Antonio Mora Vélez - rodelu.net
21 de diciembre de 2004
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Acerca de la libertad
Antonio Mora Vélez
El hombre es un ser único, irrepetible, ha dicho Robert Nozick. No hay ni habrá dos seres humanos exactamente iguales, ni los gemelos ni los futuros clones. Y la razón es que el hombre no es solamente músculo, tejido óseo, nervadura y agua, es también pensamiento, que no surge del cerebro como la bilis del hígado sino que es el producto de una relación con el medio (social y natural), una función o como dijera Descartes, el acomodamiento del "cuerpo pensante" a la "forma" –que no es solo la geométrica-- de los demás cuerpos, para orientarse en el mundo que comparten. Tal aserto le permite a Spinoza decir que entre más activo sea el "cuerpo pensante" más llegará al conocimiento de ese mundo y de la naturaleza de sus relaciones con los otros. 

Allí, en ese referente filosófico, está la base de la libertad humana. Porque es obvio que no todos tenemos la misma relación con los demás hombres o con las instituciones, ni el mismo nivel de actividad social y cultural. Entre mayor sea la información que manejemos y diferente la posición que tengamos en la estructura social, así será la perspectiva de nuestro criterio y el alcance de nuestra crítica. Cada hombre ve el mundo de una manera diferente, tiene frente a él reflexiones y propuestas diferentes. El gran error de los totalitarismos, tanto del fascista como del estalinista, ha sido pretender uniformar el pensamiento y poner a todo el mundo a decir las cosas que desean el partido o el líder.

La libertad de pensamiento, aparte de ser una norma constitucional en Occidente, es de la esencia misma de la personalidad humana. Y no existe porque la norma la consagre; es todo lo contrario, la norma la reconoce porque ella existe desde que el hombre es hombre, porque es parte esencial de su personalidad, porque el ser humano no podría ser ni existir sin ella. Como lo dice uno de los personajes de mi novela "A la hora de las golondrinas", "el hombre sin libertad es como un pájaro sin alas". Y yerra y peca quien pretenda quitarle las alas al pensamiento. Tarde o temprano la verdad se abrirá paso y terminarán los carceleros de la libertad en la "picota pública", censurados por la conciencia ciudadana, que es más importante que la interesada del partido o grupo social o la mezquina y egoísta del líder.

Y que no se diga que la libertad de pensamiento es una cosa y la de expresión es otra, porque se trata de una falacia que convierte en inocua la primera en detrimento de la democracia, y porque la hace depender del dinero, de la posibilidad de tener los medios informativos, para hacerla posible, que es tanto como decir que la anula. Si los pensadores de un país no pueden expresar libremente sus ideas en los medios, la libertad es un mito y una farsa la democracia. Por fortuna ha sido una tradición del periodismo colombiano, con pocas excepciones, la diversidad de opiniones de sus columnistas, muchas de ellas abiertamente contrarias a las de los editores propietarios.

21 de diciembre de 2004

Antonio Mora Vélez
Escritor colombiano
antonio_moravelez@yahoo.com.ar

 
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