José Luis Hereyra Collante - rodelu.net
22 de marzo de 2005
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Los diálogos
de Jorge Luis Borges con Osvaldo Ferrari
José Luis Hereyra Collante
Anteanoche estuvimos dialogando Guillermo Tedio y yo en su casa en Barranquilla, sentados en la alta terraza mientras allá abajo se sucedía una ciudad de luces y de angustias. Tejiendo una inconsciente retrospectiva de nuestros afanes de toda la vida a través de la literatura, de los amigos y los ex amigos, de la esperanza, de su gran revista web “La casa de Asterión” y de si hay acaso un “futuro”. Como homenaje fraterno me hizo un valioso regalo, dos libros, de esos que son para siempre: “King Lear” de Shakespeare, en una versión original británica en inglés del siglo XV o “King James English”, y “Diálogos” de Jorge Luis Borges con Osvaldo Ferrari (Seix Barral, 1992). Como este libro ni su editorial tienen la monstruosa desfachatez del trinomio enfermizo García Márquez-Random House-Mondadori de pretender que les paguen cada vez que se abra un ejemplar, así sea en las bibliotecas públicas, comparto con ustedes algunas frases del siempre genial maestro argentino.

“El diálogo es uno de los mejores hábitos del hombre, inventado ­como casi todas las cosas­ por los griegos. Es decir, los griegos empezaron a conversar, y hemos seguido desde entonces. Ahora, en esta semana, he advertido que si usted se propuso a través de las letras ­o si las letras se propusieron a través de usted­ un vasto conocimiento del mundo, yo me he embarcado en un conocimiento no menos vasto al tratar de conocer a Borges para que todos lo conozcan mejor. ­Bueno, "conócete a ti mismo", etcétera, etcétera, sí, como dijo Sócrates, contra Pitágoras, que se jactaba de sus viajes. Por eso Sócrates dijo: "Conócete a ti mismo", es decir, es la idea del viaje interior, no del mero turismo ­que yo practico también­ desde luego. No hay que desdeñar la geografía, quizá no sea menos importante que la psicología.

“Casi todos los escritores tratan de ser contemporáneos, tratan de ser modernos. Pero eso es superfluo ya que, de hecho yo estoy inmerso en este siglo, en las preocupaciones de este siglo, y no tengo por qué tratar de ser contemporáneo, ya que lo soy. De igual modo, no tengo por qué tratar de ser argentino, ya que lo soy, no tengo por qué tratar de ser ciego ya que, bueno, desgraciadamente, o quizás afortunadamente, lo soy... 

 “­Mis actos, yo no sé. La verdad es que he obrado de un modo tan irresponsable... Usted dirá que lo que yo escribo no es menos irresponsable, pero yo trato de que lo sea, ¿no? Además, tengo la impresión de vivir... casi de cualquier modo. Aunque trato de ser un hombre ético, eso sí. Pero mi vida es bastante casual, y trato de que mi escritura no sea casual, es decir, trato, bueno, de que haya algo de cosmos, aunque sea esencialmente el caos. Como puede ocurrir con el universo, desde luego: no sabemos si es un cosmos, o si es un caos. Pero, muchas cosas indican que es un cosmos: tenemos las diversas edades del hombre, los hábitos de las estrellas, el crecimiento de las plantas, las estaciones, las diversas generaciones también. De modo que cierto orden hay, pero un orden... bastante pudoroso, bastante secreto, sí.

“­Sí, quizá sea la sangre protestante que tengo, ¿no? Creo que en los países protestantes es más fuerte la ética. En cambio, en los países católicos se entiende que los pecados no importan; confiesan, a uno lo absuelven, uno vuelve a cometer el mismo pecado. Hay un sentido ético, creo, más fuerte entre los protestantes. Pero quizá la Ética sea una ciencia que ha desaparecido del mundo entero. No importa, tendremos que inventarla otra vez.

“­Yo tengo mucha dificultad para escribir, soy un escritor muy premioso, pero precisamente eso me ayuda, ya que cada página mía, por descuidada que parezca, presupone muchos borradores. ­Yo, el otro día, estuve dictándole algo y usted habrá visto cómo me demoro en cada verbo, cada adjetivo, cada palabra. Y, además, en el ritmo, en la cadencia, que para mí es lo esencial de la poesía.

“­Es una ambición del hombre, yo creo: la idea de vivir fuera del tiempo. Pero no sé si es posible, aunque dos veces en mi vida yo me he sentido fuera del tiempo. Pero puede haber sido una ilusión mía: dos veces en mi larga vida me he sentido fuera del tiempo, es decir, eterno. Claro que no sé cuánto tiempo duró esa experiencia porque estaba fuera del tiempo. No puedo comunicarla tampoco, fue algo muy hermoso. Sí, no es concebible la eternidad; así como, quizá, hablamos del infinito pero no es concebible por nosotros, aunque sí podemos concebir lo inmenso...

“Bueno, en cuanto a lo infinito, digamos, lo que señaló Kant: no podemos imaginarnos que el tiempo sea infinito, pero menos podemos imaginarnos que el tiempo empezó en un momento, ya que si imaginamos un segundo en el que el tiempo empieza, bueno, ese segundo presupone un segundo anterior, y así infinitamente Ahora, en el caso del budismo, se supone que cada vida está determinada por el karma tejido por el alma en su vida anterior. Pero, con eso nos vemos obligados a creer en un tiempo infinito: ya que si cada vida presupone una vida anterior, esa vida anterior presupone otra vida anterior, y así infinitamente. Es decir, no habría una primera vida, ni tampoco habría un primer instante del tiempo.

­“Y, en todo caso, el tiempo es más real que nosotros. Ahora, también podría decirse ­y eso lo he dicho muchas veces­ que nuestra sustancia es el tiempo, que estamos hechos de tiempo. Porque, podríamos no estar hechos de carne y hueso: por ejemplo, cuando soñamos, nuestro cuerpo físico no importa, lo que importa es nuestra memoria y las imaginaciones que urdimos con esa memoria. Y eso es evidentemente temporal y no espacial”.

20 de marzo de 2005
 

José Luis Hereyra Collante
Escritor colombiano
jlhereyra@hotmail.com
 
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