| Periodista
Digital de España - 6 de febrero de 2005
Los 800.000 extranjeros
instalados en la capital en los
últimos 10 años,
imprescindibles para la vida
cotidiana de la ciudad
¿Qué
pasaría si Madrid
se quedara
sin inmigrantes?
Antonio
Jiménez Barca El País
¿Qué pasaría si
en la ciudad californiana de Los Ángeles desaparecieran los
inmigrantes? Ya hay respuesta. Está en la película mexicana
Un día sin mexicanos, estrenada en agosto en Estados
Unidos: sin el trabajo de los latinoamericanos, la ciudad se vendría
abajo.
La cuestión es trasladable.
¿Qué pasaría si de la noche a la mañana desaparecieran
en Madrid los inmigrantes que viven en esta Comunidad? En 1980,
eran 30.500. Hace 15 años, 61.500. Pero ahora son casi 800.000.
La inmensa mayoría reside en la capital y en su corona metropolitana.
No todos están regularizados.
Para los que no tienen papeles, mañana es un día especial:
se abre el plazo para lograr el permiso de residencia si demuestran que
tienen un contrato de trabajo y están empadronados antes de agosto.
Todos, regulares y irregulares, forman un colectivo que se ha hecho imprescindible:
cuidan enfermos, son mensajeros, camareros, levantan edificios...
Sin ellos, la capital no funcionaría.
Lo que sigue es un intento de reconstruir una hipotética jornada
de caos. La de un día laborable sin inmigrantes.
- Tres de la mañana. Alarma
en Mercamadrid. La fruta llega de todo el mundo a esta megadespensa
del tamaño de una ciudad, pero hoy no hay suficientes brazos para
bajarla de los camiones y apilarla en los puestos. Tampoco para servirla
a su vez a las furgonetas de las fruterías, de los supermercados
o de las contratas de los colegios que se encargan, ya de amanecida, de
repartirla y ponerla al alcance de los compradores.
De 1.800 hombres cuyo trabajo
es cargar fruta en Mercamadrid, a razón de 1.000 euros al mes, falta
casi la mitad. Todos inmigrantes. Algo parecido, aunque de menor gravedad,
ocurre en el hangar del pescado, donde, por cierto, la semana pasada, a
causa del frío, tuvieron que sumergir el marisco en cubetas de agua
porque se helaba al aire de la nave. Hoy faltan más de 150 hombres:
de Europa del este, de África, de Latinoamérica. Adam Dziaduch,
polaco de 41 años, es uno de los más veteranos y de los más
fuertes. Viste ropas de escalador para soportar el frío y cubre
su cabeza rapada con una gorra de béisbol de lana. Lleva más
de 10 años estibando pescado.
- Siete de la mañana.
Un barrio entero con basura. Mientras en Mercamadrid cunde la alarma,
los residentes de un barrio de Chamberí encuentran basura en los
portales. La empresa en la que trabaja Somalia Pujals, de Santo Domingo,
no ha podido funcionar: el 100% de su plantilla, sus 40 trabajadores son
dominicanos y marroquíes. Se encargan de sacar los cubos de basura,
de limpiar los portales. "Yo sola me hago 12 al día", comenta Pujals,
que tiene 31 años y lleva cinco en España. Por toda la región
hay oficinas llenas de basura, vestíbulos sucios, empresas, ambulatorios,
clases de universidad cuajadas de desperdicios... Sólo en la Comunidad
de Madrid hay más de 38.000 trabajadores inmigrantes con papeles
que se ocupan de limpiar.
- Ocho de la mañana. La
construcción se paraliza. El colapso se extiende. La construcción
se paraliza. Se ha volatilizado un ejército de 50.000 personas (más
de 100.000 si se cuentan los irregulares), todos inmigrantes, que mantienen
vivo este sector. No hay entre ellos arquitectos, ni casi oficiales de
segunda, ni encargados. Son peones. El 90% de todos los peones que trabajan
en la región son inmigrantes, según Comisiones Obreras. Cargan
escombros, limpian el terreno, acarrean materiales o vallan los perímetros.
Es una tarea sencilla, pero dura. E importante.
Sin ellos no avanzan las obras. El
martes pasado, en un polígono industrial de Coslada, 30 trabajadores
tomaban el bocadillo: Cola-cao, platos de carne, frijoles... Todos son
ecuatorianos y marroquíes. Todos cobran 840 euros al mes. Empiezan
a las ocho. Acaban a las seis. "Yo era mecánico de aviación
en Ecuador. Y no renuncio a volver a serlo", aseguraba, mientras comía,
Marcos Jaramillo, de 39 años.
Desde los 33 es peón en España.
"Las empresas sólo quieren peones", se queja Johnny Molla, de 28
años. Desde los 23 está en España. A su lado, un veterano
sindicalista de CC OO, Matías Martínez, intentaba convencerles
para que crearan un comité de empresa: "Es como volver a los años
setenta".
