| Coletillas al Margen
El Neoliberalismo
juega
los descuentos en América Latina
Carlos
Angulo Rivas
El paquete
neoliberal exportado por Washington a América Latina, no es el huerto
paradisíaco de las libertades públicas, el libre mercado,
la democracia, el crecimiento y el desarrollo, como dicen los analistas
ventrílocuos del imperio. Y, felizmente, este modelo viene sufriendo
la gran derrota que le depara la historia. Los pueblos han tomado cada
vez mayor conciencia del significado real de esta política expoliadora,
cimentada en la elección de una elite corrupta, degenerada y antinacional,
constituida en la “clase política” de cada país. Los partidos
políticos tradicionales, auspiciadotes del neoliberalismo por mandato
supremo de los intereses imperialistas, han perdido legitimidad y apoyo
popular, hasta el límite de convertirse en una mafia de negociadores
del poder político circunstancial que proporciona el dominio y control
del aparato del Estado y sus instituciones. Para este objetivo se valen
de leyes especiales y del apoyo de los medios de comunicación en
manos de empresarios enriquecidos por los favores, los sobornos y la degradación
periodística.
Y si es verdad que los economistas
ortodoxos neoliberales dominan el discurso de las inversiones, el comercio
y las finanzas, sus excesos de optimismo han tropezado con la esencia de
la prédica, sobre todo por confiar ciegamente en la infalibilidad
del mercado, convirtiéndose sus predicciones en verdaderos mitos
que anticipan el fracaso total en un período determinado. En realidad
el modelo neoliberal no funciona y menos en economías débiles
como las nuestras, donde la globalización con la privatización
de las industrias básicas y la apertura de mercados nos regresa
a la era de los modelos primario exportadores de materias primas. El aliento
a las inversiones de grandes capitales extranjeros en los servicios y la
industria básica desalienta la inversión nacional donde los
empresarios menores son los sacrificados y los otros (medianos y mayores)
se convierten en meros especuladores financieros donde reina la corrupción.
En este esquema artificialmente fabricado
por el neoliberalismo se promociona la exportación, cuando todavía
no se ha desarrollado un sólido mercado interno, base de cualquier
desarrollo industrial autónomo. A este inconveniente los economistas
neoliberales responden con la crítica al tamaño del mercado
nacional y su mínimo volumen de absorción, en consecuencia
dicen nace la necesidad de exportar; de allí también la fatalidad
(ineludible) de rebajar los salarios reales y de anular las conquistas
gremiales en el mercado laboral para, según agregan, ser competitivos
en el mercado externo. De esta manera hemos caído en el círculo
vicioso de la falta de inversión de los empresarios nacionales quienes,
dedicados a la especulación, no se interesan por la transformación
industrial; y obviamente si no hay creación de industria nacional
no puede haber aumento del empleo ni de ingresos dirigidos a los sectores
populares. La quiebra total del país, en el caso argentino, luego
de los diez años de neoliberalismo a ultranza aplicado por Carlos
Menem, es el ejemplo más claro del fracaso absoluto del modelo impuesto
por la Casa Blanca, ya que en esa nación dominó el libre
comercio, la especulación, la corrupción y la falta de planificación
en virtud de que todos los problemas serían resueltos por la empresa
privada y las leyes del mercado.
El viraje no es tan fácil
La voluntad ciudadana en todos los
países latinoamericanos está dada, pero un viraje radical
para liberarnos de las ataduras del fracasado neoliberalismo no es tan
fácil. Anunciar su muerte resulta prematuro, en tanto y en cuanto
los gobiernos auspiciados por la globalización fomentada por Washington
se mantienen a la fuerza, sin soporte popular, haciendo uso de una legalidad
electoral confundida con la democracia real de la participación
ciudadana. Pero las cosas vienen cambiando en dos nítidas corrientes,
la de los liderazgos de izquierda con acceso al poder y la de las insurrecciones
populares masivas como las ocurridas en Ecuador, Perú, Argentina
y Bolivia. Los resultados de estas dos corrientes ciudadanas no son negativos,
Ecuador, Perú y Bolivia siguen convulsionados en su lucha contra
el neoliberalismo; Argentina, Brasil, Venezuela y ahora Uruguay se proyectan
hacia la ruptura con los esquemas de los partidos políticos tradicionales,
obedientes gendarmes de la política de la Casa Blanca.
En el contexto político del
conjunto de América Latina, el neoliberalismo está siendo
sujetado, contrarrestado, porque en la conciencia de los pueblos existe
no el prejuicio sino la realidad de enfrentar esa política de globalización
que los perjudica enormemente, pues está bien diseñada para
el enriquecimiento de las corporaciones multinacionales y la expansión
imperial de los países industrializados, pero en perjuicio de los
pobres y del medio ambiente. El desenlace de las falsificaciones de la
“libertad” la “democracia” y el “libre mercado” como los pilares neoliberalismo
y del futuro, donde la intervención del Estado debe ser nula o mínima,
choca con la existencia de la pobreza, la falta de salud, educación
y trabajo. Ausencia de bienestar social que hostiliza a la política
cotidiana de los gobiernos; y a esa falta de control sobre los pueblos,
Norteamérica llama ingobernabilidad y a toda tendencia contraria
a sus planes expansionistas “populismo”. Sin embargo, la verdad es otra.
La situación de postración
y pobreza de los pueblos latinoamericanos requiere de la protección
del Estado. Las razones históricas de esa necesaria protección
es ineludible y no debe confundirse con el “populismo” vernáculo
de los líderes tradicionales comprando votos con la mínima
inversión de la “caridad política” con dineros del Estado.
