Antonio Mora Vélez - rodelu.net
6 de enero de 2005
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Las elecciones de Ucrania
Antonio Mora Vélez
Es fácil interpretar el triunfo de la oposición en las elecciones de Ucrania si sabemos que durante el período de existencia de la URSS, las repúblicas no rusas de la extinta Confederación, Ucrania entre ellas, fueron sometidas a una “rusificación” mediante una migración planificada que buscaba darle poder a la nacionalidad rusa no sólo en el contexto de la Confederación y basado en la mayor extensión, población y riqueza de su país,  sino con la existencia de minorías organizadas y preparadas en cada una de las demás repúblicas. Por lo anterior, la caída del comunismo significó también para los habitantes de tales repúblicas el fracaso de la hegemonía r usa y es obvio que una primera interpretación del resultado electoral en Kiev es que el pueblo de Ucrania que votó en contra del candidato de Putin, no quiere saber nada de los rusos. 

Pero esto no es todo. Es indudable que existe un ingrediente muy característico del capitalismo en el conflicto. Que los Estados Unidos y las potencias de Europa han logrado evitar que el capitalismo mafioso del Kremlim haga valer lo que considera su área de influencias heredada de los Soviets y pretenda mantener a Ucrania, la segunda y más importante república de la extinta Unión Soviética, en calidad de aliada de su estrategia geopolítica capitalista. Para los intereses de los grandes consorcios empresariales de Occidente y los político-militares del Pentágono, Rusia es hoy un rival en la disputa de los mercados y zonas estratégicas de la antigua URSS. 

Esta situación pone de presente un hecho paradójico e inquietante. Que la vuelta al capitalismo de la sexta parte del mundo –la antigua Unión Soviética— en lugar de disminuir el peligro de una guerra mundial nuclear, que se mostraba como posible durante la llamada “guerra fría”, haya derivado en una nueva pugna capitalista por el reparto de los mercados y que Rusia esté –como Irak y el mundo árabe y más adelante China— en la mira de los ojos del águila imperial norteamericana. La historia se repite. Pero esta vez no es Hitler ni la infernal máquina de guerra del nazismo puesta al servicio del capital germano, sino Bush y sus magnates y generales, quienes no vacilarán en exponer al mundo a una conflagración con tal de evitar el colapso de su economía, hoy la más endeudada del planeta. 

Cabe entonces preguntarse: ¿Eran las pretensiones fallidas del movimiento comunista de derrotar al capitalismo, durante la guerra fría, o es el capitalismo  con su voracidad, la principal fuente de guerras y posible causa del exterminio de la civilización? El comunismo dejó de ser el enemigo para la Casa Blanca. Los enemigos son la Rusia post-comunista –con su arsenal nuclear—y a la cual pretende disputarle los mercados de las demás  repúblicas de la antigua URSS; el mundo árabe con sus riquezas petroleras; los países de América dueños del 27% del agua del mundo por su creciente actitud multipolar, y mañana lo será la China capitalista, con sus mil millones de consumidores, si ésta continúa en su política de expansión comercial que ya toca predios latinoamericanos. La perspectiva para la paz mundial no es, pues, muy halagüeña.

5 de enero de 2005

Antonio Mora Vélez
Escritor colombiano
antonio_moravelez@yahoo.com.ar

 
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