Mundo - rodelu.net
28 de Diciembre de 2004
.
 
La República de Uruguay - 28 de diciembre de 2004

¿El fin de la Intifada? 

Gerardo Leibner, Tel Aviv *
Por primera vez en los últimos 3 años la ciudad de Belén pudo festejar la Navidad sin la presencia masiva de fuerzas militares israelíes en sus alrededores, y más aún las carreteras de acceso a la ciudad permanecieron abiertas de forma tal que miles de palestinos de otras ciudades y aldeas pudieron visitarla y a los residentes de Belén se les permitió el libre movimiento a otras ciudades de la margen Occidental, incluyendo a la vecina Jerusalén. No se trata del único signo de aparente normalización de la vida en los territorios palestinos ocupados. Viajando por las carreteras se puede comprobar que Israel retiró durante las recientes semanas algunos puestos de control que dificultaban mucho el tránsito entre diversas localidades palestinas y liberalizó las limitaciones de movimiento de los palestinos. En algunos círculos de opinión palestinos, principalmente en las elites urbanas, se puede percibir una especie de optimismo que refleja y se alimenta del optimismo de algunos moderados israelíes. Con la muerte de Arafat y con el avance en la interna israelí del programa de "desligue", o sea la retirada israelí de la Franja de Gaza, pareciera que se están creando las condiciones para retornar a la mesa de negociaciones. Mahmud Abbas, alias Abu Mazen, el heredero de Arafat al frente de Fataj, expresa abiertamente su opinión contraria a proseguir la resistencia armada contra la ocupación, condena duramente las acciones terroristas contra ciudadanos israelíes y admite que se cometieron graves errores en la conducción de la Intifada actual, sin que ello le impida ir asentando su dominio sobre la inmensa mayoría de las organizaciones de un movimiento tan heterogéneo como el Fataj. Tras unos desórdenes iniciales y tras una intentona de rebelión por parte del popular Marwan Barghuti, el preso número uno del Fataj, Abbas no sólo ha logrado consolidarse como el único candidato de su movimiento, sino también ha establecido complejas negociaciones con representantes de las organizaciones islámicas opositoras con vistas a concertar una tregua para el día siguiente de las elecciones palestinas del 9 de enero. Sin embargo, esta visión "optimista" de las perspectivas palestinas en el año 2005, fortalecida por el retorno de los laboristas israelíes a la coalición gubernamental y por el creciente enfrentamiento entre Sharon y la ultraderecha de los colonos, omite realidades en el terreno que no encajan en el panorama de la "normalización". 

Un primer dato de la realidad, incuestionable, es que la lucha armada palestina y las represalias israelíes continúan en la Franja de Gaza como si no hubieran sido anunciadas una próxima retirada y una próxima tregua. Más allá que en determinadas circunstancias pueda obtenerse en Gaza una tregua estable que facilite el desmantelamiento de las colonias israelíes y la retirada del ejército de ocupación durante el 2005, hay que considerar que estos eventos son y serán considerados, con cierto grado de razón, como un éxito histórico de la lucha armada palestina. Si bien un movimiento islámico como el Hamas, con sus apetitos políticos internos, estaría dispuesto a aceptar acuerdos de tregua de mediano plazo a cambio de porciones de poder en una Gaza liberada, la misma lógica le alentará a reactivar la lucha armada en los territorios aún no liberados de Cisjordania. Ni que hablar que esa será la lógica de las organizaciones armadas más pequeñas, tanto islámicas como laicas radicales. Interpretaciones tales de la lucha palestina encuentra eco también en importantes sectores al interior del movimiento Fataj (particularmente en las Brigadas de El-Aqsa). 

Si Abbas no obtiene inmediatas e importantes concesiones de Sharon, se le hará muy difícil evitar que distintos sectores palestinos reinicien la lucha armada, arguyendo que es la única forma comprobada de forzar una retirada israelí. Más aún si procurando aplacar a sus críticos de la derecha Sharon intensifica las incursiones de represalia militar o los atentados contra dirigentes armados o militantes políticos palestinos. 

