La
semana pasada Kirchner emitió muy fuertes señales en contra
la impunidad de los tiempos del terror e incluso al recibir un informe
sobre la situación de los derechos humanos en el país elaborado
por el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS) reconoció que
aún hay asignaturas pendientes.
Hay en la actual
administración dos tiempos bastante definidos. Por un largo período
la policía fue advertida que no debía intervenir para disuadir
ninguna manifestación ni cortes de calles.
Pero a mediados
de julio cuando ocurrieron violentos disturbios frente a la Legislatura
porteña, la mano cambio. La presencia policial es ostensible y cortar
rutas o calles, tomar un ministerio, ocupar un local comercial, participar
de un cacerolazo en el hall de un banco o liberar las barreras de los peajes
son actos que actualmente en general no son tolerados por las autoridades.
Colofón: por la protesta social hay 24 detenidos.
Lo de la Legislatura
derivó en la dimisión del ministro de Justicia Gustavo Beliz
y hubo detenidos: 15 de ellos aún permanecen arrestados
Se dispuso
entonces sacar de la órbita de Justicia el control de las calles
y puso al frente al ministro del Interior, Aníbal Fernández,
que instrumentó operativos preventivos de saturación policial.
Desde agosto,
las protestas son vigiladas por una mayor cantidad de policías y
se impuso como objetivo impedir el corte total de los puentes de acceso
a la Capital.
Un momento
bisagra
Otra bisagra
en este proceso ocurrió el 31 de agosto, en una manifestación
contra el FMI del grupo Quebracho, en la Plaza de Mayo, que terminó
con represión y 108 detenidos. Los últimos fueron liberados
el 1° pasado.
Un caso testigo
ha sido el referente del Movimiento de Jubilados y Desocupados, Raúl
Castells, que fue apresado el 25 de agosto por haber tomado un casino en
el Chaco. Allí permaneció detenido durante 57 días.
Ahora ha regresado
al escenario porteño: ayer encabezó nuevas peregrinaciones
por el centro de la ciudad demandando comida para los necesitados, particularmente
por las fiestas. Días pasados ocupó, el dice que solo estuvo
en el local, la casa de comidas rápidas Mc Donald's. Dijo que recibió
promesas de que le donarían 50 mil viandas para las Navidades, pero
el gerente de la firma norteamericana denunció a Castells ante la
justicia.
El dato de
que son 24 los detenidos se completa con seis arrestados luego de la toma
de una terminal marítima y por un piquete frente al Municipio de
Caleta Olivia, en Santa Cruz, y con otros tres manifestantes detenidos
en La Matanza, La Plata y San Luis.
Así
lo dice la Coordinadora contra la Represión Policial e Institucional
(Correpi).
7.000 bajo
la mira judicial
En todo el
país hay más de 5000 personas procesadas por presuntas violaciones
a la ley durante algún tipo de protesta social. Pese a que de esos
procesados sólo 24 están detenidos en la actualidad, el resto
puede enfrentar una condena en el futuro y hasta terminar en la cárcel.
Si se sumaran
todas las personas con causas abiertas, ese número treparía
a siete mil. No son sólo piqueteros o militantes de grupos de izquierda.
La estimación contempla también a ahorristas, jubilados,
comerciantes, productores agropecuarios, dirigentes gremiales, integrantes
de comunidades indígenas, muchos de ellos, sin militancia política.
¿Los
delitos?: desde entorpecimiento del servicio del transporte y uso indebido
de pirotecnia en la vía pública hasta otros más graves
como usurpación, privación ilegítima de la libertad,
coacción agravada y extorsión.
La cifra de
procesados es estimativa, pero la Central de los Trabajadores Argentinos
(CTA), la Correpi y la Asociación de Profesionales en Lucha (APL)
y diputados nacionales coinciden la aproximación.
El reclamo
de desprocesamiento de esas 5.000 personas es una bandera común
de las agrupaciones piqueteras y de izquierda. El debate se mantiene vivo
en el Parlamento desde hace más de un año. En noviembre de
2003, diputados kirchneristas presentaron un proyecto de amnistía
para procesados por participar en manifestaciones. Pero cuando hay que
tratar el asunto, no hay quórum.
¿Criminalizan
la protesta?
"Es mentira
que no se criminaliza la protesta social. Hay miles de procesos judiciales
que están muy avanzados", dijo Patricia Walsh de la Izquierda Unida,
autora de otro proyecto junto con el socialista Ariel Basteiro.
En algunos
organismos de derechos humanos coinciden con Walsh. "La figura del preso
político en un gobierno democrático se inauguró con
Kirchner. Hasta ahora ninguno tuvo una política de represión
tan directa", afirmó Nora Petrillo, abogada de APL, que defiende
a cinco de los detenidos en la Legislatura.
La afirmación,
en sectores sociales con pasado combativo, no es aceptada. De todas maneras,
el asunto crece y para las Navidades será una consigna del espacio
piquetero.
Las marchas
de este sector hay caído en masividad. De todas maneras la gran
cantidad de procesados parece no influir en la evolución de los
conflictos callejeros. En noviembre pasado se registraron 593 protestas
sociales, un 38% más que en el mes anterior.