Los casos de Carlos Menem y Alberto Fujimori, dos impulsores del neoliberalismo
en medio de la corrupción generalizada, son los ejemplos más
paradigmáticos del “populismo” granjero de las canonjías
y prebendas de las pequeñas obras pueblerinas, los regalos y las
gotas de leche. Esto demuestra que en la mayoría de eventualidades
los presidentes latinoamericanos no pueden eludir la responsabilidad de
asumir por interés político, una minúscula parte de
las necesidades primarias de los pueblos. La demagogia de los “regalos”
es parte de la cultura de la “clase política” a ser destituida y
además sostén de los gobiernos en la región entre
la gente ignorante.
Populismo de Hugo Chávez
Como puede observarse de un tiempo
a esta parte, el presidente venezolano es una piedra en el zapato para
George W. Bush y sus planes expansionistas y unilaterales en Latinoamérica.
Acusado de dictador, déspota, tirano, golpista, autoritario, fascista,
manipulador y otros epítetos por el estilo, el líder de la
revolución bolivariana es, sin embargo, el más demócrata
entre los demócratas. Y lo podemos afirmar porque él es el
único presidente latinoamericano que practica la consulta popular
permanente como un medio de avanzar en el proceso de destitución
de esa lacra de partidos tradicionales corruptos que impidieron siempre
el avance hacia la verdadera libertad del pueblo y la democracia como sistema
de igualdad de derechos y equidad. Hugo Chávez es el promotor de
grandes cambios en su país y en la región. La resolución
de luchar, por otros medios, contra el neoliberalismo y la dependencia
absoluta, lo coloca en la antesala de acontecimientos notables como los
de haber elegido el sendero de los votos contra viento y marea, pese a
los ataques de la prensa y la televisión nacionales e internacionales.
Y en ese andar atípico y revolucionario
ha ganado la confianza de las masas. Pues el comandante “golpista” sufrió
un golpe de Estado promovido por la Casa Blanca, la OEA y la reacción
internacional; una huelga general indefinida de seis semanas planteada
como un boicot a la producción petrolera; sin embargo, confiando
en su quehacer gubernamental y en su pueblo, ha ganado en las ocho ocasiones
que lo pusieron a prueba como líder y como impulsor de las reformas.
Desde la elecciones presidenciales de 1998 que ganó con el 63% de
los votos y el apoyo a la convocatoria a una Asamblea Constituyente donde
obtuvo el 88% pasando por el referendo de aprobación de la constitución
72% hasta ganar el referendo revocatorio con 59 % de los votos, su figura
ha crecido internacionalmente, todo ello a pesar de la despiadada y feroz
campaña de desprestigio financiada por oscuros intereses imperialistas.
En el largo periplo de estos sucesos la voluntad de la mayoría ciudadana
ha prevalecido, tanto que en las elecciones de octubre último, los
candidatos a gobernador de Hugo Chávez vencieron en veinte de los
veintitrés estados del país.
Chávez tiene en su favor además,
la tolerancia hacia una oposición embustera, cínica y criminal
que maneja a los medios de comunicación con el descaro propio de
una “clase política” derrotada, pero superviviente debido a su poder
económico. Consta que el llamado “dictador” no ha cerrado ni un
solo medio de comunicación ni ha enjaulado a sus opositores políticos,
pese a sus premeditados y desmedidos excesos. Entonces ¿a qué
se debe el éxito de Hugo Chávez en medio de la tormenta,
en medio de las aguas agitadas por los poderosos políticos, militares,
jueces, empresarios, magistrados y eclesiásticos, todos ellos inmorales
y corruptos integrantes de la “clase política” expulsada del poder?
La respuesta es meridiana si analizamos la apuesta nacionalista del presidente
venezolano, líder de la revolución bolivariana, aunque Simón
Bolivar no tenga mucho que ver con esto.
En realidad lo de bolivariana es
sólo un nombre para la unidad nacional de los venezolanos y para
la posibilidad de una integración latinoamericana, cuya línea
de partida se ha dado con la Comunidad Sudamericana de Naciones, en la
reunión de presidentes de la semana pasada en el Cusco, Perú.
Pero, la respuesta fundamental la pregunta sobre el éxito de Hugo
Chávez está en el programa de gobierno que privilegia la
inversión del Estado en los pobres, mejorando la sanidad y la salud,
la educación con mejores sueldos a los maestros y la construcción
de escuelas con la alimentación a los niños, desayuno, almuerzo
y comida; la reforma agraria con la ley de tierras que castiga la improductividad
con multas primero y la expropiación después a los terratenientes
en caso de continuar abandonadas; las obras de infraestructura vial y la
organización de brigadas de trabajo. En este sentido, el esfuerzo
desplegado con la ayuda de los médicos cubanos y los promotores
sociales constituye la inversión principal del país calificada
por los enemigos del proceso como populista; ¿y que tiene
de malo el populismo verdadero diametralmente opuesto al “populismo” de
los “regalos” a cambio de votos? Los países de América Latina
tienen la obligación de invertir en su gente hasta convertirla en
el recurso humano indispensable para el progreso, el desarrollo, la independencia
y la soberanía. Los recursos humanos de un país son, tanto
o más importantes que los ambicionados recursos naturales de la
minería, el petróleo, la pesca, la agricultura y los bosques;
inclusive que los recursos financieros, comerciales, económicos
y del capital.
30 de Noviembre de 2004
Enviado por Cecilia
Tello |