de los que han fundamentado la quimera de que en Estocolmo se equivocan cuando galardonan a un auténtico gran autor. No es verdad. La cuota de aciertos del Nobel sobrepasa en mucho la de sus fallos. Aunque éstos, como fue el caso de Mrs. Buck, sean de mucho bulto.

La contribución de Pearl S. Buck a la historia del Premio pasa más bien por la estadística. Cuando lo obtuvo se convirtió, a sus cuarenta y seis años y seis meses, en la tercera persona más joven en recibirlo, desbancando a Sigrid Udset, a quien se lo entregaron con cuarenta y seis años y siete meses: sólo la precedían el inalcanzable Rudyard Kipling, con cuarenta y un años, y su compatriota Sinclair Lewis, con cuarenta y cinco. Aún hoy, después de que Albert Camus lo consiguiera con cuarenta y cuatro, Pearl S. Buck sigue siendo el cuarto autor más joven de toda la lista, y además forma parte del grupo exclusivísimo de quienes obtuvieron el PN con menos de cincuenta años: sólo son diez.
 

1945, LUCÍA GODOYY ALCAYAGA, ALIAS GABRIELA MISTRAL

Si durante la primera mitad del siglo xx hubiese sido España y no Inglaterra la potencia dominante en el mundo, seguramente el Nobel de 1913 no lo habría recibido Rabindranat Tagore sino Rubén Darío, que murió en 1916 sin el merecido reconocimiento internacional.

La consecuencia fue que América Latina debió esperar en la antesala de la Academia Sueca hasta 1945, y el primer latinoamericano PN de Literatura resultó ser una mujer. Una mujer cuyo músico predilecto era Mozart pero que, cuando estaba de buen humor, gozaba con las chansons de Edith Piaf. Una mujer itinerante, embajadora inoficial de Chile dondequiera que se encontrase. Una mujer de quien debe recordarse –entre otros– uno de los poemas más hondos y más herméticos de la lengua castellana. Se halla en su libro Lagar y está dedicado a las puertas: "Entre los gestos del mundo/ recibí el que dan las puertas./ [...] ¿Por qué fue que las hicimos/ para ser sus prisioneras?"
 

1966, LEONIE (NELLY) SACHS

Nelly Sachs era una poeta al   emana, judía, que logró escapar del nazismo, junto con su madre, gracias a la ayuda prestada por Selma Lagerlöf, y que terminó adquiriendo la nacionalidad sueca. El PN lo compartiría con el novelista israelí Samuel Josef Agnon. He leído sus poemas y no me han parecido de tal fuste que merecieran tan alta distinción, pero es evidente que los académicos de Estocolmo parecen haber querido tener un gesto hacia el Holocausto. Sólo que si la intención fue ésa, por qué no hacer justamente en este caso la excepción que confirma toda regla, y concedérselo, ex aequo con un superviviente, a una poeta de tan altos quilates como Elsa Lasker-Schüler. La Lasker-Schüler, otra alemana exiliada, murió en Jerusalén el 22 de enero de 1945, sin llegar a conocer el fin del martirio de su pueblo a manos de la vesania nazi. Pero los estatutos del PN no consideran la posibilidad de un galardón póstumo, a no ser que se trate del secretario perpetuo de la propia Academia: es el caso de Erik Axel Karlfeldt en 1931.
 

1991, NADINE GORDIMER

A veces los señores de la Academia Sueca tiñen sus decisiones de matices políticos, y en este caso es claro que premiaron en la persona de la novelista sudafricana la valentía y el coraje con que ella y muchos otros contribuyeron a que desapareciera el flagelo del apartheid. Claro está desde luego que con la valentía y el coraje, a solas, no se consigue elPN, pero la obra de Nadine Gordimer es de una calidad suficiente como para no tener que avergonzarse, una vez más, de esas decisiones "políticas": digamos, por ejemplo, de la del PN 1965 a Mijail Sólojov, para purgar ante el Kremlin la culpa de haber premiado en 1958 a Boris Pasternack y su Doctor Zhivago. A Nadine Gordimer se la seguirá leyendo cuando Sólojov unicamente sea una nota a pie de página en la historia del ominoso realismo socialista.
 

1993, TONI MORRISON

Fue la tercera persona de raza negra que obtuvo el premio, tras el nigeriano Wole Soyinka (1986) y el caribeño Derek Walkott, de Santa Lucía, quien lo recibiría el año anterior a Toni Morrison, 1992, como si los académicos de Estocolmo hubiesen querido rendir reverencia al quinto centenario del dizque descubrimiento de América y al mismo tiempo advertir al mundo que conocían la existencia de una cultura afroamericana. De Toni Morrison sólo he leído una novela, Jazz, realmente buena, casi tan buena como una improvisación de Charlie Parker o el Sing sing sing del concierto de Benny Goodman en el Carnegie Hall el 16 de enero de 1938. Ojalá me dé el tiempo para leer otras novelas suyas.
 

1996, WISLAWA SZYMBORSKA

En un texto de 1988, devenido justamente célebre, su discurso al inaugurar la primera feria del libro en Turín, Josef Brodsky (PN del año anterior) dejó dicho que la poesía más extraordinaria del siglo xx se escribió en polaco. Y al afirmarlo citaba los nombres de Leopold Staff, Czeslaw Milosz (PN 1980), Zbigniew Herbert y esta Wislawa Szymborska, quien ocho años después también se llevaría el gato Nobel al agua a continuación de otro poeta, el irlandés Seamus Heany. Naturalmente, el juicio de Brodsky debe ser tomado cum grano salis. Desde el mundo hispánico le podríamos replicar con la retahíla de Rubén Darío, Antonio Machado, Juan Ramón Jiménez (PN 1956), Federico García Lorca, Vicente Aleixandre (PN 1977), Luis Cernuda, César Vallejo, Pablo Neruda (pn 1981), León de Greiff, José Lezama Lima, Octavio Paz (PN 1990) y Gonzalo Rojas, para tan sólo mencionar una cumplida docena de asimismo extraordinaria categoría.

Pero mejor será que dejemos estos dimes y diretes comparativos, porque el libro de los gustos ya se sabe que está en blanco. Y la verdad de la milanesa, como dicen los rioplatenses, es que Wislawa Szymborska es una poeta magnífica, con prescindencia de que la poesía en lengua polaca haya sido, o no, la "más mijor" (Cantinflas dixit) que se escribió en el siglo xx. Esa pelota sigue en el tejado.

 
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