José Luis Hereyra Collante - rodelu.net
21 de diciembre de 2004
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Ernest Hemingway: El viejo y el mar
José Luis Hereyra Collante
Ernest Hemingway nació el 21 de Julio de 1899 en Oak Park, un suburbio de Chicago, Illinois. Fue uno de seis hermanos. Su padre, el Dr, Clarence Edmonds Hemingway fue un miembro ferviente de la la Iglesia Primera Congregación, pero la fe como que no le alcanzó para salvarse del suicidio. Su madre, Grace Hall, cantaba en el coro de la iglesia.  Hemingway publicó su primer trabajo literario a los diecisiete años. Murió a la edad de 61 años: se voló la cabeza metiéndose el cañón de su fusil de cazar elefantes en Africa en la boca y su viuda, Mary, tuvo que recoger los restos de los sesos, esparcidos por todas las paredes de la habitación de la casa de su rancho de Idaho. 

En su obra maestra El viejo y el mar, Santiago, un Viejo pescador, lleva ochenta y cuatro días sin capturar un pez. Durante los primeros cuarenta días, un muchacho llamado Manolín había pescado con él, pero sus padres —quienes dicen  que Santiago está salao, término usado en español en la novela, y al cual definen ellos mismos como “la peor forma de la mala suerte” —  lo obligan a abandonarlo para trabajar en un barco moderno y próspero. El viejo está arrugado y estragado por el tiempo, e intimidado por la adversidad y por carecer de aparejos adecuados, pero sus ojos, del color del mar, permanecen “alegres e invencibles”.

Las primeras páginas del libro establecen el carácter de Santiago y ponen en evidencia la acción que sobrevendrá. Aunque el viejo ama a Manolín, y es amado profundamente por el muchacho, vive como un paria. El hecho de que los demás pescadores lo saludan con sorna y se burlan de sus infructuosos viajes marinos, muestran a Santiago como una figura alienada, habitante del más irremisible ostracismo. Tal posición de enajenación es característica de los héroes de Hemingway, cuyos más grandes logros dependen y son resultado, en gran parte, de su aislamiento, de su soledad. En la obra hemingwayana, se cumple el fatum de que una vez que un hombre ha sido desterrado de los nebulosos y falsos confines de la sociedad moderna es cuando puede confrontar, enfrentarse a las verdades universales mayores que gobiernan su vida. Así las cosas, aunque el mensaje de El viejo y el mar es trágico en muchos aspectos, la historia de Santiago y la destrucción del sueño de su vida de capturar a El Gran Pez está lejos de ser sombrío. Santiago no es derrotado por su propio sueño. El narrador enfatiza en la perseverancia de Santiago desde las páginas iniciales, mencionando que los ojos del Viejo  estaban todavía “alegres e invencibles”, aún después de estar soportando ya cerca de tres meses sin pescar nada. Y, aunque la lucha de Santiago lo estrellará y hundirá en la derrota —el gran marlín será devorado por los tiburones—, Santiago emergerá como un vencedor. De esta manera, le dice al muchacho que para que esto suceda deberá aventurarse bien lejos mar abierto, más allá de lo que otros pescadores estarían dispuestos a afrontar. Esto es característico de la narrativa de Hemingway: Santiago es elevado por encima de la estatura normal de un protagonista, alcanzando proporciones míticas, hasta llegar a pertenecer a una tradición de héroes literarios cuyas cualidades superiores guardan una distancia de los esfuerzos normales y los humanos ordinarios. Al expresar Manolín constantemente su devoción, reverencia y confianza en Santiago, establece a su mentor como una figura de estatura profesional y significación moral por encima de las dificultades de los últimos ochenta y cuatro días. Mientras otros jóvenes pescadores hacen mofa de Santiago, Manolín conoce la verdadera valía de Santiago y la profundidad de su conocimiento. Así, Hemingway entrega al lector un modelo moral de vivir, bondadoso y sencillo. Santiago trasciende la maldad del mundo —el hambre, la pobreza, el desdén de sus conocidos— al resistir y perdurar frente a todos.

21 de diciembre de 2004
 

José Luis Hereyra Collante
Escritor colombiano
jlhereyra@hotmail.com
 
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