Acerca
de la libertad
Antonio
Mora Vélez
El hombre es un ser único, irrepetible,
ha dicho Robert Nozick. No hay ni habrá dos seres humanos exactamente
iguales, ni los gemelos ni los futuros clones. Y la razón es que
el hombre no es solamente músculo, tejido óseo, nervadura
y agua, es también pensamiento, que no surge del cerebro como la
bilis del hígado sino que es el producto de una relación
con el medio (social y natural), una función o como dijera Descartes,
el acomodamiento del "cuerpo pensante" a la "forma" –que no es solo la
geométrica-- de los demás cuerpos, para orientarse en el
mundo que comparten. Tal aserto le permite a Spinoza decir que entre más
activo sea el "cuerpo pensante" más llegará al conocimiento
de ese mundo y de la naturaleza de sus relaciones con los otros.
Allí, en ese referente filosófico,
está la base de la libertad humana. Porque es obvio que no todos
tenemos la misma relación con los demás hombres o con las
instituciones, ni el mismo nivel de actividad social y cultural. Entre
mayor sea la información que manejemos y diferente la posición
que tengamos en la estructura social, así será la perspectiva
de nuestro criterio y el alcance de nuestra crítica. Cada hombre
ve el mundo de una manera diferente, tiene frente a él reflexiones
y propuestas diferentes. El gran error de los totalitarismos, tanto del
fascista como del estalinista, ha sido pretender uniformar el pensamiento
y poner a todo el mundo a decir las cosas que desean el partido o el líder.
La libertad de pensamiento, aparte
de ser una norma constitucional en Occidente, es de la esencia misma de
la personalidad humana. Y no existe porque la norma la consagre; es todo
lo contrario, la norma la reconoce porque ella existe desde que el hombre
es hombre, porque es parte esencial de su personalidad, porque el ser humano
no podría ser ni existir sin ella. Como lo dice uno de los personajes
de mi novela "A la hora de las golondrinas", "el hombre sin libertad es
como un pájaro sin alas". Y yerra y peca quien pretenda quitarle
las alas al pensamiento. Tarde o temprano la verdad se abrirá paso
y terminarán los carceleros de la libertad en la "picota pública",
censurados por la conciencia ciudadana, que es más importante que
la interesada del partido o grupo social o la mezquina y egoísta
del líder.
Y que no se diga que la libertad
de pensamiento es una cosa y la de expresión es otra, porque se
trata de una falacia que convierte en inocua la primera en detrimento de
la democracia, y porque la hace depender del dinero, de la posibilidad
de tener los medios informativos, para hacerla posible, que es tanto como
decir que la anula. Si los pensadores de un país no pueden expresar
libremente sus ideas en los medios, la libertad es un mito y una farsa
la democracia. Por fortuna ha sido una tradición del periodismo
colombiano, con pocas excepciones, la diversidad de opiniones de sus columnistas,
muchas de ellas abiertamente contrarias a las de los editores propietarios.
21 de diciembre de 2004
Antonio
Mora Vélez
Escritor colombiano
antonio_moravelez@yahoo.com.ar
|