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8 de marzo de 2005
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Coletillas al Margen

Movilización consistente en Sudamérica

Carlos Angulo Rivas
El auspicio, la probabilidad y la predicción del cambio político, económico y social están planteados en la voluntad de los regímenes progresistas de la región (Argentina, Brasil, Cuba, Panamá y Venezuela). Con la juramentación de Tabaré Vásquez como presidente de la república de Uruguay, un socio más se incorpora a la lucha de la unidad contra la primacía de la globalización, el neoliberalismo y las privatizaciones a raja tabla; con mayor exactitud contra el “capitalismo salvaje” que hasta el propio Juan Pablo II criticó con severidad, encíclica en mano, no hace mucho desde El Vaticano. 

Una fórmula imbatible se viene dando como un fenómeno de características peculiares: unidad del pueblo, organización y liderazgo innovador en unos casos y revolucionario en otros. De esta forma la democracia viene adquiriendo un perfil verdadero y cuando más democracia tengamos mediante la participación plena de los electores, mucho más definida será la opción del progreso, la libertad, la igualdad, la solidaridad y sobre todo la de los derechos ciudadanos. Exigir referendos, revocatorias de mandatos, legalidad constituyente, cumplimiento de la ley, moralidad y compromiso real con la salud, la educación y el trabajo, son mecanismos de alegato popular que se han puesto de moda, tan de moda como el neoliberalismo y la globalización en el sentido opuesto. Esta novedad en el contexto político de la actual lucha contra el imperialismo, se produce, por lo demás, a través de la movilización consistente de las masas, configurándose así como la única alternativa viable de los cambios imprescindibles para salir de la pobreza, la humillación y la postergación. 

Las armas de los pueblos del mundo no son las bombas, ni los misiles, ni los aviones, ni los tanques, ni los buques de guerra, sí son, en cambio, el número superlativo de los seres humanos que los conforman y la indiscutible conciencia moral que poseen. Justamente de eso se trata, de la participación, de la colaboración y de la comunicación entre el Estado y el pueblo en el arte de gobernar. Y donde se observa con toda claridad esta fórmula imbatible de avanzar, remando contra la corriente, es en la revolución bolivariana del presidente Hugo Chávez, precisamente allí donde la clase política tradicional, que tanto daño hace a América Latina, ha sido destituida con sus propias armas de la democracia representativa y las elecciones como rebuscado sinónimo de ella. Derrotada esta clase política en sus propias madrigueras y en todo lo que los políticos tradicionales saben hacer con los pactos, los arreglos, los tinglados, los sobornos, la corrupción y sus engaños, en Venezuela no les queda sino el crimen político, el sabotaje, el terrorismo y la intervención armada de potencias extranjeras, como bien advertidos y preparados están Hugo Chávez y los que se juegan por un proceso creador, original y revolucionario que ya nadie puede ignorar.   

Pero algo desentona en esta dinámica progresista de la región: el grupo central andino. Allí los pueblos, si bien permanecen movilizados y hastiados del abuso de los gobiernos no representativos, no encuentran el liderazgo conductor que los libere de la clase política tradicional y sus opacos y corruptos líderes políticos. El gobierno colombiano de Álvaro Uribe es un caso perdido de entreguismo y sumisión a la Casa Blanca, país donde la presencia de las guerrillas de la FARC y el ELN justifica, en la visión norteamericana, el Plan Colombia, el armamentismo, la violación de los derechos humanos y la represión al movimiento popular y sindical con desapariciones y asesinatos a sus líderes. Sin embargo, en Bolivia, Ecuador y Perú, con experiencias de movilizaciones masivas capaces de cambiar el rumbo de la historia como en los casos de las destituciones presidenciales de Sánchez de Lozada, Jamil Mahuad y Alberto Fujimori, las posibilidades de un cambio de rumbo significativo son evidentes y todo depende de los pueblos mismos que empezaron a no creer en las artimañas de los demócratas ilegítimos. En estos tres países la movilización de las masas está latente, sobre todo después de la farsa, el fraude y la estafa que significan gobernantes como Mesa, Gutiérrez y Toledo. En Bolivia y Ecuador se apunta a las cabezas con acierto, en el Perú la situación es indefinida y difusa.

