| Coletillas al Margen
Toledo
en la cuerda floja
Carlos
Angulo Rivas
Sea cual
fuere la solución a la insurgencia del Movimiento Nacionalista Peruano,
luego de haber tomado a viva fuerza una estación policial en la
ciudad de Andahuaylas (sierra sur central del Perú) a fin de exigir
la renuncia de Alejandro Toledo o la vacancia de su puesto de presidente,
la situación no regresará a la normalidad deseada por la
corrupta “clase política” que gobierna el país. La sublevación
del ex mayor del ejército peruano Antauro Humala, jefe de la insurgencia
del MNP (capturado en forma alevosa en plena negociación) puede
terminar en un arreglo negociado con el gobierno o en un genocidio al estilo
de Alan García, como el ocurrido en los penales de Lima en junio
de 1986. En ambos casos las heridas causadas al precario régimen
toledista serán de una magnitud incalculable, pues trae al debate
nacional algo que por todos los medios la “clase política” tradicional
representada el el parlamento ha tratado de evitar: el restablecimiento
del Estado de Derecho. Además en este escenario se enjuiciaran los
últimos acontecimientos, los de diciembre del año pasado,
que son de una indolencia sin nombre y sobre todo de un profundo desprecio
por la opinión pública. Allí la “clase política”
aprovechando la distracción por las fiestas de fin de año
se coronó en despropósitos, en medio de la desvergüenza,
la corrupción y la impunidad.
En principio todo vestigio de honestidad,
si quedaba alguno en el gobierno (Ejecutivo y Legislativo) se perdió
con una celeridad sorprendente. Y debió ser así porque cualquier
elemento honesto es una pesada carga para la maquinaria de la corrupción
y la inmoralidad, aceitada desde el gobierno de Alan García a la
fecha, pasando por los enormes estragos dejados por el delincuente prófugo
Alberto Fujimori. La impunidad dejó el sabor amargo de la impotencia.
Uno a uno los generales del fujimorismo, ladrones comprobados, salieron
libres a gozar de sus millones de dólares gracias a la orden del
Tribunal Constitucional, organismo presidido por el político tradicional
Javier Alva Orlandini, ex legislador y dos veces ministro del Interior
del ex presidente Belaúnde Terry. A reglón seguido, vía
publicación en el diario oficial, se destituyó de sus cargos
a los comandantes generales del Ejército y la Fuerza Aérea,
por no aceptar un cambalache político en los ascensos de los altos
oficiales de la Fuerza Armada, amiguismo de Toledo y de su ministro Chiabra,
que de un solo tirón terminó con los reglamentos internos
y el respeto al orden de méritos para terminar encumbrando como
comandante general del Ejército a Luis Muñoz, un corrupto
general de entre los preferidos del delincuente Vladimiro Montesinos.
En el Congreso bajo la consigna de
un mal entendido espíritu de cuerpo, se defendió a parlamentarios
vinculados a la red de corrupción y hasta a uno de ellos acusado
de violación sexual a una menor; no satisfechos con ello y con su
nula competencia en asuntos legislativos y la dación de leyes con
nombre propio, se levantaron, a vista y paciencia de todos, cincuenta mil
soles en total por Navidad mientras el sueldo mínimo vital en el
país alcanza apenas a quinientos. También nuestros congresistas
exoneraron de todo cargo, escándalos mediante, al renunciante ex
ministro de Comercio y ex vicepresidente de la República Raúl
Diez Canseco. Otros de los regalos navideños del gobierno de Toledo
fue la destitución de los procuradores anti corrupción, debido
a la pretensión de éstos de investigar a la familia presidencial,
a sus asesores más cercanos y a sus ministros, incursos en enriquecimiento
ilícito y negociados de tráfico de influencias; además
por poner en claro la responsabilidad de Toledo en la fábrica de
firmas falsas para la inscripción de su partido político
Perú Posible. Por su parte, la Corte Suprema llegó al límite
de la corrupción y el compadrazgo, al definir la elección
de su presidente entre un fujimorista y un aprista, justamente los herederos
de la deshonesta infiltración política durante los gobiernos
de García Pérez y Fujimori. ¿Es esta la gobernabilidad,
la concertación, la tranquilidad pública que defienden todos
estos políticos, militares, magistrados, abogados, jueces, empresarios
y los medios de comunicación, eco de los aplaudidos escándalos,
de la impunidad y la corrupción?.
El Estado de Derecho
No vamos a juzgar aquí las
simpatías o antipatías que pueden despertar las acciones
políticas del ex mayor del ejército Antauro Humala. De manera
objetiva, la insurgencia política, de tomar por asalto una estación
policial en la ciudad de Andahuaylas, no significa un llamado a la lucha
armada, tampoco una intentona golpista, menos una ruptura con el Estado
de Derecho. Por el contrario, esta insurgencia llega a tener el aval de
un derecho constitucional que compete a cualquier ciudadano civil o militar.
En los párrafos anteriores hemos hablado de la corrupción,
la impunidad y la inmoralidad, sólo del mes de diciembre último,
sin extendernos a lo que ya la mayoría conoce del caso Bavaria,
Almeida, Borobio, las ONGs familiares o al entreguismo total a las empresas
transnacionales en detrimento de lo propiamente nacional, motivos suficientes
para defenestrar al presidente de su cargo. Aquí hablaremos del
Estado e Derecho. ¿Existe realmente en el Perú?