Un segundo dato incongruente con el fácil optimismo de algunos es que en muchos lugares no se percibe ninguna liberalización en las limitaciones de movimiento a los palestinos y que al reanudarse en las últimas semanas las labores relacionadas con los cercados de separación decenas de miles de palestinos sufren y sufrirán próximamente un dramático deterioro desde el punto de vista de su libertad de movimientos. 

Otro dato a considerar de la realidad en el terreno es el ímpetu colonizador en ciertas porciones de los territorios ocupados. La construcción de nuevos barrios y colonias israelíes en los territorios palestinos indica la falta de voluntad israelí para facilitarle las cosas a Abbas, o más precisamente, indica mejor que cualquier declaración pública el verdadero significado de la estrategia de Sharon. La construcción de muros y de cercos de alambrados en distintas partes de los territorios palestinos, fue por un lado la respuesta israelí estratégica a los ataques terroristas palestinos. Pero, estos fueron erigidos no en la frontera internacional y legalmente reconocida (la "línea verde"), sino dentro del territorio palestino, incursionando en él en diverso grado, de 1 o 2 kilómetros cuando menos a más de 10 en algunos casos y más de 20 si el alambrado llega a incluir el asentamiento de Ariel en el centro de Cisjordania. Por lo tanto, su verdadero objetivo no es la defensa de la retaguardia israelí sino facilitar las condiciones materiales para una nueva ola de colonización, expropiando tierras, arrasando con cultivos palestinos, arruinando la subsistencia de varias decenas de miles de campesinos y pastores palestinos y convirtiendo su vida cotidiana en insoportable. 

Se trata de un proceso en curso, más adelantado en el norte de Cisjordania que en el centro y en el sur en donde la construcción de alambrados se vio parcialmente frenada gracias a la heroica resistencia cívica de algunos poblados palestinos, la presión internacional y el despertar de algunos sectores de la opinión pública israelí. Pero, al norte, en los lugares donde los alambrados ya separan a los campesinos de sus tierras, ya puede apreciarse el aceleramiento de la siguiente fase de la colonización: el inicio de trabajos de infraestructura, arrasando cultivos e infraestructura agrícola palestina, para la construcción de miles de viviendas para futuros colonos israelíes. Los alambrados de separación ya crearon una realidad en la cual los potenciales habitantes de las planificadas viviendas pueden visitar el lugar sin darse cuenta que están cruzando al otro lado de frontera de la "línea verde". El cruce de la frontera internacional se percibe tan solo positivamente, en los relativamente bajo precios de los lotes, en los beneficios especiales que el estado ofrece en cuanto a préstamos hipotecarios y reducción de impuestos. Sin palestinos a la vista, encerrados tras los alambrados a 2 kilómetros del lugar, jóvenes familias de israelíes ya se están interesando por los tentadores precios de los nuevos proyectos de viviendas en el nuevo barrio de la colonia de Zufin a construirse en los terrenos arrasados del pueblo palestino de Yaius. En Zufín residen actualmente unas 200 familias israelíes, de acuerdo a las empresas constructoras en sus nuevas extensiones se construirán durante los próximos 3 años más de 2000 nuevas viviendas.

En sus discursos, Abbas no se aparta del consenso palestino que le exige recordar que la paz con Israel sera posible sólo si se consigue una solución justa al problema de los refugiados palestinos y si se logra la soberanía palestina sobre Jerusalén oriental, agregando que los muros y cercos son un impedimento para la paz. Sin embargo, y a pesar que el desarrollo de formas de lucha no-violentas y populares abre una perspectiva alternativa a la lucha armada, ni Abbas ni su entorno han encarado hasta el momento de forma clara y concreta la tarea de movilizar pacíficamente a los palestinos. 

Las diferencias de matices surgen claramente de una solicitada que firmaron recientemente unos 500 políticos e intelectuales palestinos que si bien expresaron en todos los diarios palestinos su apoyo al llamado de Abbas de poner fin a la lucha armada, tuvieron cuidado en destacar que la Intifada debería recobrar su carácter popular. A nivel de candidatos alternativos esa es la propuesta de Mustafá Barghouti, pariente lejano del encarcelado Marwan. Hay que reconocer que desde el inicio de la Intifada Mustafá Barghouti viene alentando la resistencia cívica y no violenta a la ocupación. Escindido del Partido del Pueblo Palestino (ex comunista), este dirigente de izquierda que encabeza la más importante red palestina no gubernamental de servicios comunitarios de salud, creó un movimiento político denominado Iniciativa Nacional obteniendo el apoyo de algunos sectores que trascienden a la tradicional izquierda palestina. Sin embargo, no logró el consenso del resto de la izquierda que concurrirá a los comicios escindida entre otras tres opciones, a pesar de las similitudes de propuestas entre Barghouti y sus ex camaradas del PPP.

