La
literatura se sustenta en dos ejes esenciales, la memoria y la imaginación,
de tal manera que la meta que persigue tenazmente un escritor es observar
minuciosa y escrutadoramente, incluso mirar más allá de lo
aparente. Una mirada que observa debe abrirse a la imaginación,
atraerla desde lo más recóndito, transgredir la realidad
o subvertirla y ejercer un continuo ejercicio creativo. Lo que observamos
es siempre susceptible de múltiples interpretaciones, tantas como
el estado anímico de quien otea el horizonte vertical de el otro
y aguza el oído para escuchar el oculto susurro que en ocasiones
emerge a la superficie de la cotidianidad.
La memoria se dimensiona
y cobra categoría en el libro Los españoles de color...*
es decir, la constatación de la Historia supone una evidencia avalada
por la continuidad y hechos del todo irrefutables. Es la tarea que se ha
impuesto Francisco Tray Bousoño desde el comienzo de su obra, a
través de una esclarecedora, original y rigurosa introducción,
y también un detallado preámbulo que quiebra los estereotipos
tan al uso cuando se refieren a África. Lo que se ha impuesto es
cómo mirar el Adyap, un árbol mitológico de los fang,
hasta volverse raíz suya. Apela a la Historia y luego recurre a
su legítima memoria personal para referirnos el microuniverso de
su infancia, etapa a la que el escritor argentino Ernesto Sábato
definió como la auténtica patria.
Establezcamos un
patrón de referencias, por ejemplo, el cine y cómo éste
influye en el inconsciente tanto individual como colectivo, cómo
se puede vulnerar al incorporarla y concebir el estatuto de determinados
clichés y hacer de la Historia una masa moldeable a expensas de
quien la prepara desde la convicción del descerebramiento o bien
de acciones específicas que se hunden en la conciencia de las personas.
La industria del cine ha tenido como referencias dos espacios míticos;
uno, el lejano Oeste, y el otro, África, con todas sus magnificencias
exóticas, entre un Paraíso perdido y una tentación
que convoca a la explotación. Se da cierta estética (el cine,
por ejemplo) que cumple una doble misión, influir deliberadamente
y llegar a convencer desde una creación artística de carácter
aparentemente ficticio y su posterior incidencia en los individuos, en
su código de valores y jerarquía de prioridades y opciones.
Lo efectúa nítidamente Tray Bousoño al diseccionar
hábilmente el estado de opinión referido al continente africano
y que él lo divide en la primariedad de una información o
bien una calculada desinformación; el espacio físico a tener
en cuenta, propicio para filmar películas como “Mogambo”, “Hatari”
y “Odongo”, por citar algunas que él mismo expone; la exótica
experiencia del safari y su consiguiente recreación, incluida la
pieza obtenida; los criterios racistas que preconizan la supremacía
de la raza blanca ante quienes expresan su acatamiento a través
del uso de locuciones como bwana o massa, para concluir en
lo que tan cruel y esmeradamente realizaron los colonos con los indios
en lo que hoy es EE UU. Acontece entonces un encuentro o reencuentro con
ciertos episodios históricos, el trazo que mueve a la aprehensión
histórica y a su recreación. Dicha Historia y la mencionada
recreación, contemplada en Los españoles..., atreve
sus líneas al afrontar diversos procesos dados en Guinea Ecuatorial
desde una doble perspectiva: la macrohistórica y la microhistórica;
lo cual pone de manifiesto la variada confluencia étnica concitada
en dicho territorio, la expansión occidental que no dudó
–y lo continúa perpetrando- lo más mínimo en recurrir
a una perversa interpretación de la identidad colectiva a despreciar
o caricaturizar, y en perseguir lo que luego sería, es y seguirá
siendo si se admite el unilateralismo o el multilateralismo que concita
inconfesables intereses. Lo que se ha propugnado y se preconiza es un modelo
económico sustentado en la expropiación de recursos tanto
humanos y materiales. No sólo cuenta la ininterrumpida succión
de riquezas de todo tipo, también la esclavitud, la tan perseguida
mano de obra semigratuita, gratuita o esclavizada, ésta última
tan apreciada por quienes se autoproclaman como civilizadores...
