| La
Tercera de Chile - 23 de enero de 2005
El suicidio de Germán Barriga
Muñoz
sacudió al Ejército
y volvió a poner en la agenda
la situación de los procesados
por DD.HH.
El secreto
que guardaba
el coronel
(R) que se lanzó al vacío
Aunque en los tribunales el ex
miembro de la Dina Germán Barriga optó por no colaborar,
el año 2000 se había acercado al Ejército para entregar
información a la Mesa de Diálogo sobre cuerpos de detenidos-desaparecidos
arrojados al mar. Su suicidio lo preparó cuidadosamente.
Ana
María Sanhueza y Diana Huerta
| El lunes 17 de enero
Germán Barriga Muñoz trabajó hasta poco antes de las
10 de la mañana en su computador. A Judith Cosmelli, su esposa,
no le llamó la atención que estuviera sentado frente a la
pantalla. Era una rutina del coronel (R), aficionado a la tecnología.
Le gustaba enviar emails a sus amigos y a sus tres hijos y estar informado
de los últimos adelantos digitales, sobre todo si se trataba de
cámaras fotográficas.
Barriga se despidió a las
10 en punto de su mujer. "Voy a hacer unos trámites", le dijo.
En su escritorio dejó tres
CD y un sobre blanco que decía "abrir cuando". Su esposa no los
vio sino hasta la tarde, cuando su hija María Isabel los encontró.
Germán Barriga (59) llevaba
tres semanas buscando trabajo. Quedó cesante el 28 de diciembre
de 2004, cuando la empresa D&S, donde hacía clases a los guardias
de seguridad de sus supermercados, le informó que su contrato no
sería renovado. 17 días antes, frente al local, la comisión
Funa había hecho una manifestación en su contra: "No compre
en Lider... financia torturadores", decían los panfletos junto a
su nombre, su fotografía y carnet.
Era la tercera vez que perdía
su trabajo y la segunda que lo "funaban". Su paso por la Brigada Purén
de la Dina y la CNI manchaban su currículum y, a partir de 2003,
cuando se iniciaron sus procesamientos por cuatro casos de violaciones
a los DD.HH., también sus antecedentes personales.
"Todos tenemos un límite para
soportar cosas de esta vida. Estoy llegando a ese extremo, porque donde
voy sólo encuentro trabas. Me cortan los caminos laborales y sufro
una implacable persecución política (...) Todos dicen que
las instituciones funcionan, que los tribunales apliquen la ley, cuando
el problema no es judicial, es político, y nadie es capaz de cortar
el queque", escribió el 15 de diciembre en un email a su hija María
Isabel.
"Abrir cuando"
Los amigos del coronel (R) se sorprendieron
al enterarse que el hombre que el 17 de enero se lanzó desde el
piso 18 de un edificio a un costado de la Escuela Militar, era Germán
Barriga. Sabían que pasaba por un momento difícil. Su mujer
sufre una serie de enfermedades crónicas que lo obligaban a gastar
en remedios y tratamientos cerca de 500 de los 690 mil pesos mensuales
de su jubilación. A ello se sumaba la falta de trabajo y sus procesamientos.
Pero no pensaron que estuviera al borde del suicidio.
Ni la familia ni los amigos habían
tomado en serio un par de frases que Barriga repetía constantemente:
"Prefiero morir a ir preso", y "esta persecución se va a acabar
sólo cuando me muera".
Sus abogados Marcelo Cibié,
quien lo defendía por el caso Calle Conferencia, y Gustavo Collao,
en los homicidios de Jorge Lamich y Héctor García, tampoco
se percataron de los planes de su cliente.
Cibié lo vio por última
vez después de Navidad. Barriga le llevó una botella de wisky
de regalo. |
- |
El fallo de
la Suprema
que inquietaba a Barriga
Desde noviembre, el coronel (R) Barriga
estaba particularmente complicado por sus problemas judiciales. Pensaba
que, de seguro, el fallo que dictó ese mes la Sala Penal de la Corte
Suprema, cuando condenó a la plana mayor de la Dina sin aplicar
la amnistía en el secuestro del mirista Miguel Angel Sandoval, marcaría
también su destino.
