Agustín Díaz Pacheco - rodelu.net
11 de diciembre de 2004
-
 
La historia desamordazada

"Los españoles negros"

Agustín Díaz Pacheco
La literatura se sustenta en dos ejes esenciales, la memoria y la imaginación, de tal manera que la meta que persigue tenazmente un escritor es observar minuciosa y escrutadoramente, incluso mirar más allá de lo aparente. Una mirada que observa debe abrirse a la imaginación, atraerla desde lo más recóndito, transgredir la realidad o subvertirla y ejercer un continuo ejercicio creativo. Lo que observamos es siempre susceptible de múltiples interpretaciones, tantas como el estado anímico de quien otea el horizonte vertical de el otro y aguza el oído para escuchar el oculto susurro que en ocasiones emerge a la superficie de la cotidianidad.

La memoria se dimensiona y cobra categoría en el libro Los españoles de color...* es decir, la constatación de la Historia supone una evidencia avalada por la continuidad y hechos del todo irrefutables. Es la tarea que se ha impuesto Francisco Tray Bousoño desde el comienzo de su obra, a través de una esclarecedora, original y rigurosa introducción, y también un detallado preámbulo que quiebra los estereotipos tan al uso cuando se refieren a África. Lo que se ha impuesto es cómo mirar el Adyap, un árbol mitológico de los fang, hasta volverse raíz suya. Apela a la Historia y luego recurre a su legítima memoria personal para referirnos el microuniverso de su infancia, etapa a la que el escritor argentino Ernesto Sábato definió como la auténtica patria.

Establezcamos un patrón de referencias, por ejemplo, el cine y cómo éste influye en el inconsciente tanto individual como colectivo, cómo se puede vulnerar al incorporarla y concebir el estatuto de determinados clichés y hacer de la Historia una masa moldeable a expensas de quien la prepara desde la convicción del descerebramiento o bien de acciones específicas que se hunden en la conciencia de las personas. La industria del cine ha tenido como referencias dos espacios míticos; uno, el lejano Oeste, y el otro, África, con todas sus magnificencias exóticas, entre un Paraíso perdido y una tentación que convoca a la explotación. Se da cierta estética (el cine, por ejemplo) que cumple una doble misión, influir deliberadamente y llegar a convencer desde una creación artística de carácter aparentemente ficticio y su posterior incidencia en los individuos, en su código de valores y jerarquía de prioridades y opciones. Lo efectúa nítidamente Tray Bousoño al diseccionar hábilmente el estado de opinión referido al continente africano y que él lo divide en la primariedad de una información o bien una calculada desinformación; el espacio físico a tener en cuenta, propicio para filmar películas como “Mogambo”, “Hatari” y “Odongo”, por citar algunas que él mismo expone; la exótica experiencia del safari y su consiguiente recreación, incluida la pieza obtenida; los criterios racistas que preconizan la supremacía de la raza blanca ante quienes expresan su acatamiento a través del uso de locuciones como bwana o massa, para concluir en lo que tan cruel y esmeradamente realizaron los colonos con los indios en lo que hoy es EE UU. Acontece entonces un encuentro o reencuentro con ciertos episodios históricos, el trazo que mueve a la aprehensión histórica y a su recreación. Dicha Historia y la mencionada recreación, contemplada en Los españoles..., atreve sus líneas al afrontar diversos procesos dados en Guinea Ecuatorial desde una doble perspectiva: la macrohistórica y la microhistórica; lo cual pone de manifiesto la variada confluencia étnica concitada en dicho territorio, la expansión occidental que no dudó –y lo continúa perpetrando- lo más mínimo en recurrir a una perversa interpretación de la identidad colectiva a despreciar o caricaturizar, y en perseguir lo que luego sería, es y seguirá siendo si se admite el unilateralismo o el multilateralismo que concita inconfesables intereses. Lo que se ha propugnado y se preconiza es un modelo económico sustentado en la expropiación de recursos tanto humanos y materiales. No sólo cuenta la ininterrumpida succión de riquezas de todo tipo, también la esclavitud, la tan perseguida mano de obra semigratuita, gratuita o esclavizada, ésta última tan apreciada por quienes se autoproclaman como civilizadores...