Tras la llamada
Guerra Fría, se abrió un proceso de descolonización,
y más tarde, con la aparición del Movimiento de los Países
No Alineados, y la consiguiente asunción de la toma de conciencia
nacional, adquirió caracteres sustantivos. De las once Cumbres del
Movimiento de los Países No Alineados, cuatro fueron presididas
por países del continente africano. Fue una época donde abundaron
resueltos líderes como Gamal Abdel Nasser, Achmed Sukarno, Ben Bella,
Kwame N´Krumah, Sedar Senghor, Patrice Lumumba, Julius Nyerere, Jomo
Kenyatta o Yaftar al-Numeiry, adquiriendo histórica importancia
la Conferencia Afro-Asiática de Bandung (Isla de Java, Indonesia)
que hizo surgir y consolidar la Organización para la Unidad Africana.
Incido que en dicho Movimiento se conciliaban posturas de tal carácter
que implicaba líderes nada dúctiles, reacios al chantaje
y la compraventa de espacios para la expansión colonialista o neocolonialista.
El libro escrito
por Tray Bousoño es una puerta abierta para acceder a la compleja
cronología guineana, la perversa originalidad de su decurso que
partiendo del colonialismo se revistió de mansas alusiones referidas
a régimen provincial, luego al régimen autonómico,
hasta desembocar en una soberanía tutelada por la dependencia económica
y la carencia de medios. Su autor nos invita a que nos sumerjamos en un
contexto, partiendo de la independencia paternalmente concedida
por el gobierno de Madrid, y en la que predominaron las tesis del entonces
ministro de Asuntos Exteriores, Fernando María Castiella (hombre
de carácter conciliador) ante los inmovilistas argumentos y consiguientes
acciones sostenidas por una persona nada liberal, por supuesto, Luis Carrero
Blanco; independencia concedida por España el 12 de octubre de 1968,
que puso al frente del nuevo país a un tirano: Francisco Macías
Nguema, cuyo verdadero nombre Francisco Masié Nguema Biyogo, y que
por un traspié tipográfico de una imprenta cuyo nombre comercial
era Imprenta Cervantes, dio lugar a rebautizar al sangriento tirano; el
déspota que en el transcurso de su mandato persiguió, encarceló
y reprimió sangrientamente, obligando a que más de 125.000
guineanos se exiliaran. Corría 1967 cuando Francisco Macías
Nguema se trasladó a Nueva York, ciudad en la que recibió
un intenso y severo tratamiento médico a cargo del psiquiatra Félix
de Piniés, hermano de quien fuera delegado permanente de España
ante la ONU. En ese mismo año, se trasladó a Madrid, a una
clínica situada en la calle Juan Bravo, donde volvió a ser
tratado psiquiátricamente. El que sería luego presidente
fue derrocado en 1979 y condenado a muerte resultó ser el blanco
de un pelotón de ejecución, por órdenes de su sobrino,
el entonces teniente coronel Teodoro Obiang Nguema Mbasogo, actualmente
Brigadier General por su propia obra y gracia, quien ha implantado una
férrea dictadura, intercalando distintos simulacros electorales
celebrados en 1982, 1988, 1989, 1993, 1996 y el 2003, acercándose
paulatinamente a las zonas de neta influencia francófona, dictador
que cuenta con la escolta proporcionada por un componente militar enviado
por el Reino de Marruecos, contingente procedente de fuerzas paracaidistas
y de infantería. El hoy Brigadier General cuenta con un buen apoyo
en la figura de su hijo Gabriel Obiang, ministro de Hidrocarburos, quien
blanquea los folios donde se redactan los “acuerdos” con multinacionales
tales como Total Fina Elf o la Exxon, entre otras, no en vano son más
de 250.000 los barriles de crudo a diario.
Es Tray Bousoño,
hijo de María Bousoño, prima hermana del excelente poeta
español Carlos Bousoño, y del capitán Tray (capitán
y más tarde teniente coronel de infantería, el mismo que
fue Ayudante de Campo del Almirante Francisco González Núñez),
quien nos acerca los perfiles espaciales de aquel contexto; así,
el desarrollo del proceso que enjuició y condenó a muerte
a Francisco Macías Nguema, se celebró en un cine que para
el autor de Los españoles... contiene juveniles resonancias,
una sala de espectáculos situada en las cercanías de la Avenida
de Madrid, ubicada en Santa Isabel de Fernando Poo; su nombre, Cine Marfil.
