Mundo - rodelu.net
12 de diciembre de 2004
.
 
Masiosare/La Jornada de México - 12 de diciembre de 2004

Desertores estadunidenses de ayer y hoy

Yo no voy a la guerra

Marta Duran de Huerta
En la Guerra de Vietnam, decenas de miles de jóvenes estadunidenses se rehusaron a pelear por algo en lo que no creen. La autora narra cómo la solidaridad de gente desde Canadá hasta Australia hizo posible la huida de estos objetores de conciencia 
 
CAMILO MEJIA se enlistó en el ejército estadunidense por las mismas razones que muchos jóvenes latinoamericanos: unos cuantos dólares, seguridad social y una beca universitaria. Fue enviado a Irak. Tras un año, regresó a casa con un permiso de dos semanas. Al término de éste, desertó. Explicó que sus superiores le ordenaban torturar prisioneros simulando fusilamientos; incluso dijo que fue testigo de cómo los estadunidense le cortaron la cabeza a un cautivo iraquí con una ráfaga de metralla. En junio de 2004, el hijo del renombrado compositor de la revolución nicaragüense, Carlos Mejía Godoy, fue reconocido por Amnistía Internacional como preso de conciencia. Tras un rápido juicio fue declarado culpable y condenado a un año de prisión militar.

Dos semanas después de que Mejía se entregara a sus superiores (16/03/04), dos soldados estadunidenses se declararon objetores de conciencia: Jeremy Hinzman y Stephen Funk. Como castigo fueron enviados a Afganistán y constantemente hostigados. Funk además pasó medio año en la cárcel.

Poco después, Brandon Hughey, de 18 años, también desertó. Los tres solicitaron asilo político en Canadá, como lo hicieron decenas de miles de soldados estadunidenses que huían de la guerra en Vietnam. 

Cuando comenzaron las pasadas incursiones militares en Afganistán e Irak, los grupos pacifistas fueron vistos como traidores y cobardes, e incluso fueron infiltrados por los servicios de inteligencia.

Los grupos pacifistas se comunican y coordinan en una red que cubre todo el territorio norteamericano. Durante la guerra de Vietnam ellos y la izquierda extraparlamentaria de Estados Unidos, Canadá, Japón y Europa occidental facilitaron la huida de los soldados que rehusaban ir a Vietnam o desertaban. 

Jutta Klass, profesora y pedagoga alemana, en Hamburgo, rememora para Masiosare: "Yo era muy chamaca cuando repartía volantes a los soldados estadunidenses estacionados en Heidelberg, donde había varias bases militares. Sabíamos a qué bares iban los soldados. Ahí les repartíamos discretamente información en inglés sobre las 

-
Mejía. Condenado a un año
de prisión militar
Fotografía: AFP

Funk. Objetor de conciencia
enviado de castigo a Afganistán
Fotografía tomada de
www.commondreams.org 
posibilidades de obtener asilo político en Suecia. Les dábamos un número de teléfono al que podían llamar; después se hacían citas y encuentros muy discretos. Teníamos que cuidarnos y estar preparados en caso de que algún policía militar se hiciera pasar por desertor para atraparnos. Por esta razón, cada participante de la red tenía un trabajo muy limitado y no conocía a los demás compañeros ni sabía lo que hacían. Era una cadena donde cada eslabón tenía una cierta independencia, de tal forma que un eslabón no implicara al resto de la cadena. La idea era ayudar a los desertores a cruzar Alemania y Dinamarca para que llegaran a Suecia, donde el gobierno de Olof Palme se había declarado en contra de la guerra de Vietnam y donde los desertores recibían asilo político."

En Dinamarca mucha gente ayudó a los desertores; les daban "aventón" en botes y barcos de pesca. Lo importante era llegar a Copenhague, punto neurálgico en la ruta de escape llamada El Tren Subterráneo. No era fácil. Muchos estadunidenses se perdieron. La pasaron muy mal, pues vagaron hambrientos y muertos de frío por los bosques nevados. Algunos cayeron en manos de la policía alemana o de los aduaneros daneses. 

