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25 de febrero de 2005
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Página12 de Argentina - 25 de febrero de 2005

Dictamen del INADI contra el obispo Baseotto

Otra mancha
en la historia negra del vicario castrense

En una homilía del año pasado, el obispo que ahora quiere tirar al mar al ministro de Salud cargó contra los musulmanes. Fue denunciado en el Inadi. Su titular concluyó que el obispo es “discriminador” y que sus dichos coinciden con “el núcleo ideológico de la última dictadura”. El caso es el nuevo exponente de su conducta: Baseotto acumula acusaciones de antisemitismo, vinculaciones con represores y justificaciones de los “excesos” de la dictadura. Aquí, Página/12 revela su historia.

Mariana Carbajal
El Instituto Nacional contra la Discriminación y la Xenofobia (Inadi) está a punto de firmar un durísimo dictamen contra el obispo castrense, monseñor Antonio Baseotto, según adelantó ayer a Página/12 el titular del organismo, Enrique Oteiza. Lo acusará de violar la Ley Andiscriminatoria, la Constitución Nacional y hasta la Declaración Universal de los Derechos del Hombre en la homilía que dio en la misa de cierre de la última peregrinación del personal militar a la Basílica de Luján. En ese sermón, el prelado desplegó un discurso “integrista” y disparó contra la inmigración musulmana a Europa, a la que responsabilizó de producir “un tembladeral” y llevar al Viejo Continente a “una agonía inexorable”. Tras estudiar el caso, Oteiza fue concluyente: “Ese texto es la fundamentación doctrinaria del autoritarismo, su núcleo ideológico coincide de manera plena con la orientación que guió a la última dictadura militar”. Denuncias de antisemitismo en su juventud, estrechos vínculos con el juarismo, relaciones con el ex represor Antonio Musa Azar, justificaciones de los “excesos” de la represión ilegal y un sinnúmero de expresiones polémicas conforman la historia negra de la máxima autoridad de la Iglesia Católica para asistir espiritualmente a las Fuerzas Armadas.
La denuncia ante el Inadi fue presentada por uno de los vicepresidentes de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH), Miguel Monserrat, por la homilía que Baseotto pronunció el 7 de octubre último durante la misa que coronó la peregrinación de militares a Luján. Según crónicas periodísticas, lo escucharon en la Basílica el ministro de Defensa y los jefes de las Fuerzas Armadas. En un pasaje del sermón, centrado en el auxilio que puede encontrar la política en la religión, Baseotto sentenció: “La exigencia de identidad brota de la situación histórica por la que pasa nuestra patria en un mundo globalizado y confuso. Y brota de nuestra fe. En una Europa desdibujada en su identidad, que ha renunciado a sus raíces cristianas, el fenómeno musulmán produce un tembladeral y la lleva a una agonía inexorable, a un colapso como pueblo. Es hora de escarmentar en cabeza ajena y apostar por ser nosotros mismos. El coqueteo con una izquierda sin sustento ni prestigio después del Muro de Berlín y del desguace de la URSS, las ambigüedades mezcladas de complejo de inferioridad de un pluralismo anónimo e indefinido, el propiciar un diálogo que concluye inexorablemente en renuncias claudicantes ...”.
En su presentación, el directivo de la APDH hizo hincapié en las dos frases resaltadas. “Además de la flagrante discriminación hacia la fe religiosa del Islam –señaló Monserrat en la denuncia–, estas declaraciones tienen una clara connotación amenazante y macartista, con la indisimulada y peligrosa intención de condenar el pluralismo y el diálogo, que son valores y herramientas insustituibles de la convivencia democrática del pueblo argentino.” 
El fragmento fue analizado en el Inadi. Como es trámite habitual, el organismo convocó al denunciado para que hiciera su descargo. “En general, en situaciones similares, los denunciados suelen decir que sus declaraciones fueron sacadas de contexto o no fueron reproducidas con fidelidad. Pero monseñor Baseotto en ningún momento se desdijo. Y sostuvo que las realizó en un acto meramente religioso y cultural, carente de un ánimo discriminatorio, y se escudó en su status eclesiástico”, detalló el titular del Inadi en diálogo con Página/12. Luego de estudiar el caso, la conclusión del organismo fue contundente. “No cabe ninguna duda del carácter discriminatorio del texto, que está agravado porque se trata de un funcionario público, que depende de la Presidencia de la Nación, y cobra un sueldo del Estado, y que por su función castrense ejerce una influencia en la construcción de los valores de los integrantes de las Fuerzas Armadas. Es un discurso antidemocrático, y violador de los derechos humanos fundamentales”, evaluó Oteiza. Y agregó: “Esta noción de que la identidad nacional está ligada de manera integrista a una religióndeterminada, que considera al pluralismo como una amenaza disolvente y que califica a otra religión como portadora del mal, contiene los rasgos fundamentales que contribuyeron a conformar la ideología que durante la última dictadura militar llevó al terrorismo de Estado”. El dictamen contra Baseotto se firmará en los próximos días. 