Si la clara distinción
entre dominantes y dominados se da entre naciones de democracia formal,
qué decir del opresor y del oprimido en cuanto a países dominantes
que ponen en práctica políticas de claro contenido neocolonialista,
que elaboran contumazmente y hasta la saciedad las más que arbitrarias
relaciones Norte-Sur. África y la Historia o la indignante Historia
de África, puede ser objeto de lectura en páginas manchadas
de sangre y en cuyas líneas se aprecia la crueldad llevada a extremos
inimaginables. Sabido era que el Almirante Luis Carrero Blanco y lo cito
a título estrictamente histórico, fue dueño y señor
(al igual que otros españoles en diferentes ámbitos en los
que predominaba la más dura explotación humana, bien directa
o indirectamente, valiéndose de su más que conocido despotismo,
de sus vastas influencias y la disposición de numerosos hombres
de paja) de grandes plantaciones de cacao situadas en Guinea Ecuatorial.
Igual crítica se efectúo al general Agustín Muñoz
Grandes, el almirante Nieto Antúnez y Díaz de Villegas. En
las huellas que dejan determinados textos figuran categorías tales
como emancipados, semiemancipados y no emancipados,
quienes para trasladarse de un poblado a otro debían portar el debido
salvoconducto. Al acercarnos a la frialdad legislativa, traducida en ordenamientos
jurídicos, figura la notoria diferencia entre trabajadores blancos,
llamados europeos, y guineanos, denominados como indígenas.
La memoria se dimensiona
y adquiere categoría en la obra de Francisco Tray Bousoño,
quien expresa: “...de una manera tan nítida, tuvimos claro que el
color de la piel, pese a la política de España en pro de
la igualdad [yo diría que estrictamente formal, de interesada doble
moral y absoluta y resolutivamente hipócrita] y la no discriminación,
tenía un importantísimo matiz diferenciador en las relaciones
entre los blancos y la gran mayoría de los negroafricanos” (página
67). De manera tal, que los españoles, no todos, por supuesto, insistieron
en talar el Adyap y seccionar sus raíces.
Primar a los trabajadores
blancos, en notorio detrimento de los negros, fue una de las constantes
del gobierno colonial de Madrid, como también la existencia fáctica
de carácter segregacionista en los templos religiosos (página
68), y hegemónica resultó la primacía del blanco sobre
el negro, con la salvedad de personas caracterizadas por su noble conducta
o la fiel y cabal coherencia de los Padres Claretianos y los Hermanos de
La Salle. Resultaría del todo exhaustiva la enumeración de
los hechos y costumbres inherentes al ejercicio del contumaz e innegable
colonialismo español sobre Guinea Ecuatorial, así como las
norma y su aplicación, siempre en detrimento del dominado: el pueblo
de Guinea Ecuatorial, cuyas secuelas son absolutamente irrefutables, nación
colonizada y puesta de rodillas por Teodoro Obiang Nguema Mbasogo con el
apoyo de una superpotencia: EE UU; y potencias como Francia, sin
exceptuar al anacrónico régimen del Reino de Marruecos, y
con el apoyo que le concedió el gobierno del Partido Popular, sobre
todo el tristemente célebre José María Aznar, cuya
puesta en duda de los resultados electorales del 13 de marzo del presente
año continúa debilitando cara al exterior al actual gobierno
del Partido Socialista Obrero Español (PSOE), partido político
y Administración socialista... envuelta en la retórica
de la defensa teórica de los derechos humanos, a la vez que esconde
su complicidad con el tirano, manifiesto servilismo –de unos y de otros-
ante la Administración Bush, como si el Estado español fuera
una simple provincia más del Imperio estadounidense.
* El autor de
Los españoles
de color..., Francisco Tray Bousoño, es abogado y escritor, y
su libro ha sido editado por la Concejalía de Cultura del Ayuntamiento
de La Laguna, 124 páginas, Tenerife, Canarias, 2004.