El caso de Ted Price es de novela. El soldado acababa de recibir su orden de envío a Vietnam. Desde su unidad, acuartelada cerca de Karlsruhe, en el sur de Alemania occidental, se dirigió al norte, pero se perdió y se le acabó el dinero. Siguió su trayecto a pie y después de tres días de marcha y de forzado ayuno llegó a Dinamarca, a Grostein, donde buscó una taberna para guarecerse, allí alguien le invitó algo de comer y le preguntó adónde iba. El inocente dijo: "A Suecia y no a Vietnam". No sabía que estaba hablando con el jefe de la policía, que ahí mismo lo arrestó y luego lo llevó a la frontera donde lo entregó a la policía alemana. 

Price fue llevado a una corte marcial, acusado de deserción, lo que significaba varios años de prisión, pero para su buena suerte las penitenciarías estadunidenses en 1968 ya estaban abarrotadas de desertores. Gracias a esto, sólo se le condenó a cinco meses en una cárcel militar en Manheim, Alemania. Al término de su condena, en abril de 1969, el ejército estadunidense le hizo a Price una generosa oferta para rehabilitarse: ir a Vietnam. 

El caso de Ted Price fue publicado por un importante diario danés, el Politiken. Los reporteros entrevistaron al jefe de la policía de Grostein, el capitán Moeller (el que detuvo y deportó a Price), quien afirmó orgulloso: "Desde luego que lo entregamos a los alemanes, eso lo hacemos siempre". 

Aquello fue un escándalo porque el gobierno danés se había declarado abiertamente en contra de la guerra de Vietnam. La bronca se generalizó a tal grado que la coalición en el gobierno se tambaleó. El gran orgullo de Dinamarca durante la Segunda Guerra Mundial fue haberse negado a entregar los judíos a los nazis. Y no sólo eso, los escondieron, los salvaron llevándolos clandestinamente a Suecia. El caso de Ted Price era una vergüenza. Finalmente, el gobierno se mantuvo y oficialmente se le dio paso y apoyo a los desertores. Como disculpa e indemnización a Price, el gobierno le ofreció la ciudadanía danesa, gesto que enfureció a la embajada estadunidense. Ted y otro soldado nuevamente huyeron de las filas y se quedaron a vivir en Dinamarca. 

La otras rutas

En la Universidad de Berkeley había un grupo que organizaba el escape a Canadá. Los que estaban en Europa huían a Suecia y los estacionados en Asia a Australia (vía Japón). Algunos se quedaron en Francia, otros en Holanda, Dinamarca o Suiza. 

La abuela de las organizaciones pacifistas es la Internacional de Resistencia a la Guerra (IRG), fundada en 1921, una de las primeras instancias internacionales en dar todo tipo de apoyo, sobre todo legal, a los objetores de conciencia y a los desertores. Tiene un boletín informativo llamado El fusil roto y ahí encontramos La Ruta Asiática del Tren Subterráneo: "La vía del Pacífico iba de Saigón a Sydney, Hong Kong, Okinawa, Japón, y las Filipinas... Pasar las fronteras en Europa era un juego de niños comparado con las dificultades para abandonar Japón. Lo más complicado para los soldados estadunidenses era abandonar el ejército en Vietnam. Miles lo intentaron, pero si no formaban parte de la minoría dispuesta a pedir ayuda al Frente de Liberación Nacional vietnamita, era un juego muy arriesgado que a menudo implicaba sumergirse en el submundo de Saigón, donde había un constante peligro de ser detenido en una razia de la policía militar estadunidense o sudvietnamita. No obstante, con ayuda de pases de vacaciones verdaderos o falsos, algunos llegaron a Australia. Gracias al sindicato de la construcción australiano, dirigido por Jack Mundey, los soldados estadunidenses recibieron pases sindicales, lo que les garantizaba el acceso a trabajo en las obras y les daba la posibilidad de conseguir un permiso de residencia. Muchos tomaron nuevas identidades y empezaron una vida nueva en Oceanía. Para 1970 el número de desertores en todas las ramas del ejército estadunidense creció hasta alcanzar los 98 mil". 

 
MUNDO