DEVOTO JUARISTA Y MENEMISTA

La primera denuncia por discriminación Baseotto la recibió en su juventud –en años del alfonsinismo–, cuando todavía no había sido ordenado obispo de Añatuya, pero ya era cura de aquella diócesis santiagueña. El religioso se encargaba del cierre de programación dominical del Canal 7 de la capital provincial, propiedad del poderoso empresario Néstor Ick, de aceitadas relaciones con el régimen de los Juárez. “Desde ese lugar se despachó en distintas oportunidades con expresiones antisemitas”, recordó ante Página/12 David Scaliter, actual presidente de la Sociedad Israelita de Santiago y su titular en aquel momento. Por aquellos dichos, la entidad presentó una denuncia contra el sacerdote ante la DAIA. “Nunca pidió disculpas y se escudó en sus fueros eclesiásticos”, señaló Scaliter.
En Añatuya, una de las regiones más pobres del país, Baseotto pasó 27 años. Los diez últimos, como obispo de la diócesis, hasta noviembre de 2002 cuando fue designado por el Papa al frente de la vicaría castrense. En Santiago era un clásico su enfrentamiento con el fallecido monseñor Gerardo Sueldo, a cargo de la otra diócesis de la provincia, la de Santiago del Estero, y conocido en su tierra como “el obispo de los pobres”. Nunca Baseotto aceptó firmar los durísimos documentos contra el gobierno de los Juárez que promovía Sueldo. En el ámbito eclesiástico santiagueño lo recuerdan como un fervoroso defensor de aquel régimen. 
Mientras monseñor Sueldo creaba la Secretaría Diocesana para los Derechos Humanos, desde donde se denunciaron casos de gatillo fácil, detenciones arbitrarias, la aplicación de tormentos y apremios ilegales en comisarías santiagueñas y la persecución de opositores políticos en tiempos del reinado de Musa Azar como secretario de Seguridad de la provincia, Baseotto no dudaba en alabar el desempeño del comisario general y mano derecha de los Juárez, actualmente acusado del delito de homicidio cuádruplemente calificado en perjuicio de Patricia Villalba, una de las víctimas del doble crimen de La Dársena. 
En una carta fechada el 21 de octubre de 2002 –a la que tuvo acceso Página/12–, el obispo de Añatuya le expresa a Musa Azar que es “consciente de su competencia y de su buen criterio, avalado por años de trabajo”. En otra esquela, enviada para saludarlo para las fiestas, destacaba el deseo de que el nuevo año “siga siendo de mutua colaboración”. Este último documento forma parte de la veintena de cajas presentadas por el secretario de Derechos Humanos de la Nación, Luis Duhalde, al Congreso Nacional, y que constituyeron los fundamentos para intervenir la provincia el 1º de abril de 2004.
Baseotto se mostraba como un devoto simpatizante del menemismo. “En reuniones de obispos del NOA en los que se fustigaban políticas de gobierno en áreas sociales o educativas siempre era él contra todos los obispos. Baseotto era el único que defendía al menemismo”, señaló a Página/12 uno de los obispos testigos de aquellos encuentros. 
El informe de la delegación santiagueña del Programa Nacional Anti-Impunidad, que coordina el abogado Luis Santucho, acusa al Obispado encabezado por Baseotto de participar en el encubrimiento de un crimen, en el que estaba implicado un policía. “Durante el menemismo Baseotto se olvidó repentinamente de su pública condición de antisemita, había muchos miles de motivos, teniendo en cuenta que quien firmaba los Aportes del Tesoro Nacional (ATN) era precisamente Carlos Corach, el ministro del Interior que más tiempo estuvo disponiendo de esos fondos, muchos de los cuales fueron a parar a las misteriosas cuentas del Obispado”, señala el documento elaborado por el organismo, en mayo de 2004. El uso de la alegoría bíblica contra el ministro Ginés González García no sorprendió en Santiago. “Nunca escuché a Baseotto durante la dictadura militar ni en la época del juarismo en Santiago del Estero decir que a algún militar había que ponerle una piedra al cuello y tirarlo al mar. Esos crímenes y esas muertes parece que no lo escandalizaban”, declaró el presbítero Mario Ramón Tenti, párroco de la iglesia de Mailín, de la capital santiagueño, en declaraciones al Nuevo Diario. 
Las expresiones polémicas han sido una constante en sus homilías. En la misa por los muertos por la Patria oficiada en la catedral castrense el 10 de diciembre último justificó el terrorismo de Estado de la última dictadura militar. “Se trató de una guerra. Y en una guerra es imposible evitar los excesos.”
Antes, todavía como obispo de Añatuya, se expidió sobre las leyes de salud sexual y reproductiva, sancionadas en distintas provincias, que obligan al Estado a entregar gratuitamente anticonceptivos. “Legitiman la prostitución” y “responden a una mentalidad ante la cual la del tristemente recordado nazismo quedaría pálida”.



