| La
Jornada de México - 9 de diciembre de 2004
El dólar
y la paz fría
John
Saxe-Fernández
La vinculación entre la guerra
de Irak, el desplome del dólar y la intensificación de las
fricciones trasatlánticas es central en la actual dinámica
de poder. Pasamos de la guerra fría a una etapa caracterizada
por una paz fría en las relaciones intercapitalistas en general
y en las de EU con Europa en particular.
El término paz fría
fue acuñado por Jeffrey Garten, banquero, ex asesor de presidentes
y decano de la Escuela de Negocios de Yale, para referirse al fenómeno
de "las contradicciones interimperialistas". Por ello resulta llamativo
que, en medio discurso de la "globalización" de la década
de 1990, que consumía toneladas de tinta, miles de horas-radio y
televisión y saturaba a una academia proclive a adoptar las modas
de turno, Garten, del mero establishment capitalista, planteara
la conflictividad intercapitalista como eje para comprender la situación
internacional. Quizá por estar inmerso en "la terca realidad" no
consideró serias o útiles las proclamas fáciles, deterministas
y eufóricas del "globalismo pop".
La paz fría entre EU,
Europa y Japón, acicateada por el mismo colapso de la URSS, el "enemigo
común" que fungía como el cemento de la alianza y facilitaba
el "manejo" estadunidense de la Entente intercapitalista, en ningún
momento desatiende el hecho de que la tajada mayor de las exportaciones
e importaciones, de la inversión extranjera directa y de los flujos
financieros se realizan precisamente entre esos tres polos económicos.
Pero tampoco descuida sus desavenencias y enfrentamientos en áreas
como la aeroespacial, de semiconductores, biotecnología, subsidios
a la agricultura y muchos más. Con la guerra en Irak, ese "enfriamiento"
se amplió a lo geopolítico afectando a la Organización
del Tratado del Atlántico Norte (OTAN).
Al aumento del gasto militar en Irak
se agrega el desplome del dólar, emparentado con la profundización
del déficit fiscal, así como un agravamiento del déficit
de cuenta corriente, es decir, de la balanza comercial y de las transacciones
financieras en ultramar.
Los problemas fiscales se derivan
de un diseño presupuestal irresponsable y clasista con crecientes
costos militares, pero la cuestión central es la falta de credibilidad
del gobierno de Bush. Fue bochornoso el espectáculo ofrecido por
quienes hicieron del engaño, la manipulación y la falsificación
de datos y sucesos un asunto cotidiano. De aquí el gran escepticismo
de la opinión pública mundial y los inversionistas en torno
a la retórica en favor de un dólar fuerte proveniente del
gabinete económico de Bush. Según Garten, la Casa Blanca
se está comportando en el área de política económica
internacional de manera similar a como lo ha hecho en la esfera política
y militar: "se pronunciará de manera confiada si no es que arrogante,
y no cejará de presionar fuertemente su ideología a lo largo
y ancho del orbe. Invitará a otros países a participar en
sus planes, pero a fin de cuentas hará lo que le dé la gana
con o sin ellos. Su política en torno al dólar es un reflejo
de su política en Irak" (Newsweek, 20/11/04, p. 31).
Garten muestra con datos por qué
el problema para los inversionistas no se limita sólo a las "intenciones"
reales de Bush, sino también a su capacidad para enfrentar los graves
aprietos económicos gestados durante sus primeros cuatro años.
EU pasó de un superávit acumulado de 5 billones de dólares
a un déficit de más de 2 billones, es decir, un cambio de
7 billones (trillions en inglés).
Los pronunciamientos en torno a un
dólar fuerte están acompañados de iniciativas presupuestales
que, al acentuar el déficit, propician la caída en picada
de la moneda. Garten muestra que el déficit fiscal no preocupa mayormente
a Bush, quien promueve, entre otras medidas: a) dar carácter permanente
a los recortes impositivos hechos a favor de los sectores de mayores ingresos,
lo que significa agregar cerca de 2 billones al déficit de 10 años;
b) aumentar el gasto militar y de seguridad interna, y c) privatizar la
seguridad social, agregando entre uno y 2 billones al déficit. Por
lo que aumenta la cautela de inversionistas y bancos centrales, de quienes
EU depende grandemente para salir del atolladero y enfrentar sus necesidades
de financiamiento estimadas en 2 mil millones de dólares diarios,
el equivalente al ahorro total generado por las exportaciones de todos
los países de Asia y Europa.
La idea parece centrarse en "internacionalizar"
los costos del desastre en Irak y del despilfarro fiscal, por medio de
la devaluación monetaria, pasando la factura al mundo. Hace poco,
el secretario del Tesoro dijo, en referencia a otro rubro y con toda la
cara dura del caso, que "el déficit de cuenta corriente de EU es
una responsabilidad compartida".
Naturalmente en Europa y Asia aumenta
el rechazo a cargar con los costes de este esquema mientras se acrecientan
las tensiones entre las respectivas áreas monetarias. El problema
se le agrava a EU, porque se modificó la estructura de poder del
sistema monetario internacional y el dólar ya no es la única
moneda global.
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