Nace
la Unión Sudamericana
Antonio
Mora Vélez
Estamos
ad portas de ver nacer el país americano, un país que –como
dice William Ospina en su libro América Mestiza—es “un gran país
posible, uno de los países más ricos, más recursivos
y más esperanzados del mundo”. Y que con ello vamos a ver realizado
el sueño de unidad latinoamericana del Libertador Simón Bolívar.
Por lo pronto, en la ciudad de Cuzco, el pasado 8 de diciembre, surgió
la Comunidad Sudamericana de Naciones, nueva realidad política y
económica mundial integrada por países que tienen “un área
de 17 millones de kilómetros cuadrados, 361 millones de consumidores,
un PIB de 800.000 millones de dólares, exportaciones por valor de
188.000 millones de dólares, el 27% del agua del planeta, 8 millones
de kilómetros cuadrados de bosques, recursos en gas y petróleo
para un siglo y el liderazgo mundial en muchos productos alimenticios”,
según Isaac Bigio, analista del semanario Tiempos del Mundo.
En opinión de Bigio, tenemos
a favor, frente a la Unión Europea, que somos una comunidad más
homogénea desde el punto de vista cultural e histórico, nos
entendemos con solo dos lenguas y somos cristianos en nuestra mayoría.
Aunque tenemos como factor en contra para la integración la situación
de atraso de nuestras economías, algunas de ellas en crisis, la
dependencia secular y los desniveles de desarrollo existentes entre nuestros
países, Bigio cree, igual que muchos otros analistas, que la Comunidad
Sudamericana puede convertirse en un nuevo milagro económico como
China o Europa, siempre que logre vencer la tendencia separatista iniciada
por la Corona Española en el siglo XVIII para impedir el fortalecimiento
de las relaciones comerciales entre los pueblos de nuestra América
y alimentada después por “el norte revuelto y brutal que nos
desprecia” y nos exp lota, con la complicidad de los dirigentes regionales
que han secundado las pretensiones de los Estados Unidos de convertir a
toda la América Latina en una zona de libre comercio y de manejar
las relaciones económicas con tratados bilaterales en los que ellos
puedan imponer sus condiciones.
La CSN sería la solución
a una de las paradojas señalas por William Ospina en la obra citada:
que estaban mejor comunicados entre sí nuestros pueblos aborígenes
que las naciones surgidas con la independencia. “Mientras las costas Pacifica
y Atlántica de Norte América están integradas vial
y férreamente desde hace más de un siglo –dice Bigio--, las
de Sudamérica no solo se mantienen separadas por el Amazonas o los
Andes, sino por las políticas exteriores que se centraban en promover
vínculos con el Norte” y que se olvidaron por mucho tiempo en fortalecer
un mercado común regional. De allí la necesidad del desarrollo
económico sudamericano impulsado por la CSN y sus políticas
de integración y defensa de las economías del continente.
Y de mejorar las relaciones de mercado y de transferencia tecnológica
con Europa, China, Japón, India y Rusia “para ir hacia un mundo
multipolar distinto a la visión “bushista” de un globo unido en
torno a su hegemonía” y a la no menos humillante de seguir considerándonos
su “patio trasero”.
27 de diciembre de 2004
Antonio
Mora Vélez
Escritor colombiano
antonio_moravelez@yahoo.com.ar
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