Antonio Mora Vélez - rodelu.net
15 de diciembre de 2004
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Colombia

Una situación preocupante

Antonio Mora Vélez
La bancada uribista de la comisión primera hundió con su ausencia el proyecto de estatuto de la oposición, cuyo texto debió aprobarse, siguiendo las directrices del acto legislativo que aprobó la re-elección presidencial. Y debió aprobarse, además, por una razón de lógica. Si la Constitución no consagraba la re-elección del presidente, la variación de esta norma obligaba a hacer algunas precisiones a las generalidades del artículo 112 (Del Estatuto de la Oposición) en concordancia con la nueva situación política no contemplada en la Carta Magna del 91. Los congresistas uribistas con esta salida en falso no solo le faltaron el respeto al país sino que también se pasaron por la faja la Constitución que ordena, en el artículo citado, la elaboración de la "ley estatutaria que regulará íntegramente la materia". 

La anterior situación política es preocupante. Y lo es porque si la propuesta de re-elección del primer mandatario ya es una evidencia del abandono de principios liberales en esa materia defendidos por estadistas y demócratas como Alberto Lleras Camargo en un célebre ensayo sobre el tema; el hundimiento del estatuto de la oposición, debido a una maniobra de los parlamentarios uribistas, es más grave, e induce necesariamente a pensar que se pretende limitar los derechos de la oposición para evitar la posibilidad de un triunfo de su candidato en los comicios presidenciales. Y que los sectores sociales y políticos agrupados en torno al presidente Uribe sueñan con volver a los tiempos de las arbitrariedades en contra de los contradictores del gobierno, que convirtieron al padre Camilo Torres y a tantos jóvenes valiosos del MRL, del Frente Unido y del movimiento universitario de los años sesentas, en guerrilleros.
 

Frente a esta perspectiva autoritaria, el país tiene que mirar hacia la democracia política y social representada por la Dirección Nacional Liberal, el Polo Democrático, Alternativa Democrática y demás alianzas y movimientos regionales que han logrado elegir candidatos como Luis Eduardo Garzón en Bogotá, Sergio Fajardo en Medellín y Angelino Garzón en el Valle del Cauca. A su vez, estos grupos y partidos deben ser consecuentes con la situación política y pensar que no hay otro modo de impedir el desmonte total del Estado Social de Derecho en nuestro país que la unidad de toda la oposición sobre la base de un programa que no peque por el exceso de pretender alcanzar metas estratégicas de un solo golpe; ni por defecto, que solo quiera cambiar pequeñas cosas para que todo siga igual.

Frente al fracaso del neoliberalismo y el agotamiento de la violencia revolucionaria que ya nada tiene que ofrecer puesto que su meta, el comunismo, también fracasó, toca pensar en nuevas salidas democráticas como en Chile, en Brasil y en Uruguay, con alianzas de izquierda democrática que tienen, según "Tiempos del mundo" --semanario norteamericano--, "opciones hacia el futuro". Porque se trata, dice el analista del citado órgano, de una izquierda que no se propone eliminar el capital sino hacerlo co-responsable de la tarea de sacar a estos pueblos del atraso y de la pobreza, una izquierda que se preocupa por fortalecer el mercado interno, que genera empleo, defiende el salario de los trabajadores y respeta los principios del Estado Social de Derecho. Y que en lugar de restringir la democracia, la amplía para que la población la sienta suya y la defienda. 

En ese orden de ideas pienso que la candidatura del Senador y eminente jurista Carlos Gaviria, propuesta por Alternativa Democrática y vista con buenos ojos por el Polo Democrático y por Piedad Córdoba, es un buen punto de partida porque establece unos parámetros a tener en cuenta a la hora de la escogencia del candidato definitivo de la Oposición que habrá de enfrentar al candidato Presidente. En efecto, el candidato de esa Oposición Democrática --la izquierda más otros sectores anti-reeleccionistas-- deberá ser una persona con prestigio intelectual, con talla de estadista y sin un pasado político que asuste (un pasado guerrillero, por ejemplo) o que induzca a pensar que con él seguirán campantes el neoliberalismo y el país politiquero que Uribe no ha sido capaz de doblegar.

13 de diciembre de 2004

Antonio Mora Vélez
Escritor colombiano
antonio_moravelez@yahoo.com.ar

 
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