"(El caso Sandoval) me hace pensar
que correré la misma suerte. Y peor, ya que lo mío no es
por un secuestrado, sino por doce que, según la justicia e instituciones
que funcionan en Chile, yo mantengo secuestrados", escribió a su
hija María Isabel en un correo electrónico en diciembre.
Los condenados fueron cinco ex Dina:
Manuel Contreras, Miguel Krassnoff, Marcelo Moren Brito, Fernando Laureani
y Gerardo Godoy. Todos están a días de ingresar a Punta Peuco.
Los tres primeros asistieron al funeral de Barriga.
Aunque en la justicia chilena no
existe la jurisprudencia, tanto en el mundo de los DD.HH. como en el militar,
esa resolución se esperaba con ansiedad. Era la prueba final para
saber si la Suprema ratificaría la tesis del secuestro calificado
para los casos de detenidos desaparecidos, o aplicaría la ley de
amnistía, creada por el régimen militar para cubrir los delitos
perpetrados entre 1973 y 1978.
Los supremos habían dejado
su postura como un gran misterio en junio de 2000, cuando desaforaron a
Augusto Pinochet por el caso Caravana de la Muerte.
Esa vez, una mayoría del pleno
sólo afirmó que los detenidos-desaparecidos permanecían
secuestrados mientras no aparecieran sus cuerpos y que la amnistía
y la prescripción, de aplicarse, sólo correrían al
final de la investigación y una vez identificados a los responsables.
Ese planteamiento dio espacio a los
jueces de causas de derechos humanos para procesar por secuestro calificado.
Y ahora, tras el fallo de Sandoval, saben que pueden condenar por ese mismo
delito, incluso aplicando tratados internacionales sobre crímenes
de lesa humanidad.
La única duda pendiente a
estas alturas es si la Suprema tampoco aplicará la amnistía
en caso de homicidios, en los que los cuerpos ya están identificados. |
|
-Estaba más serio, más
parco, desilusionado. Fue una decisión premeditada. Salió
de la casa con las cartas escritas, convencido.
Dos semanas antes de que saltara
al vacío, María Isabel quedó preocupada con el semblante
de su padre, que evitaba traspasar sus problemas a la familia. Era reservado.
También lo fue con su trabajo en la Dina.
-Lo encontré deprimido, pero
a su manera: no me dijo nada. Lo fui a ver, porque por el teléfono
lo noté compungido. Llevaba tres semanas tratando de conseguir trabajo
y todas las respuestas eran "no".
Pero un asado familiar que Barriga
organizó junto a su esposa, el 14 de enero, cambió la percepción
de María Isabel. El coronel (R) se veía especialmente animado.
Hasta aprovechó de tomar fotografías.
No dejó nada al azar. "Lo
hizo como todo lo que hizo en su vida: programado, claro, preciso y efectivo.
Se fijó una misión, definió un procedimiento y lo
previó todo. Era un oficial de Estado Mayor... ¡y comando!",
dice uno de sus amigos, el general (R) Julio Cerda.
El martes 11 de enero, Cerda y otros
dos amigos almorzaron con Barriga para ofrecerle un pequeño capital
para que iniciara un nuevo negocio. Ya sabían que su empresa de
seguridad, con la que había trabajado para Lider y la Autopista
del Sol, tendría que cerrar en marzo, porque Carabineros no le renovaría
el permiso en vista de sus procesamientos.
-Se fue bien contento. Ibamos a volver
a vernos más adelante- cuenta Cerda.
Pero Barriga tenía otras intenciones.
El domingo 16 fue a la Iglesia Santa Teresa de Los Andes. Se confesó
y comulgó. Un día después subió al piso 18
del edificio simulando ser un posible comprador.
Tan planificado fue su suicidio,
que en el sobre que dejó sobre su escritorio con la frase "abrir
cuando", guardó su argolla de matrimonio, una cadena, un reloj,
sus documentos y varias instrucciones a la familia sobre cómo pagar
las cuentas, a quién llamar tras saber de su muerte y cómo
continuar con el tratamiento de su esposa Judith.
También dejó tres cartas:
una para su mujer, otra para los amigos y la última a la opinión
pública: "No quiero ser un cacho viviente, lleno de dificultades
y malestares sin solución en esta vengativa sociedad (...) Me han
perseguido y presionado para sacarme de mis últimos tres trabajos.
