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9 de diciembre de 2004
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El Periódico de Catalunya - 9 de diciembre de 2004

El blues de Bagdad

• La guerra de Irak va de mal en peor y las elecciones previstas en enero no permiten una retirada

Jesse Jackson *
La guerra en Irak se ha vuelto prácticamente invisible, como un molesto ruido de fondo al que ya estuviéramos acostumbrados. Pero mirémoslo de otra forma: esta guerra va de mal en peor.
Los episodios terroristas alcanzan nuevas cotas. Los insurgentes tienen capacidad para actuar en todo el país. El Ejército de EEUU está sufriendo el mayor número de bajas desde que se inició la ocupación. La coalición se está debilitando, un aliado tras otro anuncia la retirada de sus ya simbólicas fuerzas. Se están desplazando más tropas estadounidenses, pero no la cantidad necesaria para conseguir que la superioridad sea espectacular. Resulta difícil imaginar que sirvan de gran cosa, aparte de ofrecer más objetivos a los iraquís.
Ya se han iniciado intensas maniobras previas a las elecciones de enero. Muchos dirigentes sunís --la minoría que ostentaba el poder bajo el mandato de Sadam-- dicen que boicotearán las elecciones si no se posponen. Algunos observadores internacionales sugieren que las elecciones podrían causar más mal que bien si no participan los sunís. Pero los kurdos y el líder espiritual shií, el ayatolá Sistani, insisten en que las elecciones se lleven a cabo, al igual que el presidente Bush.
En Washington, muchos esperan contra todo pronóstico que el presidente utilice las elecciones para que las tropas empiecen a volver a casa, pero no hay indicios de ello. El presidente sigue diciendo que su misión es crear la democracia en Irak, lo que requeriría estacionar tropas durante una década o más. Las bases que está construyendo EEUU son permanentes, no provisionales.

ADEMÁS, el presidente parece haberse unido a quienes han creado el desorden. Rumsfeld y los neocons se mantienen; Powell y los disidentes de la CI A están siendo depurados. El consejero de la Casa Blanca Alberto Gonzales, que redactó los memorandos legales que condujeron a Abú Graib (fue él quien rechazó la Convención de Ginebra tachándola de "pintoresca"), ha sido nombrado fiscal general. Bernie Kerik, que ha estado enseñando a los iraquís a construir una fuerza policial, ha sido designado para ocuparse de la seguridad nacional (esperemos que con un poco más de éxito).
El coste en vidas y recursos va en aumento. Las fuerzas armadas de EEUU han sufrido más de 1.000 muertes y decenas de miles de heridos. Se calcula que han muerto cerca de 100.000 iraquís. El presidente pedirá 70.000 millones de dólares más para Irak y Afganistán la próxima primavera, mientras pide recortes generales en educación y sanidad. El mes pasado, la Casa Blanca insistió en que el Congreso autorizara a eliminar las becas universitarias Pell para 90.000 estudiantes. Quizá así consigan cubrir el cupo de reclutamiento para el Ejército.
Los estadounidenses poco atentos se vuelven más escépticos. Según un sondeo reciente de CBS/The New York Times, los norteamericanos desaprueban cómo ha manejado el presidente la situación en Irak (55 a 40). En la actualidad, la mayoría piensan que fue un error ir en primer lugar. Un sondeo realizado la víspera de las elecciones indica que la mayoría de los electores creían que la guerra aumentaba la inseguridad y no la seguridad. Y hacían bien; analistas de la CIA dicen que la guerra de Irak ha reforzado el argumento de Bin Laden de que EEUU está haciendo una guerra contra el Islam, para reclamar una yihad.
Todavía peor, a medida que se aproximan las anunciadas elecciones iraquís, la guerra civil se calienta; sunís contra shiís, shiís contra kurdos. Toda transferencia real de poder, incluso para redactar una Constitución, representa una amenaza para cada una de las facciones. Los kurdos quieren leyes claras que protejan a las minorías. Sistani, el líder espiritual shií, no quiere saber nada de los derechos de las minorías, particularmente de los kurdos. Los ataques de los sunís contra los shiís han llevado a éstos a iniciar la creación de nuevas milicias de voluntarios para combatir a los sunís. Cuanto más nos aproximemos a unas elecciones reales y a una potencial transferencia de poder, más se encontrarán las fuerzas estadounidenses en medio de una brutal guerra civil sobre la que muy poco saben.

EN ENERO, con elecciones en Irak o sin ellas, hay que hacer frente a grandes cuestiones. ¿Permanece EEUU, con el coste de más tropas, más vidas y más recursos, o se va? ¿Estamos dispuestos a arreglar Irak o a construir nuestra propia nación dentro de nuestras fronteras? Quienes se oponen a la salida de las tropas argumentan que, si nos vamos, Irak caerá en una guerra civil. Pero Irak está entrando en una guerra civil en este preciso momento, con las tropas estadounidenses en medio. La guerra de Bush no nos ha dejado muchas opciones.

* Pastor bautista y excandidato demócrata a la presidencia de EEUU
Tribune Media Services / Traducción de Xavier Nerín

 
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