Enseñanzas
del Tsunami
Antonio
Mora Vélez
El hombre
es una pequeña y nociva criatura que cabalga arrogante sobre un
planeta vivo. La razón y la ciencia, que son su obra magna, no son
suficientes para preservar su vida. Y su futura existencia civilizada depende
–más que de su actitud política y moral-- de la Naturaleza,
vale decir, de los movimientos de las llamadas placas tectónicas
o del azaroso y destructor impacto de un cuerpo sideral, dos de los probables
desenlaces que se pueden producir en el futuro y que el cine de Hollywood
ha mostrado con la belleza tenebrosa que caracteriza a los filmes apocalípticos.
Los estudiosos de los fenómenos
telúricos han advertido, y desde hace años, que varias regiones
del planeta están condenadas a perecer devoradas por el mar. Las
costas del Pacífico americano, una de ellas, porque en dichas costas
se produce el encuentro de las placas del pacífico y las americanas
del norte y del sur. De modo que ciudades como Los Ángeles, San
Francisco, Guayaquil y Valparaíso, están condenadas a ser
sepultadas en el fondo del mar. Tan cierto como el sacudimiento reciente
de las poblaciones costeras del Sudeste asiático, víctimas
del tsunami generado por el terremoto ocurrido en las profundidades del
Océano Índico.
Tales encuentros tectónicos
son viejos. La cordillera de Los Andes es un producto de la "subducción"
de la placa pacífica en la placa suramericana, y los sistemas montañosos
alpinos en Europa y las elevadas cumbres del Himalaya en Asia, una consecuencia
del choque entre las placas africana e indo-australiana contra la llamada
placa euroasiática. Cuándo un movimiento de las citadas placas
va a ocasionar una catástrofe de mayor envergadura, es algo que
no se puede predecir en términos exactos pero si vaticinar para
períodos de gran tiempo. Y esto es lo que han hecho los científicos
basados en la teoría de los movimientos de las placas tectónicas.
La que sí resulta fortalecida
con lo ocurrido en Indonesia es la posibilidad de que estemos ad portas
de un fenómeno de gran trascendencia, mucho más tenebroso
que lo ocurrido hasta ahora, y que el tsunami del Océano Índico
sea apenas un movimiento preliminar. También la necesidad de tomar
medidas, con la ayuda de las ciencias, para prevenir las consecuencias
mortales del desastre anunciado. Y la política de estudiar más
a la Naturaleza y de vivir en consonancia con sus enseñanzas, antes
de que ella nos cobre el irrespeto de no tenerla en cuenta. El hombre,
como dijimos al comienzo, es un pequeño y soberbio animal que se
cree el centro del universo y que no ha querido aprender que su presencia
en La Tierra es circunstancial, aleatoria, y en modo alguno necesaria ni
providencial; que es la consecuencia del azaroso impacto de un meteorito
que acabó con la vida de los dinosaurios y que le abrió el
camino a la posterior evolución de los mamíferos que nos
antecedieron. Y que de la misma manera aleatoria como surgimos, podemos
desaparecer.
11 de enero de 2005
Antonio
Mora Vélez
Escritor colombiano
antonio_moravelez@yahoo.com.ar
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