Desde que estoy en retiro, se fueron cerrando totalmente las posibilidades
laborales... todo por vivir y cumplir órdenes en el gobierno militar".
El secreto de Barriga
El 27 de diciembre de 2004 fue la
última vez que Barriga pisó Tribunales. Iba una vez al mes
a firmar el libro de procesados bajo fianza.
En los expedientes del caso Calle
Conferencia, Barriga está identificado como uno de los agentes más
"duros" de la Dina, junto a sus superiores: el general (R) Manuel Contreras,
los brigadieres (R) Pedro Espinoza y Miguel Krassnoff y el coronel (R)
Marcelo Moren Brito.
En junio de 2003, Guzmán lo
encausó por la desaparición de la cúpula del PC en
1976. Le imputó 12 secuestros calificados y lo sometió a
prisión. Luego, la magistrada María Stella Elgarrista lo
procesó por los homicidios de Jorge Lamich y Héctor García;
Raquel Lermanda lo hizo por el secuestro de Julia Retamal, y Joaquín
Billard por la desaparición de Miguel Rodríguez.
"Don Jaime" o "Capitán Silvio"
eran sus chapas en la Dina. Así aparece en los expedientes de Guzmán
y también en los del juez Alejandro Solís, quien lo interrogó
en noviembre como inculpado y le preguntó, nombre por nombre, por
170 desaparecidos en Villa Grimaldi.
"No tengo antecedentes", respondió.
Estaba a punto de ser procesado.
Hasta esta semana, el coronel (R)
era sólo uno más de los cerca de 160 ex uniformados procesados,
pero tras su última decisión dejó de ser uno más.
La forma en que murió lo convirtió en una suerte de símbolo
dentro del Ejército, al punto que la catedral castrense se repletó
para su funeral. En éste coincidieron al actual Alto Mando, encabezado
por el comandante en jefe (S) del Ejército, Javier Urbina, y varios
ex Dina, la mayoría a punto de entrar a cumplir condenas.
La señal de Barriga sacudió
a otros ex uniformados procesados, que piden que sus casos se aceleren.
Según acaba de constatar la Corte Suprema, un 90% de las causas
está aún en sumario, y sólo un 10% en su fase final.
Su suicidio puso el tema en la agenda: el gobierno, a través del
Vicepresidente José Miguel Insulza, señaló la necesidad
de agilizar las causas.
Pero Barriga guardaba un secreto,
que fue otro motivo por el que su suicidio provocó fuerte conmoción
al interior del Ejército: su colaboración en la Mesa de Diálogo
el 2000, en la que entregó, según fuentes militares y un
alto personero de gobierno, información sobre el destino de detenidos
desaparecidos lanzados al mar. Sus datos fueron incorporados en el informe
que entregó la institución a esa instancia y que hablaba
de 180 víctimas, 130 de ellas arrojadas a las aguas. Esos antecedentes
fueron remitidos a la Suprema, que los derivó a jueces especiales.
Su colaboración con la mesa,
en la que la protección de su identidad estaba garantizada por ley,
contrastó con su actitud en tribunales, donde sí arriesgaba
condenas, sobre todo después que la Suprema dejara sin efecto práctico
la Ley de Amnistía (ver recuadro).
Frente a los jueces, que habían
establecido en sus procesamientos su presunta participación en desapariciones
y torturas en sus procesamientos, Barriga nunca entregó información.
Aunque sí reconoció haber trabajado en la Dina como jefe
de la Brigada Purén y señaló los nombres de sus superiores
-Contreras, Krassnoff, Moren Brito y Gerardo Urrich-, nunca reveló
quién le dio las órdenes. Y aunqe negó su participación
en las desapariciones, admitió haber perpetrado detenciones sólo
de "manera extraordinaria, como en Fiestas Patrias, 11 de septiembre y
el Te Deum".
Declaró que era "analista",
es decir, lo que la mayoría de ex Dina dicen en los tribunales:
"Mis labores eran más que nada de registro y conseguir información
(...) Trabajaba con fuentes abiertas, no con información de otras
vías, como libros o papeles incautados en allanamientos".