Perú: hay que destituirlos

Son varias las sutilezas usadas por Toledo y la clase política representada en el Congreso para paliar la enorme crisis del gobierno. En realidad los gobernantes, engolosinados con el poder y la corrupción, no perciben que los muros de contención del pueblo son demasiado débiles y en cualquier momento pueden romperse. La calma ciudadana, propio relax del verano en el hemisferio sur, fue bien aprovechada por Alejandro Toledo y la obscena clase política peruana. El primer día del año los sorprendió el levantamiento de Antauro Humala y su equipo de reservistas, quienes tomaron por la vía armada la estación policial de la ciudad de Andahuaylas en una clara demostración ofensiva que exigió la convocatoria a una Asamblea Constituyente, la renuncia del presidente y un gobierno provisional que terminara con la ausencia del Estado de Derecho, habida cuenta de seguir siendo gobernados por el estatuto dictatorial del delincuente prófugo Alberto Fujimori. 

La asonada conmovió la escena política nacional. Los defensores del inmoral y disoluto sistema actual cerraron filas en torno al decrépito gobierno toledista porque en la salvación de éste corre la salvación de todos. Las encuestas de popularidad de enero y febrero apenas se publicaron por la vergüenza de su significado. Todos los poderes del Estado tienen menos del diez por ciento de representatividad y los individuos que los conforman, por esta razón, están impedidos de seguir jugando con los destinos de la nación. El presidente de la república apenas bordea el cinco y medio por ciento en Lima y Callao y a nivel nacional las cifras son tan dramáticas que se confunden con el error estadístico de cualquier encuesta seria. 

Hablando con la verdad en la mano no existe en el país legitimidad, ni representatividad ni legalidad, sin embargo, se continúa moviendo la mecedora al compás de las maniobras palaciegas concertadas con el parlamento y acompañadas por la prensa televisada, radial y escrita. Hermoso juego de ajedrez de diferentes movidas y ensayos a fin de mantener en el pueblo la esperanza de un posible cambio de rumbo que llegaría con un futuro gobierno mediante las elecciones del 2006. La fórmula de la oposición de dar oxigeno a Toledo para llegar fresca a la reubicación de los mismos personajes tradicionales en enraizados en la podredumbre del Estado, la inmoralidad y la corrupción, está más que cantada. El gobierno por su parte juega la misma partida al “defender la democracia que tanto ha costado restablecer” y ante cualquier tacha a la desastrosa gestión ha inventado el “complot contra la democracia”. Tanto a los congresistas como a los ministros y al presidente habría que preguntarles ¿qué democracia hay por defender, la regida por el estatuto dictatorial de Fujimori? ¿La de la sumisión total al FMI y las transnacionales como programa económico, donde Toledo prometió “rostro humano”, trabajo y el famoso “chorreo” a los más necesitados? ¿La de la inmoralidad y la corrupción generalizada? ¿El Estado de Derecho inexistente donde no subsiste una Constitución válida ni se ha dado los pasos hacia la transición democrática prometida?     

