Ernest
Hemingway: El viejo y el mar
José
Luis Hereyra Collante
Ernest Hemingway
nació el 21 de Julio de 1899 en Oak Park, un suburbio de Chicago,
Illinois. Fue uno de seis hermanos. Su padre, el Dr, Clarence Edmonds Hemingway
fue un miembro ferviente de la la Iglesia Primera Congregación,
pero la fe como que no le alcanzó para salvarse del suicidio. Su
madre, Grace Hall, cantaba en el coro de la iglesia. Hemingway publicó
su primer trabajo literario a los diecisiete años. Murió
a la edad de 61 años: se voló la cabeza metiéndose
el cañón de su fusil de cazar elefantes en Africa en la boca
y su viuda, Mary, tuvo que recoger los restos de los sesos, esparcidos
por todas las paredes de la habitación de la casa de su rancho de
Idaho.
En su obra maestra El viejo y
el mar, Santiago, un Viejo pescador, lleva ochenta y cuatro días
sin capturar un pez. Durante los primeros cuarenta días, un muchacho
llamado Manolín había pescado con él, pero sus padres
—quienes dicen que Santiago está salao, término usado
en español en la novela, y al cual definen ellos mismos como “la
peor forma de la mala suerte” — lo obligan a abandonarlo para trabajar
en un barco moderno y próspero. El viejo está arrugado y
estragado por el tiempo, e intimidado por la adversidad y por carecer de
aparejos adecuados, pero sus ojos, del color del mar, permanecen “alegres
e invencibles”.
Las primeras páginas del libro
establecen el carácter de Santiago y ponen en evidencia la acción
que sobrevendrá. Aunque el viejo ama a Manolín, y es amado
profundamente por el muchacho, vive como un paria. El hecho de que los
demás pescadores lo saludan con sorna y se burlan de sus infructuosos
viajes marinos, muestran a Santiago como una figura alienada, habitante
del más irremisible ostracismo. Tal posición de enajenación
es característica de los héroes de Hemingway, cuyos más
grandes logros dependen y son resultado, en gran parte, de su aislamiento,
de su soledad. En la obra hemingwayana, se cumple el fatum de que
una vez que un hombre ha sido desterrado de los nebulosos y falsos confines
de la sociedad moderna es cuando puede confrontar, enfrentarse a las verdades
universales mayores que gobiernan su vida. Así las cosas, aunque
el mensaje de El viejo y el mar es trágico en muchos aspectos,
la historia de Santiago y la destrucción del sueño de su
vida de capturar a El Gran Pez está lejos de ser sombrío.
Santiago no es derrotado por su propio sueño. El narrador enfatiza
en la perseverancia de Santiago desde las páginas iniciales, mencionando
que los ojos del Viejo estaban todavía “alegres e invencibles”,
aún después de estar soportando ya cerca de tres meses sin
pescar nada. Y, aunque la lucha de Santiago lo estrellará y hundirá
en la derrota —el gran marlín será devorado por los tiburones—,
Santiago emergerá como un vencedor. De esta manera, le dice al muchacho
que para que esto suceda deberá aventurarse bien lejos mar abierto,
más allá de lo que otros pescadores estarían dispuestos
a afrontar. Esto es característico de la narrativa de Hemingway:
Santiago es elevado por encima de la estatura normal de un protagonista,
alcanzando proporciones míticas, hasta llegar a pertenecer a una
tradición de héroes literarios cuyas cualidades superiores
guardan una distancia de los esfuerzos normales y los humanos ordinarios.
Al expresar Manolín constantemente su devoción, reverencia
y confianza en Santiago, establece a su mentor como una figura de estatura
profesional y significación moral por encima de las dificultades
de los últimos ochenta y cuatro días. Mientras otros jóvenes
pescadores hacen mofa de Santiago, Manolín conoce la verdadera valía
de Santiago y la profundidad de su conocimiento. Así, Hemingway
entrega al lector un modelo moral de vivir, bondadoso y sencillo. Santiago
trasciende la maldad del mundo —el hambre, la pobreza, el desdén
de sus conocidos— al resistir y perdurar frente a todos.
21 de diciembre de 2004