José Luis Hereyra Collante - rodelu.net
30 de diciembre de 2004
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Jorge Luis Feris Chadid
José Luis Hereyra Collante
El día en que murió Wilson Peroza,  esa rutilante promesa del boxeo sucreño y maravilla de los encordados —por  el ataque fulminante de un soterrado pero implacable cáncer hepático—, Sucre perdió un inmenso empresario de boxeo, pero ganó quizá a su más brillante congresista y hombre público: el doctor Jorge Luis Feris Chadid. Ese mismo doloroso episodio demuestra hasta que punto es cierto eso de que no puede haber un gran hombre sin una sensibilidad mayor, sin un compromiso con su prójimo y sobre todo con su prójimo desamparado. Porque el doctor Jorge Luis Feris sintió un dolor verdadero ante la muerte de ese muchacho a quien él  llevaba de la mano a cumplir sus sueños de campeón mundial para bien de su familia, la región y la patria. Y entonces tomo una dramática decisión: entregó la cuerda a su hermano Iván y siguió adelante, lacerado por la persistente imagen de una muerte que mutilaba legítimos sueños en una persona joven, prometedora e inocente, como lo fue Peroza. 

En estos días toda la prensa nacional  mostraba y exaltaba al doctor Feris a los cuatro vientos en el Aeropuerto Las Brujas de Corozal, en la firma, por parte del Ministro de Protección Social, de los importantes auxilios gestionados y destinados a la salud de Sucre. Y me extrañó que lo hubieran “capturado” en foto alguna, ya que su talante personal y natural es la discreción y la modestia verdaderas, a pesar de que su gestión ha hecho y seguirá haciendo por nuestra tierra y nuestras gentes mucho más que los tantos pacientes patológicos del snob y la pantalla. Riéndome, recordé a aquel famoso congresista atlanticense cuyo lema era: “El que sí habla en Bogotá”, y lo recordé porque el doctor Jorge Luis Feris habla sólo lo necesario e indispensable para una certera gestión para su tierra y sus gentes, pero los resultados se ven, no se quedan en verborreas “veintejulieras”, como ha sido la nefasta usanza tradicional en las castas políticas. “El que habla no sabe; el que sabe no habla”, dice el Tao te King o Libro Oculto del Camino, de Lao Tse. Además, desde hace catorce años lo conozco ya que ellos, los Feris Chadid, me trajeron a Sincelejo como traductor de peleas mundiales de El Pintoso Box, y he vivido al lado del doctor Feris, también como traductor y amigo personal, a mucho honor, las sucesivas épocas de exitoso empresario privado, transparente gerente de la Electrificadora de Sucre, sólido y emprendedor Vice-Ministro de Agricultura y ahora brillante congresista. En toda su vida la constante ha sido la misma: trabajo infatigable, discreción y modestia sinceras, don de gentes y finura natural, inteligencia superior y altruismo sin límites. Precisamente, el Diccionario de la Real Academia Española trae la definición de “altruismo” en los términos de “diligencia en procurar el bien ajeno aun a costa del propio”. Y ese es el doctor Jorge Luis Feris Chadid: un hombre a quienes todos los que hemos tenido el privilegio de haber compartido o vivido a su lado cualquier instante sabemos que merecerá nuestro afecto fraterno y agradecido, apoyo incondicional y solidaridad por siempre, no por una campaña efímera o por días de política calenturienta.

Por un conductor del doctor Feris, nunca por el mismo, ya que en él se cumple el mandato bíblico “que no sepa tu izquierda lo que hace tu derecha” porque es un hombre temeroso de de Dios, supe algo conmovedor de este hombre, esposo, hermano y padre amoroso, como pocos: el doctor Feris llegó al Hospital Regional a diligencias normales, cuando se enteró del dramático suceso de  un viejo campesino sucreño quien, accidental y mortalmente, había herido en la cabeza con el hacha con la que hendía leña, entre la poca luz de la madrugada y su ceguera senil, a su nietecito. El viejo lloraba desconsolado, desamparado y solo ante tamaña desgracia y, además, ante la crecida cuenta hospitalaria. El doctor Feris le pidió a su conductor que pidiera la enorme cuenta y le dio discretamente para pagarla. Luego le dio un abrazo de apoyo moral al viejo y, en su propia camioneta, los envío a su remota vereda, con dinero y víveres para la manutención de ambos por varios meses, hasta su plena recuperación. Después de conocer este acto de profunda misericordia es más fácil entender por qué el doctor Feris Chadid recibe tantas bendiciones en su vida, como el nacimiento profetizado de su pequeña Salima después de tantos años de esperarla.

30 de diciembre de 2004
 

José Luis Hereyra Collante
Escritor colombiano
jlhereyra@hotmail.com
 
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