Las
elecciones de Ucrania
Antonio
Mora Vélez
Es fácil
interpretar el triunfo de la oposición en las elecciones de Ucrania
si sabemos que durante el período de existencia de la URSS, las
repúblicas no rusas de la extinta Confederación, Ucrania
entre ellas, fueron sometidas a una “rusificación” mediante una
migración planificada que buscaba darle poder a la nacionalidad
rusa no sólo en el contexto de la Confederación y basado
en la mayor extensión, población y riqueza de su país,
sino con la existencia de minorías organizadas y preparadas en cada
una de las demás repúblicas. Por lo anterior, la caída
del comunismo significó también para los habitantes de tales
repúblicas el fracaso de la hegemonía r usa y es obvio que
una primera interpretación del resultado electoral en Kiev es que
el pueblo de Ucrania que votó en contra del candidato de Putin,
no quiere saber nada de los rusos.
Pero esto no es todo. Es indudable
que existe un ingrediente muy característico del capitalismo en
el conflicto. Que los Estados Unidos y las potencias de Europa han logrado
evitar que el capitalismo mafioso del Kremlim haga valer lo que considera
su área de influencias heredada de los Soviets y pretenda mantener
a Ucrania, la segunda y más importante república de la extinta
Unión Soviética, en calidad de aliada de su estrategia geopolítica
capitalista. Para los intereses de los grandes consorcios empresariales
de Occidente y los político-militares del Pentágono, Rusia
es hoy un rival en la disputa de los mercados y zonas estratégicas
de la antigua URSS.
Esta situación pone de presente
un hecho paradójico e inquietante. Que la vuelta al capitalismo
de la sexta parte del mundo –la antigua Unión Soviética—
en lugar de disminuir el peligro de una guerra mundial nuclear, que se
mostraba como posible durante la llamada “guerra fría”, haya derivado
en una nueva pugna capitalista por el reparto de los mercados y que Rusia
esté –como Irak y el mundo árabe y más adelante China—
en la mira de los ojos del águila imperial norteamericana. La historia
se repite. Pero esta vez no es Hitler ni la infernal máquina de
guerra del nazismo puesta al servicio del capital germano, sino Bush y
sus magnates y generales, quienes no vacilarán en exponer al mundo
a una conflagración con tal de evitar el colapso de su economía,
hoy la más endeudada del planeta.
Cabe entonces preguntarse: ¿Eran
las pretensiones fallidas del movimiento comunista de derrotar al capitalismo,
durante la guerra fría, o es el capitalismo con su voracidad,
la principal fuente de guerras y posible causa del exterminio de la civilización?
El comunismo dejó de ser el enemigo para la Casa Blanca. Los enemigos
son la Rusia post-comunista –con su arsenal nuclear—y a la cual pretende
disputarle los mercados de las demás repúblicas de
la antigua URSS; el mundo árabe con sus riquezas petroleras; los
países de América dueños del 27% del agua del mundo
por su creciente actitud multipolar, y mañana lo será la
China capitalista, con sus mil millones de consumidores, si ésta
continúa en su política de expansión comercial que
ya toca predios latinoamericanos. La perspectiva para la paz mundial no
es, pues, muy halagüeña.
5 de enero de 2005
Antonio
Mora Vélez
Escritor colombiano
antonio_moravelez@yahoo.com.ar
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