La asonada de Humala puso en el disparadero al gabinete ministerial en su conjunto y jugueteando a la indignación, los congresistas de oposición interpelaron al furibundo ex fujimorista Carlos Ferrero Costa, hoy primer ministro de Toledo, al ministro del Interior Reátegui (que renunció) y al ministro de defensa Chiabra. Al final del debate los parlamentarios llegaron a la conclusión de evitar una censura en aras de mantener la “gobernabilidad” y anunciaron como pretexto el dejar en libertad a Toledo para que cambie su gabinete empezando por el jefe. Nada de aquello ocurrió. Toledo enfrió el partido demorándose lo que quiso para luego recién a fines de febrero cambiar a cuatro ministros intrascendentes, dejando al voraz tránsfuga ex fujimorista como su primer ministro; además soltó la primicia del controvertido plan Pro Perú (limosna de treinta dólares mensuales a los más pobres). ¿Cómo oponerse a un programa de caridad masiva en un país donde más del cincuenta por ciento no tiene para el sustento diario? ¿A un año de las elecciones generales, no es esta propuesta limosnera una forma de comprar votos de manera licenciosa, insolente y cínica? ¿No es acaso buscar respaldo popular cuando las encuestas ya lo han censurado repetidas veces como gobernante?

Por sentido común, en un país donde la miseria se ahonda y reina a la vuelta de la esquina se debe aprobar una ayuda social que, lógicamente, debería ser universal; es decir, un derecho ciudadano como el “welfare” de los países desarrollados, donde reciben fondos del Estado todos los ciudadanos que no tiene trabajo y de acuerdo a sus cargas familiares. Sin embargo, una ayuda mediante el colador de la discriminación donde recibirán sólo los escogidos por el gobierno o por las iglesias o por cualquier institución que se forme, significa un engaño multitudinario y desvergonzado. Si se trata de un programa serio, la ayuda social tiene que ser permanente y universal, algo imposible por el momento en el Perú por cuanto nadie conoce quienes son los más necesitados ni todos están registrados de acuerdo a las normas mínimas del empleo o desempleo, más aún cuando el sesenta por ciento del Producto Bruto Interno del país se genera en el confuso sector informal de la economía. 

Como se observa día a día, la colosal estafa del gobierno de Toledo y los congresistas que lo sostienen por sus intereses personales y de grupo, es evidente. La propuesta Pro Perú, en última instancia la limosna para que lo dejen en el poder hasta el fin de su mandato, cumpliendo el papel de encomendero de George W. Bush firmando el TLC y apoyando el ALCA, es la admisión más contundente del fracasado programa económico, que como Carlos Menem en Argentina mostraba cifras macroeconómicas positivas cuando el país estaba quebrado. Es por ese motivo que Toledo, ante la falta de “chorreo” y trabajo, se cobija ahora en el dispendio o despilfarro a secas de fondos del Estado inexistentes, sujetos a nuevos préstamos y aprobación congresal. Y lo peor, de manera irresponsable y politiquera: la de comprar apoyo popular ante la necesidad primaria de la gente. Y aclaremos una cosa más ¿Puede llamarse exitoso el programa neoliberal de Toledo-Kuczynski, de sujeción al FMI y al consenso de Washington, cuando este gobierno recibió una deuda pública de 24,700 millones de dólares y al cabo de tres años y medio esa misma deuda marca los 30,300 millones? ¿Es concebible hablar de éxito económico cuando el país se ha endeudado con Toledo-Kuczynski por 5,600 millones de dólares más en ese corto periodo? ¿Va a continuar, el ciudadano norteamericano, ministro de Economía Kuczynski, emitiendo más y más bonos soberanos para sus negociados con la banca extranjera a la cual sirvió como excelso funcionario? 

No señores. Los meses que le faltan a Toledo para terminar su mandato quieren ser saltados a la garrocha y en los próximos años con el gobierno que sea tendremos la obligación de honrar pagos muy elevados de la deuda externa, imposibles de cumplir digamos si no es a través de un enorme “paquetazo” de medidas draconianas de las que tenemos recuerdos muy desagradables. Si no decimos la verdad ahora ¿quién pagará esta hipoteca de las generaciones del futuro por única responsabilidad de la incompetencia de Toledo y su afortunado ministro Kuczynski? ¿Acaso no es cierto que ante la falta de una reforma tributaria que reordenara las finanzas públicas (eliminando las concesiones y la liberación de impuestos a las transnacionales), el mayor endeudamiento nacional ha sido para financiar el déficit fiscal y cero de inversión en infraestructura? 