Tras la llamada Guerra Fría, se abrió un proceso de descolonización, y más tarde, con la aparición del Movimiento de los Países No Alineados, y la consiguiente asunción de la toma de conciencia nacional, adquirió caracteres sustantivos. De las once Cumbres del Movimiento de los Países No Alineados, cuatro fueron presididas por países del continente africano. Fue una época donde abundaron resueltos líderes como Gamal Abdel Nasser, Achmed Sukarno, Ben Bella, Kwame N´Krumah, Sedar Senghor, Patrice Lumumba, Julius Nyerere, Jomo Kenyatta o Yaftar al-Numeiry, adquiriendo histórica importancia la Conferencia Afro-Asiática de Bandung (Isla de Java, Indonesia) que hizo surgir y consolidar la Organización para la Unidad Africana. Incido que en dicho Movimiento se conciliaban posturas de tal carácter que implicaba líderes nada dúctiles, reacios al chantaje y la compraventa de espacios para la expansión colonialista o neocolonialista.

El libro escrito por Tray Bousoño es una puerta abierta para acceder a la compleja cronología guineana, la perversa originalidad de su decurso que partiendo del colonialismo se revistió de mansas alusiones referidas a régimen provincial, luego al régimen autonómico, hasta desembocar en una soberanía tutelada por la dependencia económica y la carencia de medios. Su autor nos invita a que nos sumerjamos en un contexto, partiendo de la independencia paternalmente concedida por el gobierno de Madrid, y en la que predominaron las tesis del entonces ministro de Asuntos Exteriores, Fernando María Castiella (hombre de carácter conciliador) ante los inmovilistas argumentos y consiguientes acciones sostenidas por una persona nada liberal, por supuesto, Luis Carrero Blanco; independencia concedida por España el 12 de octubre de 1968, que puso al frente del nuevo país a un tirano: Francisco Macías Nguema, cuyo verdadero nombre Francisco Masié Nguema Biyogo, y que por un traspié tipográfico de una imprenta cuyo nombre comercial era Imprenta Cervantes, dio lugar a rebautizar al sangriento tirano; el déspota que en el transcurso de su mandato persiguió, encarceló y reprimió sangrientamente, obligando a que más de 125.000 guineanos se exiliaran. Corría 1967 cuando Francisco Macías Nguema se trasladó a Nueva York, ciudad en la que recibió un intenso y severo tratamiento médico a cargo del psiquiatra Félix de Piniés, hermano de quien fuera delegado permanente de España ante la ONU. En ese mismo año, se trasladó a Madrid, a una clínica situada en la calle Juan Bravo, donde volvió a ser tratado psiquiátricamente. El que sería luego presidente fue derrocado en 1979 y condenado a muerte resultó ser el blanco de un pelotón de ejecución, por órdenes de su sobrino, el entonces teniente coronel Teodoro Obiang Nguema Mbasogo, actualmente Brigadier General por su propia obra y gracia, quien ha implantado una férrea dictadura, intercalando distintos simulacros electorales celebrados en 1982, 1988, 1989, 1993, 1996 y el 2003, acercándose paulatinamente a las zonas de neta influencia francófona, dictador que cuenta con la escolta proporcionada por un componente militar enviado por el Reino de Marruecos, contingente procedente de fuerzas paracaidistas y de infantería. El hoy Brigadier General cuenta con un buen apoyo en la figura de su hijo Gabriel Obiang, ministro de Hidrocarburos, quien blanquea los folios donde se redactan los “acuerdos” con multinacionales tales como Total Fina Elf o la Exxon, entre otras, no en vano son más de 250.000 los barriles de crudo a diario.

Es Tray Bousoño, hijo de María Bousoño, prima hermana del excelente poeta español Carlos Bousoño, y del capitán Tray  (capitán y más tarde teniente coronel de infantería, el mismo que fue Ayudante de Campo del Almirante Francisco González Núñez), quien nos acerca los perfiles espaciales de aquel contexto; así, el desarrollo del proceso que enjuició y condenó a muerte a Francisco Macías Nguema, se celebró en un cine que para el autor de Los españoles... contiene juveniles resonancias, una sala de espectáculos situada en las cercanías de la Avenida de Madrid, ubicada en Santa Isabel de Fernando Poo; su nombre, Cine Marfil.