Su principal reconocimiento fue asumir
que ejecutó algunas operaciones, aunque sin especificarlas. "Participé
en tres operativos de la Dina, que derivaron en detenciones de personas",
declaró hace unos meses, pero negó haber visto heridos en
los centros de detención.
Lo que lo distanciaba nítidamente
de otros ex agentes era su trato con los jueces. Mientras Contreras, Moren
o Krassnoff, ironizaban cuando eran procesdos ("tengo a los secuestrados
debajo de mi cama", han dicho algunos encausados), Barriga tenía
otro tono.
Su relación con el Alto
Mando
Otro factor que acrecentó
el impacto de su muerte fue la cercana relación del coronel (R)
con varios miembros del actual alto mando, a quienes conoció en
sus diferentes destinaciones. Después de su paso por la Dina y la
CNI, entró a la Academia de Guerra en 1978. Más tarde cumplió
una misión en Punta Arenas, y luego fue comandante del ex Regimiento
de Infantería N°15 de Calama.
El general Juan Carlos Salgado, ex
representante del Ejército en la Mesa de Diálogo, es el padrino
de su hija menor, y el general Urbina, jefe del Estado Mayor, fue su compañero
en la Academia de Guerra.
En 1999, Barriga -ya retirado- trabajó
a contrata en la Dirección de Inteligencia del Ejército (Dine).
Era analista internacional, pero el 2002 fue despedido después de
que la entonces ministra de Defensa, Michelle Bachelet, le pidiera a Cheyre
desvincularlo de la institución junto a otros ex uniformados en
retiro conectados con casos de DD.HH., como los brigadieres Jaime Lepe
y Miguel Krassnoff.
El viernes, el comandante en jefe
del Ejército, Juan Emilio Cheyre, interrumpió sus vacaciones
para visitar a la familia de Barriga y entregarle personalmente sus condolencias.
"No tuve amistad social con el coronel
Barriga. No nos visitábamos en nuestras casas, pero sí tuvimos
un año de diferencia en la Escuela Militar y un año de diferencia
en la Academia de Guerra. Coincidí con él cuando ambos fuimos
subtenientes en la Escuela de Infantería; nos casamos prácticamente
en la misma época, mandábamos regimientos en una misma división",
dijo Cheyre a La Tercera.
Dos efectos
La muerte de Barriga y el modo que
reaccionó Cheyre trajo -en el análisis del Gobierno- dos
hechos nuevos. El primero es que la desaprobación hacia la forma
en que Augusto Pinochet ha actuado respecto al problema de los DD.HH.,
preocupándose sólo de su situación personal, no sólo
está instalada en el actual Alto Mando, sino que también
se ha extendido hacia los demás procesados, que esta semana lo criticaron
por "haberlos dejado solos".
El segundo tiene que ver directamente
con el general Cheyre, quien tras condolerse con la realidad de las familias
de las víctimas y hacer dos gestos históricos el 2003 y el
2004, primero con su "nunca más" y luego con el reconocimiento de
la responsabilidad institucional en las violaciones a los DD.HH., debió
esta semana enviar señales hacia el interior del Ejército
y a las familias de los oficiales encausados.
A inicios de diciembre, mientras
Cheyre preparaba su discurso para el seminario sobre DD.HH. que tendría
lugar el 10 de ese mes en la Escuela Militar, su esposa, María Isabel
Forestier, se encontró con Barriga en el hospital institucional
y le comentó a su marido lo apesadumbrado que lo había visto.
Cheyre escribió, pensando en él, un párrafo de ese
mensaje: "Conozco a algunos que se alejaron de la recta doctrina. No obstante
censurar su actuar, no puedo olvidar que ellos soñaron vivir su
vocación en una realidad diferente. El comprobar las frustraciones
de proyectos de vida truncados, el peso de las conciencias, el dolor de
las familias, la pérdida de la ilusión, me lleva a exponer
(esa realidad) ante esta audiencia".
El día de Navidad, Cheyre
visitó la cárceles de Punta Peuco y Peñalolén
para expresarle a condenados y procesados -como él mismo había
dicho antes- que el Ejército, "en todo lo debido y en nada de lo
indebido", no los ha abandonado. Tras la muerte de Barriga, es probable
que esos gestos se repitan. |