La paz
no es suficiente
Antonio
Mora Vélez
Entre más
conozco a los hombres, quiero más a mi perro, dijo alguien desilusionado
de la especie humana. Y esta es una verdad mayor en las sociedades atrasadas
como Colombia, en las que el Estado ha fracasado en toda la línea,
y en regiones como Sucre, donde la inmoralidad es la regla y la violencia
su complemento. Por esto las denuncias que a diario hacen periodistas sobre
el comportamiento de los políticos y directivos, tanto del sector
público como del privado, aparte de convencernos de lo dicho
arriba, nos ponen a pensar que no basta con la desmovilización,
el perdón y el olvido de los crímenes cometidos por los hombres
ilegalmente armados, si continúan al frente del gobierno y de las
instituciones civiles, “los mismos con las mismas”, como decía
Gaitán.
Es necesario, pues, un relevo de
la clase política colombiana para que un proceso de paz produzca
resultados positivos. Y una modernización de los partidos políticos,
que se han convertido en una talanquera para el progreso en lugar de ser
los organismos representativos de la sociedad civil y los ejecutores de
sus aspiraciones desde las instancias del poder. O la aparición
de nuevos partidos, modernos, organizados, serios y con nuevas ideas. De
nada valdría que los grupos armados ilegales entreguen las armas
si el Estado continúa siendo un botín de guerra de los politiqueros,
y éstos se lo continúan robando, desprestigiándolo,
alejándolo de la población con su ineficacia y desvirtuando
su función principal, que en una sociedad moderna que acepta la
teoría del Estado Social de Derecho, no puede ser otra que la de
proporcionarle a la población seguridad y bienestar con la satisfacción
de sus necesidades básicas.
Y esta es una tarea que requiere
de un proceso de educación de las bases partidarias y de los electores,
proceso en el cual las universidades pueden y deben jugar un papel importante,
a condición de que ellas también alejen el cáncer
de la politiquería de su interior y sus directivos sean ejemplo
de pulcritud en el manejo de sus fondos y de respeto en sus relaciones
con la comunidad académica, lo que no siempre ocurre. Y en el cual
deben colaborar también los medios de comunicación, las organizaciones
no gubernamentales, los sindicatos, la Iglesia, las juntas comunales, los
gremios, lo mismo que los institutos de educación de los partidos
pero si son manejados por la intelectualidad de dichos partidos y no por
los llamados “barones electorales” que, aparte de no tener la formación,
carecen del interés para hacerlo.
Es un requisito “sine qua non” para
que Colombia sea una verdadera democracia que la política deje de
ser el negocio sucio que ahora es y pase a ser la herramienta de transformación
de la sociedad mediante partidos que actúen en esta dirección,
con programas, estatutos y un ideario claro y compartido por sus bases.
Y sobre todo con una estructura democrática que imposibilite la
creación de los grupos familiares y el papel nefasto en la política
del dinero mal habido, y le permita a su militancia, a sus profesionales,
trabajadores, amas de casa, vecinos, jóvenes, tener injerencia en
sus decisiones y en la selección de los candidatos a las corporaciones
públicas y demás cargos de elección popular. Pero,
sobre todo, con un electorado educado, independiente y crítico,
que vote por ideas y programas y no por dinero o promesas de empleo, o
en el peor de los casos, bajo la amenaza de los políticos armados.
Antonio
Mora Vélez
Escritor colombiano
antonio_moravelez@yahoo.com.ar
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