Jorge
Luis Feris Chadid
José
Luis Hereyra Collante
El día
en que murió Wilson Peroza, esa rutilante promesa del boxeo
sucreño y maravilla de los encordados —por el ataque fulminante
de un soterrado pero implacable cáncer hepático—, Sucre perdió
un inmenso empresario de boxeo, pero ganó quizá a su más
brillante congresista y hombre público: el doctor Jorge Luis Feris
Chadid. Ese mismo doloroso episodio demuestra hasta que punto es cierto
eso de que no puede haber un gran hombre sin una sensibilidad mayor, sin
un compromiso con su prójimo y sobre todo con su prójimo
desamparado. Porque el doctor Jorge Luis Feris sintió un dolor verdadero
ante la muerte de ese muchacho a quien él llevaba de la mano
a cumplir sus sueños de campeón mundial para bien de su familia,
la región y la patria. Y entonces tomo una dramática decisión:
entregó la cuerda a su hermano Iván y siguió adelante,
lacerado por la persistente imagen de una muerte que mutilaba legítimos
sueños en una persona joven, prometedora e inocente, como lo fue
Peroza.
En estos días toda la prensa
nacional mostraba y exaltaba al doctor Feris a los cuatro vientos
en el Aeropuerto Las Brujas de Corozal, en la firma, por parte del Ministro
de Protección Social, de los importantes auxilios gestionados y
destinados a la salud de Sucre. Y me extrañó que lo hubieran
“capturado” en foto alguna, ya que su talante personal y natural es la
discreción y la modestia verdaderas, a pesar de que su gestión
ha hecho y seguirá haciendo por nuestra tierra y nuestras gentes
mucho más que los tantos pacientes patológicos del snob y
la pantalla. Riéndome, recordé a aquel famoso congresista
atlanticense cuyo lema era: “El que sí habla en Bogotá”,
y lo recordé porque el doctor Jorge Luis Feris habla sólo
lo necesario e indispensable para una certera gestión para su tierra
y sus gentes, pero los resultados se ven, no se quedan en verborreas “veintejulieras”,
como ha sido la nefasta usanza tradicional en las castas políticas.
“El que habla no sabe; el que sabe no habla”, dice el Tao te King o Libro
Oculto del Camino, de Lao Tse. Además, desde hace catorce años
lo conozco ya que ellos, los Feris Chadid, me trajeron a Sincelejo como
traductor de peleas mundiales de El Pintoso Box, y he vivido al lado del
doctor Feris, también como traductor y amigo personal, a mucho honor,
las sucesivas épocas de exitoso empresario privado, transparente
gerente de la Electrificadora de Sucre, sólido y emprendedor Vice-Ministro
de Agricultura y ahora brillante congresista. En toda su vida la constante
ha sido la misma: trabajo infatigable, discreción y modestia sinceras,
don de gentes y finura natural, inteligencia superior y altruismo sin límites.
Precisamente, el Diccionario de la Real Academia Española trae la
definición de “altruismo” en los términos de “diligencia
en procurar el bien ajeno aun a costa del propio”. Y ese es el doctor Jorge
Luis Feris Chadid: un hombre a quienes todos los que hemos tenido el privilegio
de haber compartido o vivido a su lado cualquier instante sabemos que merecerá
nuestro afecto fraterno y agradecido, apoyo incondicional y solidaridad
por siempre, no por una campaña efímera o por días
de política calenturienta.
Por un conductor del doctor Feris,
nunca por el mismo, ya que en él se cumple el mandato bíblico
“que no sepa tu izquierda lo que hace tu derecha” porque es un hombre temeroso
de de Dios, supe algo conmovedor de este hombre, esposo, hermano y padre
amoroso, como pocos: el doctor Feris llegó al Hospital Regional
a diligencias normales, cuando se enteró del dramático suceso
de un viejo campesino sucreño quien, accidental y mortalmente,
había herido en la cabeza con el hacha con la que hendía
leña, entre la poca luz de la madrugada y su ceguera senil, a su
nietecito. El viejo lloraba desconsolado, desamparado y solo ante tamaña
desgracia y, además, ante la crecida cuenta hospitalaria. El doctor
Feris le pidió a su conductor que pidiera la enorme cuenta y le
dio discretamente para pagarla. Luego le dio un abrazo de apoyo moral al
viejo y, en su propia camioneta, los envío a su remota vereda, con
dinero y víveres para la manutención de ambos por varios
meses, hasta su plena recuperación. Después de conocer este
acto de profunda misericordia es más fácil entender por qué
el doctor Feris Chadid recibe tantas bendiciones en su vida, como el nacimiento
profetizado de su pequeña Salima después de tantos años
de esperarla.
30 de diciembre de 2004