Antonio Mora Vélez - rodelu.net
11 de enero de 2005
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Enseñanzas del Tsunami
Antonio Mora Vélez
El hombre es una pequeña y nociva criatura que cabalga arrogante sobre un planeta vivo. La razón y la ciencia, que son su obra magna, no son suficientes para preservar su vida. Y su futura existencia civilizada depende –más que de su actitud política y moral-- de la Naturaleza, vale decir, de los movimientos de las llamadas placas tectónicas o del azaroso y destructor impacto de un cuerpo sideral, dos de los probables desenlaces que se pueden producir en el futuro y que el cine de Hollywood ha mostrado con la belleza tenebrosa que caracteriza a los filmes apocalípticos.

Los estudiosos de los fenómenos telúricos han advertido, y desde hace años, que varias regiones del planeta están condenadas a perecer devoradas por el mar. Las costas del Pacífico americano, una de ellas, porque en dichas costas se produce el encuentro de las placas del pacífico y las americanas del norte y del sur. De modo que ciudades como Los Ángeles, San Francisco, Guayaquil y Valparaíso, están condenadas a ser sepultadas en el fondo del mar. Tan cierto como el sacudimiento reciente de las poblaciones costeras del Sudeste asiático, víctimas del tsunami generado por el terremoto ocurrido en las profundidades del Océano Índico.

Tales encuentros tectónicos son viejos. La cordillera de Los Andes es un producto de la "subducción" de la placa pacífica en la placa suramericana, y los sistemas montañosos alpinos en Europa y las elevadas cumbres del Himalaya en Asia, una consecuencia del choque entre las placas africana e indo-australiana contra la llamada placa euroasiática. Cuándo un movimiento de las citadas placas va a ocasionar una catástrofe de mayor envergadura, es algo que no se puede predecir en términos exactos pero si vaticinar para períodos de gran tiempo. Y esto es lo que han hecho los científicos basados en la teoría de los movimientos de las placas tectónicas.

La que sí resulta fortalecida con lo ocurrido en Indonesia es la posibilidad de que estemos ad portas de un fenómeno de gran trascendencia, mucho más tenebroso que lo ocurrido hasta ahora, y que el tsunami del Océano Índico sea apenas un movimiento preliminar. También la necesidad de tomar medidas, con la ayuda de las ciencias, para prevenir las consecuencias mortales del desastre anunciado. Y la política de estudiar más a la Naturaleza y de vivir en consonancia con sus enseñanzas, antes de que ella nos cobre el irrespeto de no tenerla en cuenta. El hombre, como dijimos al comienzo, es un pequeño y soberbio animal que se cree el centro del universo y que no ha querido aprender que su presencia en La Tierra es circunstancial, aleatoria, y en modo alguno necesaria ni providencial; que es la consecuencia del azaroso impacto de un meteorito que acabó con la vida de los dinosaurios y que le abrió el camino a la posterior evolución de los mamíferos que nos antecedieron. Y que de la misma manera aleatoria como surgimos, podemos desaparecer.

11 de enero de 2005

Antonio Mora Vélez
Escritor colombiano
antonio_moravelez@yahoo.com.ar

 
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