El gobierno de Toledo se llamó
de transición porque se preveía en él, el restablecimiento
del Estado de Derecho hecho trizas durante los años de gobierno
la dupla Fujimori – Montesinos y sus generales corruptos. ¿Qué
se ha hecho para reestablecer el orden constitucional? Nada, absolutamente
nada. Se empezó despromulgando el estatuto dictatorial de Fujimori
que servía de constitución política del país,
pero se siguió y se sigue desgobernando con este nefasto compendio
de leyes y decretos antipopulares. ¿Por qué señores
del gobierno? ¿Por qué señores del Congreso? ¿No
es acaso que todo aquello los favorece en el tinglado que han armado para
continuar medrando de las arcas del Estado? Claro que lo es, porque en
vuestra lógica es mejor para vosotros una ley que no existe o que
sólo existe cuando a Ustedes les conviene. Modificar el estatuto
de Fujimori para convertirla en una Constitución del Estado sin
haber sido elegidos para este propósito o tener derecho a ello,
¿es correcto? Por supuesto que no. Aquí no hay cabida para
tontos de capirote, pues bien Ustedes saben que reponer la única
Constitución válida (1979) o convocar a una Asamblea Constituyente
para acabar con la ausencia del Estado de Derecho, era y es lo correcto.
El gobierno de Toledo es ilegítimo
como ilegítima es la cámara de representantes, ambos organismos
hacen y deshacen de la ley a su libre albedrío, cuando en su conjunto,
como lo selañan las encuestas, no representan el diez por ciento
de la población nacional. Y todavía pretenden engañar
a todos, por sécula seculorum, con un supuesto juego democrático
muy bien amarrado a sus intereses. En el tinglado y en el amarre a que
están acostumbrados se exhiben como varios partidos, de gobierno
y de oposición se dicen, pero en el fondo son uno solo regido por
la corrupción y la inmoralidad. Ese es el único partido real
que gobierna el país, dispuesto a perdonar a García Pérez,
a Fujimori y a Toledo venido el caso. Ese es el único Estado de
Derecho que conocen. ¿Todo venía bien ensamblado verdad,
hasta que un odioso Antauro Humala les arruinó las fiestas de año
nuevo? Una pena, pues; sin embargo una realidad. ¿En el año
2006 querían repartirse el poder nuevamente para que todo siga igual?
Los candidatos siempre los mismos, dando vueltas alrededor de la gran torta
del Estado; siempre las mismas caras para empujar al pueblo a elegir entre
sus propios males el “mal menor”.
La insurgencia de Humala
Respetar el Estado de Derecho le
piden a Humala y los reservistas ¿Qué Estado de Derecho?
Imponer el Estado de Derecho dicen los más radicales ¿Qué
Estado de Derecho? Respetar la gobernabilidad, la democracia ¿existe
aquello en el desbarajuste peruano? Por favor no sean cínicos. Recuerden
que están en un gobierno de transición con tres años
y medio en el poder y aún no han podido reestablecer la democracia
verdadera y ni el Estado de Derecho. ¿Existe Estado de Derecho con
cerca de dos mil linchamientos al año entre los pobres, con el descontento
popular a grado extremo, con levantamientos como el de Ilave, con bloqueos
de carreteras, con desempleo generalizado, con el hambre de la gente, con
represión contra los reclamos, con burla al sentimiento nacional,
con impunidad y desfachatez?
La insurgencia de Andahuaylas se
justifica tanto como la destitución de un presidente como Toledo,
incompetente, ilegítimo e ilegal, esto último si se tiene
en cuenta que gobierna sin ley válida y sólo con los pretendidos
ajustes del compendio estatutario del delincuente prófugo Alberto
Fujimori. Recuerden que la Constitución válida (1979) los
llama usurpadores del poder y que la insurgencia es un derecho cuando se
produce la ruptura, la burla del poder soberano del pueblo. Poder delegado
en los representantes a través de la elección democrática,
nunca poder propio y personal para hacer lo que les venga en gana a los
políticos tradicionales. En esta dirección la insurgencia
en Andahuaylas no tiene nada que ver con la falsa acusación de un
Humala en busca de ser el gobernante, sino con el llamado a una acción
de masas capaz de derrocar a Toledo para ir a la convocatoria de una Asamblea
Constituyente que separe la paja del trigo con miras a las elecciones generales
del 2006.
Recordemos que el 90 por ciento de
los peruanos pide la cabeza de Toledo para avanzar en la dirección
correcta dentro de la ley, destitución a la cual se opone un conjunto
de maniobreros que desean continuar en la ilegalidad regidos por el difuso
compendio de leyes fujimoristas y el estatuto dictatorial. En realidad
no se quiere dar paso a la opinión del pueblo, único sustento
real de la democracia en cualquier país, el pánico a los
referendos, al voto popular libre sin estar amarrado a las opciones que
la corrupción les propone como democrática los pone fuera
de juego. ¿Acaso la misma ley de partidos no es un encasillamiento
que responde a los intereses de ese partido único de políticos
tradicionales llamado la “clase política” que se disfrazan de varios
colores para la pantomima electoral? La historia es larga y fructífera
en este aspecto. Nos da la razón, ya que de lo que se trata es de
distuir a la “clase política” tradicional como en Venezuela, Argentina,
Brasil y Uruguay. Ecuador y Bolivia han dado pasos, Perú se quedó
en la frustrada apertura por confiar en un individuo de dos caras como
Alejandro Toledo. Pero, después de la insurgencia de Antauro Humala,
será imposible continuar con el cuento de la democracia y la gobernabilidad,
sea conversada o sangrienta la solución a este problema. Y reacuérdese
que las crítica personales al ex mayor del ejército no vienen
al caso, porque en ningún momento Antauro Humala pidió apoyo
a su persona sino a una salida democrática y legal a partir de la
insurgencia: la salida de Toledo por inmoral e incompetente, la restitución
del Estado de Derecho vía una Asamblea Constituyente y luego las
elecciones generales para encaminar al Perú por distinto destino.
4 de enero de 2005
Enviado por Cecilia
Tello |