Si la clara distinción entre dominantes y dominados se da entre naciones de democracia formal, qué decir del opresor y del oprimido en cuanto a países dominantes que ponen en práctica políticas de claro contenido neocolonialista, que elaboran contumazmente y hasta la saciedad las más que arbitrarias relaciones Norte-Sur. África y la Historia o la indignante Historia de África, puede ser objeto de lectura en páginas manchadas de sangre y en cuyas líneas se aprecia la crueldad llevada a extremos inimaginables. Sabido era que el Almirante Luis Carrero Blanco y lo cito a título estrictamente histórico, fue dueño y señor (al igual que otros españoles en diferentes ámbitos en los que predominaba la más dura explotación humana, bien directa o indirectamente, valiéndose de su más que conocido despotismo, de sus vastas influencias y la disposición de numerosos hombres de paja) de grandes plantaciones de cacao situadas en Guinea Ecuatorial. Igual crítica se efectúo al general Agustín Muñoz Grandes, el almirante Nieto Antúnez y Díaz de Villegas. En las huellas que dejan determinados textos figuran categorías tales como emancipados, semiemancipados y no emancipados, quienes para trasladarse de un poblado a otro debían portar el debido salvoconducto. Al acercarnos a la frialdad legislativa, traducida en ordenamientos jurídicos, figura la notoria diferencia entre trabajadores blancos, llamados europeos, y guineanos, denominados como indígenas.

La memoria se dimensiona y adquiere categoría en la obra de Francisco Tray Bousoño, quien expresa: “...de una manera tan nítida, tuvimos claro que el color de la piel, pese a la política de España en pro de la igualdad [yo diría que estrictamente formal, de interesada doble moral y absoluta y resolutivamente hipócrita] y la no discriminación, tenía un importantísimo matiz diferenciador en las relaciones entre los blancos y la gran mayoría de los negroafricanos” (página 67). De manera tal, que los españoles, no todos, por supuesto, insistieron en talar el Adyap y seccionar sus raíces.

Primar a los trabajadores blancos, en notorio detrimento de los negros, fue una de las constantes del gobierno colonial de Madrid, como también la existencia fáctica de carácter segregacionista en los templos religiosos (página 68), y hegemónica resultó la primacía del blanco sobre el negro, con la salvedad de personas caracterizadas por su noble conducta o la fiel y cabal coherencia de los Padres Claretianos y los Hermanos de La Salle. Resultaría del todo exhaustiva la enumeración de los hechos y costumbres inherentes al ejercicio del contumaz e innegable colonialismo español sobre Guinea Ecuatorial, así como las norma y su aplicación, siempre en detrimento del dominado: el pueblo de Guinea Ecuatorial, cuyas secuelas son absolutamente irrefutables, nación colonizada y puesta de rodillas por Teodoro Obiang Nguema Mbasogo con el apoyo de una superpotencia: EE UU;  y potencias como Francia, sin exceptuar al anacrónico régimen del Reino de Marruecos, y con el apoyo que le concedió el gobierno del Partido Popular, sobre todo el tristemente célebre José María Aznar, cuya puesta en duda de los resultados electorales del 13 de marzo del presente año continúa debilitando cara al exterior al actual gobierno del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), partido político y Administración socialista... envuelta en la retórica de la defensa teórica de los derechos humanos, a la vez que esconde su complicidad con el tirano, manifiesto servilismo –de unos y de otros- ante la Administración Bush, como si el Estado español fuera una simple provincia más del Imperio estadounidense. 

* El autor de Los españoles de color..., Francisco Tray Bousoño, es abogado y escritor, y su libro ha sido editado por la Concejalía de Cultura del Ayuntamiento de La Laguna, 124 páginas, Tenerife, Canarias, 2004.

 
 
Agustín Díaz Pacheco
Escritor español, reside en La Laguna (Tenerife, Canarias)
lykos87@yahoo.es
 
CULTURALES