Ante la decisión de los islamistas de no presentar candidatos, la división de las izquierdas y la endeble unidad que Abbas consiguió en el Fataj su triunfo está descontado por mayoría absoluta. La gran incógnita sería el grado de participación electoral y por lo tanto su futura legitimidad y su margen de maniobra. Y tal vez una incógnita mayor aún serían las elecciones legislativas para las cuales aún no se han acordado ni la fecha ni el sistema de elección, y en las que los movimientos islámicos tienen interés en participar.

Las elecciones municipales realizadas la semana pasada en 26 consejos locales, medianos y pequeños, confirman que si bien los islamistas son una fuerza considerable la supremacía del Fataj es aún muy clara. 12 de los consejos serán integrados por mayorías que responden al Fataj, 7 serán dirigidos por mayorías islámicas, y en los otros el Fataj y el Hamas tendran que establecer coaliciones con otras fuerzas políticas nacionales o locales para consolidar mayorías. La Iniciativa Nacional de Mustafá Barghouti marcó presencia en varios lugares, pero el Frente Popular de Liberación de Palestina, nacionalistas de izquierda que no renunciaron a la vía armada, resultaron ser la tercera fuerza a larga distancia tras las listas islámicas. Claro está que es muy dificil extrapolar de estas elecciones locales a lo que serían las elecciones generales al parlamento palestino, que se realizarían recién en mayo o junio del 2005.

El panorama electoral palestino tampoco refleja claramente los debates acerca de las formas de lucha y el futuro de la Intifada. En la práctica en el seno del Fataj se pueden detectar tendencias a privilegiar en distintos matices y combinaciones a dos de las consideradas tres principales formas de lucha: las negociaciones diplomáticas en base a apoyos internacionales, la lucha armada y la movilización cívica popular. Sólo un sector de los que proponen privilegiar la vía diplomática hablan del fin de la Intifada, en el sentido de decretar su fracaso y procurar llegar a un nuevo acuerdo temporario con Israel basado en "lo posible". Esta opinión tiene arraigo entre algunos políticos de importancia y en los sectores medios y altos de la sociedad palestina urbana en Cisjordania. Sin embargo, otros de los que propician el restablecimiento de las negociaciones y una tregua en las acciones armadas, aclaran que lo que se trata es privilegiar la resistencia popular y no violenta a los procesos de colonización. Esta opinión ha cobrado fuerza entre muchos dirigentes intermedios y locales del Fataj, ligados a los pueblos agrícolas y a los sectores urbanos que más sufren de los muros de separación. También en el seno de otros movimientos se pueden encontrar actitudes contradictorias que responden a diversos alineamientos. Una de las grandes incógnitas de la política palestina tras las elecciones del 9 de enero será en que medida, ante las pretensiones anexionistas israelíes verificadas diariamente sobre el terreno los dirigentes nacionales palestinos ofrecerán alternativas de lucha que les de más poder de negociación y que encaucen la justa indigación de su gente. Las predicciones acerca del fin de la Intifada que realizan algunos observadores extranjeros, alentados por el optimismo de las elites moderadas de ambos pueblos, el gobierno egipcio y los diplomáticos norteamericanos y europeos, parece muy irreal ante ciertos datos de la realidad cotidiana. Las posiciones básicas del gobierno de Israel y de los palestinos son aún muy distantes y aunque hayan repliegues parciales del ejército también en Cisjordania, el proceso de colonización impulsado por Sharon continua agudizando tensiones y recreando el conflicto territorial. Más que decretar artificialmente el fin de la Intifada, los dirigentes palestinos tienen una oportunidad para reorientarla en sus objetivos y sus métodos. *

* Exclusivo para LA REPUBLICA

 
MUNDO