La cita era falsa

El padre Luis Rivas, estudioso de los textos bíblicos, aportó un dato que acrecienta la polémica generada por las escandalosas expresiones del obispo castrense contra el ministro de Salud, Ginés González García. Según explicó a Página/12, la alegoría bíblica usada por Baseotto ni siquiera sería textual. La parte de “merecer” ser “tirado al mar” sería una licencia poética del prelado. “Jesús está hablando del pecado del scandalon, que en griego es la piedra con la que se tropieza, y se refiere a la situación en la que con una palabra o con un gesto se induce a otro a pecar o perder la fe. Los que se abusan de los pequeños y los inducen a pecar o perder la fe, dice Jesús, ‘más les valdría ponerles una piedra de molino al cuello –que era una de las penas de muerte de aquella época– que enfrentarse al juicio de Dios, que sería más grave”, dijo Riva.
Es decir, el sacerdote negó que la cita bíblica dijera que la persona “merecería” el castigo de la muerte, sino que le convenía antes que el juicio de Dios. También negó que incluyera la acción de arrojarlo al mar.



La carta del escándalo

Buenos Aires, 17 de febrero de 2005

Señor ministro de Salud Pública
Doctor Ginés Mario González García

De mi consideración:
Me han hecho llegar la transmisión de una entrevista que Ud. sostuvo con un periodista el 14 de este mes.
Como deja la impresión de que el único obispo que dice las cosas es el Arzobispo de La Plata, por la presente quiero informarle que sobre el aborto, la anticoncepción, la corrupción de menores, etc., se ha pronunciado el Episcopado Argentino en repetidas ocasiones, y el papa Juan Pablo II en toda oportunidad que se ofrece. Lo hizo la semana pasada ante la nueva embajadora de Holanda. El 10 de enero decía en el discurso al cuerpo diplomático acreditado ante la Santa Sede: “En estos últimos años el desafío de la vida se está haciendo cada vez más amplio y crucial. Se ha centrado particularmente en el inicio de la vida humana, cuando el hombre es más débil y debe ser protegido mejor... La posición de la Iglesia apoyada en la razón y la ciencia es clara: el embrión humano es un sujeto idéntico al niño que va a nacer y el que ha nacido a partir de ese embrión. Por lo tanto, nada que viole su integridad y dignidad es éticamente admisible.
Usted es médico. Sabe perfectamente que el feto en gestación tiene ADN propio, ni del padre, ni de la madre. Suyo propio. Es una persona humana. Al privarlo de la vida se está pisoteando su derecho humano primordial.
La multiplicación de los abortos que usted propicia con fármacos conocidos como abortivos es apología del delito de homicidio... Cuando usted repartió públicamente profilácticos a los jóvenes, recordaba el texto del Evangelio donde nuestro Señor afirma que “los que escandalizan a los pequeños merecen que les cuelguen una piedra de molino al cuello y lo tiren al mar”.
Usted afirma que es para prevenir el sida. Todos queremos que nadie sea aquejado por semejante enfermedad. Pero usted sabe –como lo sabe toda persona medianamente informada– que los poros de látex permiten el paso del virus. Y no son la barrera que tanto pregona la industria del látex que mueve cifras millonarias.
