Diez
años que son una historia...
Antonio
Mora Vélez
La celebración
de los diez años de El Meridiano de Córdoba son un
motivo de orgullo para sus propietarios y colaboradores, para la comunidad
cordobesa –que se ve en sus páginas como en un espejo, según
el escritor David Sánchez Juliao-- y también un motivo para
repasar a las volandas la historia del periodismo en Córdoba (Colombia),
que está llena de muchos ejemplos valiosos que también tuvieron
sus diez años pero que al final sucumbieron ante el inevitable acoso
de la iliquidez.
El Meridiano de Córdoba
--que es propiedad de la familia Salleg pero que le pertenece en el corazón
a todos los cordobeses—no nació hace diez años. Si la historia
es la secuencia de hechos concatenados, muchos de los cuales determinan
los subsiguientes, y la experiencia de nuestros antecesores sirve de algo,
El Meridiano es el fruto de un largo trecho de esfuerzos, de ideas y sentimientos,
de hombres como Rafael González Argumedo, Edilberto Kerguelén-Eka,
Santander Suárez Brango, Yadala Jalilíe Silva, y más
atrás en el tiempo, a comienzos del siglo XX, de Rafael Grandett
y Moisés Pinaud, quienes llenaron con sus ideas el espacio que hoy
llena El Meridiano con sus páginas diarias de información
y crítica.
No por modestos, sus antecesores
–desde Fiat Lux (1911) pasando por El Liberal (1946) hasta
Poder Costeño (1975)-- dejan de tener arte y parte en esta
historia. Más importante que la forma es el contenido y en esos
viejos tiempos, el mensaje de los escritores y periodistas caló
bien hondo en el corazón de los cordobeses y contribuyó a
denunciar, al menos, el engendro de exclusión, intolerancia y corrupción
que empezaba a gestarse en las entrañas de la sociedad feudal que
se resistía al cambio que la modernidad imponía y que todavìa
hoy mantiene atado a nuestro pueblo a un pasado que otros paìses
superaron hace tiempo. Sus columnistas Rafael Yances Pinedo., Edmundo López
Gòmez, Jorge Valencia Molina, Eduardo Pastrana y Edgardo Nieto Visbal,
entre muchos, y los poetas Hernando Santos Rodríguez y Guillermo
Valencia Salgado, le señalaron el rumbo a la Patria pero infructuosamente.
Pudo màs la mezquindad y el egoìsmo de las clases dirigentes
de entonces.
Por esos tiempos, el verbo encendido
era libre, e irreverente la palabra que denunciaba. El Esfuerzo
(1929) fue uno de los voceros de las ideas socialistas que por esa època
agitaba en la regiòn el sindicalista italiano Vicente Adamo y sus
editores convirtieron la bicicleta del Teniente Alfredo Navas –jefe de
la Policìa-- en símbolo de autoritarismo y de sus andanzas
"non sanctas". El Liberal (1946) fue un defensor de las ideas progresistas
de Jorge Eliècer Gaitàn, el caudillo popular asesinado, y
un òrgano de denuncia de las tropelìas cometidas por los
dirigentes y funcionarios conservadores del Sinù. Al Palacio de
Naín de Monterìa (de Gobierno) se le llamaba "Palacio de
Cachichí" y a más de un gobernador calificaron los editores
de El Rebelde (1960) de incapaz y de corrupto. Este periòdico,
òrgano del Movimiento Revolucionario Liberal, fue uno de los primeros
en saludar el triunfo de la Revoluciòn Cubana.
Hoy, cuando ya no se puede ser iconoclasta,
a menos que se quiera morir en el intento, existe la conciencia de un mínimo
compromiso ético para evitar que el Estado continúe siendo
un botín electoral, en detrimento del país y del pueblo,
que lo ve màs lejos de sus necesidades y aspiraciones. El Meridiano,
desde la orilla derecha, aporta su grano de arena a este propósito
nacional.
***
BALOTAS BLANCAS para El Meridiano
de Córdoba por haber escogido al escritor David Sánchez
Juliao y al dirigente empresarial Juan Francisco Pérez, como representativos
de la cultura y del civismo en Córdoba en este decenio de su existencia.
23 de marzo de 2005
Antonio
Mora Vélez
Escritor colombiano
antonio_moravelez@yahoo.com.ar
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