| La
Jornada de México - 26 de diciembre de 2004
¿La
Argentina de Kirchner
o un
país alternativo?
Guillermo
Almeyra /II
Como era lógico y previsible,
a pesar de los "teóricos" que hablaron de una desaparición
del proletariado industrial, la reanimación económica produjo
en Argentina una reactivación de la lucha de clases (durante los
acontecimientos de 2001 y de 2002 buena parte de la sociedad permaneció
inmóvil) y de las luchas sindicales.
De la crisis están surgiendo
también nuevas direcciones sindicales, independientes, de izquierda,
democráticas y hay desplazamientos en las viejas burocracias sindicales,
las cuales han perdido dos tercios de los afiliados a sus organizaciones
y se encuentran sometidas a gran presión de la base.
Al mismo tiempo, la recuperación
económica y las excelentes ventas de soya y otros productos primarios
han dado mayor peso político y mayor capacidad de presión
a la oligarquía terrateniente, ligada al capital financiero internacional,
mientras la recuperación, seguida de peticiones masivas de aumentos
salariales, y el temor al ingreso de mercancías chinas, alejaron
del gobierno los restos maltrechos de la industria nacional que, además,
en general se oponen al Mercosur porque éste favorece a Brasil.
Hay más de 150 conflictos
por salarios y condiciones de trabajo, las huelgas son combativas y con
métodos directos (piquetes, marchas, manifestaciones). Estas
abarcan ahora los gremios estatales y las empresas privatizadas, pero se
extenderán, previsiblemente, a metalúrgicos o al automóvil,
ya que esos sectores han recuperado su producción de 2001 pero mantienen
salarios que perdieron la mitad de su poder adquisitivo.
La mitad de los asalariados gana
menos de 500 pesos por mes (unos 2 mil pesos mexicanos), o sea, sólo
un tercio de la canasta básica. Para evitar una explosión,
Kirchner acaba de decretar un aumento masivo de 100 pesos para los salarios
menores y dio un aumento también a los jubilados, inyectando así
a la economía más de 2 mil millones de dólares.
Pero los telefónicos, con
su huelga vencedora, arrancaron 20 por ciento de incremento para todos,
cuando la patronal española sólo ofrecía 2 por ciento.
De modo que el decreto será bienvenido pero no frenará las
reivindicaciones, porque lo nuevo es que se puede ganar esta pelea. Kirchner
goza aún de una aprobación superior a 70 por ciento, pero
no tiene partido (es peronista y el peronismo le trabaja en contra) además,
hasta ahora no ha reunido ni una vez su gabinete y trabaja como un patrón
de empresa: con dos o tres fieles, y en una relación unilateral
con sus ministros, de manera que no recibe consejos ni coteja opiniones.
En parte nace de esto su idea de
pagar al Fondo Monetario Internacional (FMI) los 15 mil millones de dólares
que el país debe, según él, para reducir presiones
y ganar independencia. Aunque es obvio que no se debilita al FMI pagándole
y que su presión política continuará, al pagar aparece
evidente la contradicción con las anteriores declaraciones del señor
K (el FMI es corresponsable de la deuda y de la explotación). En
vez de dedicar las divisas a desarrollar el mercado nacional, a ganarse
un sólido respaldo social dando trabajo y aumentos de salarios,
dando dinero a la enseñanza y a la salud, las reservas irían
a fortalecer al FMI, que es obsoleto y está en crisis.
En estas condiciones, y en un año
electoral que es la etapa para las elecciones presidenciales de 2007, se
reunieron en Rosario, provincia de Santa Fe, algunos de los grupos más
importantes de izquierda y de centroizquierda y la Central Argentina de
Trabajadores (CTA) para intentar establecer un acuerdo común de
acción, sin depender de las elecciones.
Este encuentro es similar al Diálogo
Nacional organizado en México por los electricistas y otros sindicatos
más de organizaciones campesinas y populares pero, a diferencia
de éste, su eje no es el movimiento sindical sino la alianza entre
los débiles partidos, sobre todo entre los partidos Comunista (PC)
y Socialista (PS) (el primero sólo tiene un diputado y casi no tiene
influencia sindical; el segundo, en cambio, es un poco más fuerte).
Aparte del hecho de que en ambos
partidos y en la misma CTA hay sectores que son kirchneristas, partidarios
de un acuerdo privilegiado con el señor K, o que están directamente
en el gobierno, en posiciones subalternas, es evidente que el proceso electoral
comenzará a pesar en su actuación diaria.
El PC ya habla de formar una nueva
agrupación política (se supone que al estilo del Frente Amplio
uruguayo o sea, un pool de partidos y agrupaciones de izquierda)
mientras el PS está empeñado en definir su línea y
reforzar su organización como fuerza independiente y de izquierda.
El problema central, sin embargo,
no son los cálculos electorales o las actividades organizativas,
sino la falta de claridad en el centroizquierda sobre qué fue y
es el peronismo, en general, y qué es su variante kirchnerista.
Los comunistas tienden a ver en Kirchner
un agente más del FMI y a no comprender el lento proceso de construcción
de nuevas direcciones sindicales combativas ni las formas ocultas y confusas
que adopta la fuerza que se manifestó en el 2001-2002 .
Ambos partidos tampoco ven al país
en perspectiva, en la situación económica y política
mundial, por lo que no encuentran cómo formular algunas ideas-fuerza
movilizadoras que aglutinen sobre una base clasista amplios sectores que
hoy son todavía peronistas.
El encuentro que acaba de nacer puede
tanto morir como desarrollarse y avanzar. Es una perogrullada, pero habría
que apostar a lo último.
galmeyra@jornada.com.mx |