Papel de la izquierda

Aparte de las maniobras de la clase política para sostener a Toledo en la búsqueda desesperada de un relevo ordenado (2006) que la favorezca, los partidos tradicionales ya han iniciado la campaña electoral. La incompetencia y la putrefacción, la debacle del país, la falta de ordenamiento jurídico y la no iniciada transición democrática interesa un comino en la perspectiva del futuro reparto de la manzana podrida. ¿Tanto puede agradar una manzana podrida? Lamentablemente sí, con sus gusanos y todo. De los principales grupos señalados por la prensa, con posibilidades de agarrar la mayor tajada putrefacta, todos sin excepción profesan el credo continuista de la política neoliberal y buscan desesperados “frentes sociales o republicanos”. Exactamente por ello mismo, la espera de las elecciones constituye una nueva estafa nacional y la realización de ellas en las actuales circunstancias de desbarajuste político, económico y social, realmente un crimen agraviado donde los damnificados seremos todos. ¿Por qué participar de una catástrofe anunciada?

El espacio político de la izquierda, debido al desengaño con Alejandro Toledo, luego del empeño puesto de manifiesto en la caída de la dictadura de Fujimori, es sumamente amplio. Enorme potencialmente hablando. El masivo descontento popular se inclina hacia el cambio verdadero, de ninguna manera camina a favor de una renovada estafa nacional de Castañeda, Florez Nano, Paniagua o Alan García. A ese generoso espacio político de izquierda le falta liderazgo y al liderazgo de la izquierda, manifiesto en los intentos de unidad partidaria, en la movilización sindical, campesina y de los frentes regionales, le falta llenar ese espacio político deseoso de dirección. En este sentido las jornadas de protesta exigiendo reivindicaciones laborales o políticas a un gobierno agotado y terminal carecen de significación, salvo se combinen con el objetivo principal de atacar el problema de fondo (práctica boliviana): el relevo inmediato de Toledo y la salida de la Asamblea Constituyente y el gobierno provisorio.

La necesidad de la Asamblea Constituyente la reclaman todos los grupos políticos y sindicales de la izquierda. Y la única forma de lograr ese objetivo primordial es, que duda cabe, mediante la movilización consistente hacia ese propósito, inicio de la posibilidad del cambio verdadero. La izquierda como alternativa de gobierno necesita apuntar al poder, no a las dádivas del poder. El liderazgo unitario debe ser más pragmático que ideológico, más concreto que disperso, más original que tradicional, más político que sindical. Las masas están preparadas, los dirigentes tienen el deber histórico de corresponderle como en Venezuela, Brasil, Uruguay y Argentina. Subirse al coche de la derecha para ir a las elecciones de cola y no de cabeza, es ni más ni menos que participar en la estafa nacional que se prepara para el 2006, donde en el mejor de los casos se les premiará a los dirigentes izquierdistas con tres o cuatro asientos en un parlamento dominado íntegramente por la putrefacta clase política actual.

El proceso de cambio revolucionario es ante todo una intención sólida, una correspondencia a la acción de las masas movilizadas, una corriente popular frente al desencanto político de más de veinte años de ejercicio neoliberal sin resultados positivos no sólo en el Perú sino en toda la región. La desintegración de la izquierda nos lleva a movimientos y luchas aisladas, aunque importantes, manejables por el gobierno a través del aparato del Estado y las instituciones afines (incluida la prensa radial, escrita y televisada). Sigamos el ejemplo cercano de Uruguay y Brasil, donde el espacio político de la izquierda fue llenado con algunos elementos progresistas de centro, elementos izquierda moderada y otros radicales, en una línea triunfadora en lo electoral como el primer paso de apertura a la gran avenida del progreso social.

7 de marzo de 2005

Carlos Angulo Rivas
reppam@sympatico.ca

 
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