Y al facilitarles a los jóvenes e inducirlos en la vida sexual prematura, de hecho los están induciendo a contagiarse de la enfermedad que dicen combatir. ¿Por qué nunca dicen que ser casto, dueño de sí mismo, es el medio más eficaz para prevenir el sida? ¿O cree que ningún joven es capaz? ¿No lo están haciendo ya en Estados Unidos, donde ya están de vuelta de esta libertad suicida?
Señor ministro, lo menos que puedo decir es que es anticientífico propiciar el aborto: asesinato de hombres inocentes, que distribuir profilácticos es propiciar el libertinaje sexual y difundir impunemente el sida, que es ampliar el mercado de los que negocian y lucran con la salud física y moral de nuestra juventud.
Se está contribuyendo a la degradación de nuestra sociedad, con los mismos principios de los emperadores romanos: panes et circenses. Pan queda poco si no propiciamos la cultura del trabajo. Circo nos sobra...
A buen entendedor, pocas palabras.
Saluda a Ud. atte.

Mons. Antonio Juan Baseotto
Profesor de Biología y obispo castrense



El pedido, formalizado

El Gobierno formalizó ayer ante el nuncio apostólico, Adriano Bernardini, el pedido para que el Vaticano cambie al obispo castrense, Antonio Baseotto, quien dijo que al ministro de Salud, Ginés González García, habría que “colgarle una piedra al cuello y tirarlo al mar” por su opinión favorable a la despenalización del aborto.
El canciller Rafael Bielsa fue el encargado de transmitir al nuncio Bernardini la solicitud del jefe de Estado en la que requiere la renuncia del obispo. Fuentes oficiales admitieron que el Estado argentino consideró que se trataba de “declaraciones insoportables” por su aparente referencia a los “vuelos de la muerte” durante la última dictadura, en los que se arrojaba personas vivas al mar.
Durante la reunión, celebrada al mediodía durante 25 minutos en el despacho del titular del Palacio San Martín, y de la que también participó el secretario de Culto, Guillermo Olivieri, el nuncio “tomó nota” del pedido presidencial y se “comprometió a elevarlo” al Vaticano.
Fuentes de la Cancillería señalaron que Bielsa le expuso al representante del Vaticano que la renuncia de Baseotto “sería del agrado del Presidente”, quien esperaba que ese Estado “vea la forma de resolver” cómo cambiar al vicario castrense.
Ayer, tanto el jefe de Gabinete, Alberto Fernández, como el ministro del Interior, Aníbal Fernández, negaron que el pedido del Gobierno de relevar al obispo castrense genere un conflicto con la Iglesia. Alberto Fernández aseguró que “de ninguna manera” esta solicitud afectará la relación entre la Argentina y la Iglesia, mientras que el titular de la cartera política agregó que los dichos del obispo castrense fueron “una alegoría que no le hace bien a nadie” y consideró que “el país necesita reconciliar sus instituciones y sus sociedades”.
La solicitud de renuncia del vicario constituye el primer pedido de un presidente de la Nación en ese sentido. Pero la historia de la relación entre la Iglesia y la Argentina registra la expulsión de dos obispos, uno durante el mandato del general Juan Domingo Perón, en 1955, y el segundo en 1884, durante el mandato del presidente Julio Argentino Roca.



