Antonio Mora Vélez - rodelu.net
14 de febrero de 2005
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La paz no es suficiente
Antonio Mora Vélez
Entre más conozco a los hombres, quiero más a mi perro, dijo alguien desilusionado de la especie humana. Y esta es una verdad mayor en las sociedades atrasadas como Colombia, en las que el Estado ha fracasado en toda la línea, y en regiones como Sucre, donde la inmoralidad es la regla y la violencia su complemento. Por esto las denuncias que a diario hacen periodistas sobre el comportamiento de los políticos y directivos, tanto del sector público como del privado,  aparte de convencernos de lo dicho arriba, nos ponen a pensar que no basta con la desmovilización, el perdón y el olvido de los crímenes cometidos por los hombres ilegalmente armados, si continúan al frente del gobierno y de las instituciones civiles,  “los mismos con las mismas”, como decía Gaitán.

Es necesario, pues, un relevo de la clase política colombiana para que un proceso de paz produzca resultados positivos. Y una modernización de los partidos políticos, que se han convertido en una talanquera para el progreso en lugar de ser los organismos representativos de la sociedad civil y los ejecutores de sus aspiraciones desde las instancias del poder. O la aparición de nuevos partidos, modernos, organizados, serios y con nuevas ideas. De nada valdría que los grupos armados ilegales entreguen las armas si el Estado continúa siendo un botín de guerra de los politiqueros, y éstos se lo continúan robando, desprestigiándolo, alejándolo de la población con su ineficacia y desvirtuando su función principal, que en una sociedad moderna que acepta la teoría del Estado Social de Derecho, no puede ser otra que la de proporcionarle a la población seguridad y bienestar con la satisfacción de sus necesidades básicas.

Y esta es una tarea que requiere de un proceso de educación de las bases partidarias y de los electores, proceso en el cual las universidades pueden y deben jugar un papel importante, a condición de que ellas también alejen el cáncer de la politiquería de su interior y sus directivos sean ejemplo de pulcritud en el manejo de sus fondos y de respeto en sus relaciones con la comunidad académica, lo que no siempre ocurre. Y en el cual deben colaborar también los medios de comunicación, las organizaciones no gubernamentales, los sindicatos, la Iglesia, las juntas comunales, los gremios, lo mismo que los institutos de educación de los partidos pero si son manejados por la intelectualidad de dichos partidos y no por los llamados “barones electorales” que, aparte de no tener la formación, carecen del interés para hacerlo.

Es un requisito “sine qua non” para que Colombia sea una verdadera democracia que la política deje de ser el negocio sucio que ahora es y pase a ser la herramienta de transformación de la sociedad mediante partidos que actúen en esta dirección, con programas, estatutos y un ideario claro y compartido por sus bases. Y sobre todo con una estructura democrática que imposibilite la creación de los grupos familiares y el papel nefasto en la política del dinero mal habido, y le permita a su militancia, a sus profesionales, trabajadores, amas de casa, vecinos, jóvenes, tener injerencia en sus decisiones y en la selección de los candidatos a las corporaciones públicas y demás cargos de elección popular. Pero, sobre todo, con un electorado educado, independiente y crítico, que vote por ideas y programas y no por dinero o promesas de empleo, o en el peor de los casos, bajo la amenaza de los políticos armados.

Antonio Mora Vélez
Escritor colombiano
antonio_moravelez@yahoo.com.ar

 
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