Los
diálogos
de Jorge
Luis Borges con Osvaldo Ferrari
José
Luis Hereyra Collante
Anteanoche
estuvimos dialogando Guillermo Tedio y yo en su casa en Barranquilla, sentados
en la alta terraza mientras allá abajo se sucedía una ciudad
de luces y de angustias. Tejiendo una inconsciente retrospectiva de nuestros
afanes de toda la vida a través de la literatura, de los amigos
y los ex amigos, de la esperanza, de su gran revista web “La casa de Asterión”
y de si hay acaso un “futuro”. Como homenaje fraterno me hizo un valioso
regalo, dos libros, de esos que son para siempre: “King Lear” de Shakespeare,
en una versión original británica en inglés del siglo
XV o “King James English”, y “Diálogos” de Jorge Luis Borges con
Osvaldo Ferrari (Seix Barral, 1992). Como este libro ni su editorial tienen
la monstruosa desfachatez del trinomio enfermizo García Márquez-Random
House-Mondadori de pretender que les paguen cada vez que se abra un ejemplar,
así sea en las bibliotecas públicas, comparto con ustedes
algunas frases del siempre genial maestro argentino.
“El diálogo es uno de los
mejores hábitos del hombre, inventado como casi todas las cosas
por los griegos. Es decir, los griegos empezaron a conversar, y hemos seguido
desde entonces. Ahora, en esta semana, he advertido que si usted se propuso
a través de las letras o si las letras se propusieron a través
de usted un vasto conocimiento del mundo, yo me he embarcado en un
conocimiento no menos vasto al tratar de conocer a Borges para que todos
lo conozcan mejor. Bueno, "conócete a ti mismo", etcétera,
etcétera, sí, como dijo Sócrates, contra Pitágoras,
que se jactaba de sus viajes. Por eso Sócrates dijo: "Conócete
a ti mismo", es decir, es la idea del viaje interior, no del mero turismo
que yo practico también desde luego. No hay que desdeñar
la geografía, quizá no sea menos importante que la psicología.
“Casi todos los escritores tratan
de ser contemporáneos, tratan de ser modernos. Pero eso es superfluo
ya que, de hecho yo estoy inmerso en este siglo, en las preocupaciones
de este siglo, y no tengo por qué tratar de ser contemporáneo,
ya que lo soy. De igual modo, no tengo por qué tratar de ser argentino,
ya que lo soy, no tengo por qué tratar de ser ciego ya que, bueno,
desgraciadamente, o quizás afortunadamente, lo soy...
“Mis actos, yo no sé.
La verdad es que he obrado de un modo tan irresponsable... Usted dirá
que lo que yo escribo no es menos irresponsable, pero yo trato de que lo
sea, ¿no? Además, tengo la impresión de vivir... casi
de cualquier modo. Aunque trato de ser un hombre ético, eso sí.
Pero mi vida es bastante casual, y trato de que mi escritura no sea casual,
es decir, trato, bueno, de que haya algo de cosmos, aunque sea esencialmente
el caos. Como puede ocurrir con el universo, desde luego: no sabemos si
es un cosmos, o si es un caos. Pero, muchas cosas indican que es un cosmos:
tenemos las diversas edades del hombre, los hábitos de las estrellas,
el crecimiento de las plantas, las estaciones, las diversas generaciones
también. De modo que cierto orden hay, pero un orden... bastante
pudoroso, bastante secreto, sí.
“Sí, quizá sea
la sangre protestante que tengo, ¿no? Creo que en los países
protestantes es más fuerte la ética. En cambio, en los países
católicos se entiende que los pecados no importan; confiesan, a
uno lo absuelven, uno vuelve a cometer el mismo pecado. Hay un sentido
ético, creo, más fuerte entre los protestantes. Pero quizá
la Ética sea una ciencia que ha desaparecido del mundo entero. No
importa, tendremos que inventarla otra vez.
“Yo tengo mucha dificultad para
escribir, soy un escritor muy premioso, pero precisamente eso me ayuda,
ya que cada página mía, por descuidada que parezca, presupone
muchos borradores. Yo, el otro día, estuve dictándole
algo y usted habrá visto cómo me demoro en cada verbo, cada
adjetivo, cada palabra. Y, además, en el ritmo, en la cadencia,
que para mí es lo esencial de la poesía.
“Es una ambición del
hombre, yo creo: la idea de vivir fuera del tiempo. Pero no sé si
es posible, aunque dos veces en mi vida yo me he sentido fuera del tiempo.
Pero puede haber sido una ilusión mía: dos veces en mi larga
vida me he sentido fuera del tiempo, es decir, eterno. Claro que no sé
cuánto tiempo duró esa experiencia porque estaba fuera del
tiempo. No puedo comunicarla tampoco, fue algo muy hermoso. Sí,
no es concebible la eternidad; así como, quizá, hablamos
del infinito pero no es concebible por nosotros, aunque sí podemos
concebir lo inmenso...
“Bueno, en cuanto a lo infinito,
digamos, lo que señaló Kant: no podemos imaginarnos que el
tiempo sea infinito, pero menos podemos imaginarnos que el tiempo empezó
en un momento, ya que si imaginamos un segundo en el que el tiempo empieza,
bueno, ese segundo presupone un segundo anterior, y así infinitamente
Ahora, en el caso del budismo, se supone que cada vida está determinada
por el karma tejido por el alma en su vida anterior. Pero, con eso nos
vemos obligados a creer en un tiempo infinito: ya que si cada vida presupone
una vida anterior, esa vida anterior presupone otra vida anterior, y así
infinitamente. Es decir, no habría una primera vida, ni tampoco
habría un primer instante del tiempo.
“Y, en todo caso, el tiempo
es más real que nosotros. Ahora, también podría decirse
y eso lo he dicho muchas veces que nuestra sustancia es el tiempo,
que estamos hechos de tiempo. Porque, podríamos no estar hechos
de carne y hueso: por ejemplo, cuando soñamos, nuestro cuerpo físico
no importa, lo que importa es nuestra memoria y las imaginaciones que urdimos
con esa memoria. Y eso es evidentemente temporal y no espacial”.
20 de marzo de 2005