- Diez de la mañana. La
marea alcanza a los despachos. A esas alturas, la alarma ya ha llegado
a los más importantes despachos de la ciudad. Porque sin inmigrantes,
no sólo se paraliza la construcción de viviendas. También
se quedan sin manos, entre otras, la reforma del Estadio Olímpico
(piedra angular del 2012), la ampliación del metro (promesa de la
presidenta regional, Esperanza Aguirre) o el enterramiento y mejora de
parte de la M-30 (proyecto estrella del alcalde, Alberto Ruiz-Gallardón).
En uno de los tramos de esta
última, en la plaza del Conde de Casal, trabajaba el miércoles
un batallón de nigerianos y guineanos especializados en trenzar
estructuras de hierro para que sujeten el hormigón. Y cerca de ellos,
cuatro bolivianos y cuatro ecuatorianos se ocupaban de soldar estructuras
metálicas. Uno de ellos, Abel Montesinos, de 38 años, confirma:
"Aquí no hay españoles. Será por el sueldo. Y al que
pide alza en la paga, igual lo ponen en la calle". Toda su familia está
aquí. Su mujer cuida niños. Su cuñada, enfermos.
- Mediodía. No llegan los
recados. Para aumentar el caos, hay documentos que se remiten y no
llegan, paquetes que no alcanzan su destino. Los inmigrantes también
copan el sector de la mensajería. Sobre todo los que se desplazan
en ciclomotor (los que tienen furgonetas son españoles). En la empresa
MRW, en su sucursal de Sáinz de Baranda, por ejemplo, de 125 trabajadores,
12 son inmigrantes. Cada uno de ellos hace 30 viajes al día. No
es raro que tengan que transportar de urgencia material quirúrgico
a hospitales o piezas dentales a dentistas que las precisan en ese momento.
Hoy todo tiene que esperar.
- Tres de la tarde. No se come.
En cada establecimiento de la cadena Vips trabajan de media 15 cocineros
por turno. Sólo tres son españoles. Los restaurantes, hoteles
y cafeterías de Madrid se han quedado sin personal. Unos 30.000
inmigrantes con papeles trabajan en ellos en Madrid. María del Carmen,
dominicana de 30 años, se encarga de hacer paellas, junto con otros
cuatro compatriotas, en una arrocería del centro. "Habría
camareros para servir, pero ¿quién iba a hacer la comida
si faltásemos?", se pregunta.
- Cinco de la tarde. ¿Quién
recoge a los niños? Y sin embargo, la comida puede esperar.
Hay cuestiones más importantes que atender. A lo largo de la jornada,
28.000 empleadas del hogar con permiso de trabajo (UGT calcula que con
las irregulares llegan a 100.000) no se han presentado. Esto se traduce
en 100.000 problemas multiplicándose exponencialmente. Basta fijarse
en un caso: Adelaida Vargas, de Bolivia, de 32 años, llega a las
nueve menos cuarto a una vivienda del barrio del Retiro.
Allí se ocupa del más
pequeño, Ignacio, de seis meses, mientras el padre lleva al colegio
a los dos mayores (de tres y dos años). Gracias a que Adelaida se
queda con el más pequeño y va a buscar a los otros dos al
colegio a las 17.00, el padre puede trabajar en una central telefónica
y la madre, en una compañía de seguros. Hoy, como Adelaida
no está, alguno (o los dos), habrá faltado al trabajo, con
lo que su tarea habrá quedado sin hacer..., y así hasta el
infinito.
- Medianoche. Los sueños
tranquilos. La pesadilla termina. Pronto se levantarán los de
Mercamadrid. Existen. Las decenas de miles de inmigrantes que cuidan enfermos
por la noche, como la cuñada del soldador Abel Montesinos, también
existen y van a ir a trabajar. Como existe Elisabeth Aguilera, boliviana
de 28 años. Ella se encargará de vigilar el sueño
y de comprobar que no tiene fiebre por la noche la anciana de 82 años
con la que vive.
250.000
’invisibles’
De los 765.000 inmigrantes empadronados
en la Comunidad de Madrid, actualmente sólo cotizan a la Seguridad
Social 230.000. Según el sindicato CC OO-Madrid, la regularización
de extranjeros que comienza mañana sacará a la luz en los
próximos meses a más de 250.000 inmigrantes en la región
madrileña que ahora trabajan de forma ilegal.
Los cálculos del Ministerio
de Trabajo y Asuntos Sociales apuntan a que en toda España este
proceso regularizará la situación laboral de más de
800.000 personas.
En la Comunidad de Madrid, el 70%
de estos extranjeros que serán regularizados pertenece al sector
servicios (empleadas de hogar, camareros, cocineros, vendedores, personas
que cuidan ancianos, limpiadores...); el 20%, a la construcción,
y el 5%, a la industria. |