Un silencio sospechoso
Fortunato Malimacci *
La mayoría de los analistas hacen el planteo al revés y dicen que Baseotto está solo, por eso no lo apoyaron desde la Iglesia. Pero hay que pensarlo desde el otro lado: nadie de la Iglesia salió a decir una palabra en su contra. Sería esperanzador que hubiera algún dirigente católico local o internacional que fuera capaz de invertir los conceptos. Preguntar por qué tomaron esta actitud es no conocer a la Iglesia Católica. Funciona como un cuerpo en el que se tratan de defender unos a otros y no son capaces de aceptar una opinión pública disidente con sus creencias. El 1º de marzo de 2003, un grupo numeroso de sacerdotes y organismos de Derechos Humanos les pidió a los obispos argentinos que tomaran una sanción contra Baseotto, que fue a pedir a la Corte Suprema que no anulara las leyes de Obediencia Debida y Punto Final. Y no dijeron nada, hicieron un total silencio. 
En la misa por los Muertos por la Patria del 10 de diciembre de 2004, en un tramo de su discurso dice “y en este marco pedimos hoy por quienes fueron víctimas del terrorismo y la subversión”, entre cuyos integrantes “hubo idealistas y delincuentes. Fue una guerra, y es imposible evitar los excesos en una guerra”. Este obispo realiza este tipo de declaraciones continuamente a las Fuerzas Armadas. Un estado democrático no puede admitir que este señor esté en el obispado castrense. Pero si hay algo que me preocupa más es que ni desde el nuncio ni desde la Conferencia Episcopal Argentina haya salido alguien a desmentirlo. ¿Será que están todos de acuerdo? ¿Será que piensan lo mismo? No está solo Baseotto.
Dado que el catolicismo argentino no es capaz de autocriticarse y sancionar a los que cometen este tipo de infamias, es muy importante que sea el propio Estado el que defiende los valores democráticos y los Derechos Humanos sancionando a este tipo de persona. Por eso estoy totalmente de acuerdo con la decisión del Gobierno. Es importante que tenga una política activa con respecto a pronunciamientos de unos obispos que transitan el área de lo delictivo. A su vez, la metáfora de tirar a alguien al mar con una piedra atada nos retrotrae a los años de la dictadura. Esa no es una metáfora casual, sigue mostrando las complicidades que hubo y que hay entre sectores militares y del catolicismo que no son capaces de aceptar la democracia. No ayudan a la convivencia ni a la pluralidad. Espero que por este caso no haya una crisis entre la Iglesia y el Estado. Espero que los espíritus democráticos primen sobre los intolerantes y se llegue a una solución, que es la de sacar a este obispo.
Sus palabras son ofensivas para aquellos que creemos en la democracia, la pluralidad y el respeto, y para aquellos que sufrieron el terrorismo de Estado de la dictadura militar al mencionar lo de atar una piedra. Las posturas de Baseotto, en la medida en que no son criticadas, le hacen un enorme daño a la credibilidad de la Iglesia Católica. Es clarísimo, innegable. Lo mismo sucede con los partidos políticos cuando cometen infamias y no se retractan.

* Sociólogo.

 
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