Don
Quijote vive
Carlos
Angulo Rivas
Mi amiga,
la escritora y poetisa uruguaya, Carmen Borda de Kondranski me solicitó
un artículo sobre el Quijote en el cuarto siglo de su nacimiento
o mejor dicho de su publicación. Ella se encuentra en la labor de
organizar talleres de literatura como miembro de la Comisión de
Cultura del flamante gobierno de izquierda en su país. Quehacer
importante por cuanto sin cultura y educación es |
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mucho más difícil avanzar
en el cometido principal de crear un gobierno sólido y comprometido
con el proceso de cambios revolucionarios deseado.
Este pedido me distrae un poco de
los artículos de opinión política, pero con mucho
gusto extraeré de mis recuerdos la impresión que me causó
la lectura de la monumental obra de Miguel de Cervantes Saavedra en sus
dos tomos. La primera vez fue un descubrimiento de mi juventud y la relectura,
en la madurez de mis cuarenta y ocho, hace algunos años, fue una
satisfacción incomparable porque me permitió dilucidar diferentes
aspectos del camino recorrido en mi propia vida y el de la utilización
del lenguaje como la herramienta imprescindible de comunicar los pensamientos,
las ideas, las opiniones, los conceptos, los proverbios, los refranes,
las moralejas y las anécdotas, pues todo aquello, nadie lo duda,
se da en la inspiración aguda y sutil de una sola novela: El Quijote
de La Mancha.
Mi intento será apenas una
aproximación a la difícil tarea de interpretar lo imposible
de interpretar: los sueños de la alucinación universal enfrentada
a la realidad cotidiana utilitaria, materialista, prosaica y vulgar. Cuatrocientos
años pueden haber pasado pero el Quijote de la Mancha sigue presente
transitando en el corazón sensible de la humanidad como si fuera
ayer. A perseverancia de recorrer las peripecias de nuestro caballero andante
y su fiel servidor Sancho Panza, nos damos con la fenómeno de que
ambos personajes actualizados nos siguen marcando el paso para el pensar
como cuando el príncipe Hamlet de Shakespeare lo hace con la duda
del ser o no ser. La trascendencia histórica del personaje de insigne
escritor inglés profundiza la otra manera de ver las cosas y la
vida; el príncipe Hamlet vacila, duda, no tiene certidumbre, el
Quijote no da el brazo a torcer, testifica, afirma sueños y situaciones
en una combinación de ideales fantásticos, inmateriales y
conjeturas simples.
El caballero andante o de la triste
figura como bien se llama a sí mismo en la novela, nos fija la historia
de la época. Cervantes crea y recrea un personaje cuya magnitud
universal atraviesa los siglos con la presencia antológica de dos
seres inseparables, nacido el uno para el otro; los dos en la travesía
de un mundo fantástico, idealizado en la mente magistral del optimista
perpetuo incapaz de aceptar la realidad circundante por donde viaja porque
todo lo mundano le es ajeno, tan ajeno a su mundo de nobleza sin par que
Sancho Panza, el señero escudero, no puede abandonar a su amo sin
perder su lugar en la historia de la lealtad a toda prueba. Mientras el
amo medita, imagina y evoca, el señorial criado desarreglado en
su apariencia, singular hombre del vulgo, profano e ignorante, pero sabio
en cuanto sus observaciones naturales y sencillas induce al amo, en su
recorrido eterno, a pensar en la realidad circundante que pisa cada día,
discusión llana que no acepta sino más bien aprovecha don
Quijote para recrear la andanza en la transmutación de lo real a
lo quimérico en una inmortal creación poética. Don
Quijote así se convierte en el poeta perpetuo. El hombre destinado
a repetirse en cualquier época a través de la resurrección
multiplicada en los muchos Quijotes que aún existen o de los muchos
que en el mundo han sido.
Las aventuras del ingenioso hidalgo
Don Quijote de la Mancha encierran en suma el inicio de la novela como
genero literario de largo alcance y como tal crea la línea demarcatoria
con la narración a secas de las historias reales festejadas en broma
y en serio, lugar donde la imaginación propia de la ficción
se pierde, facilismo artístico de muchos escritores contemporáneos
que usan los recursos del género para presentar sus obras como novelas.
El descubrimiento de Cervantes en esta dirección, al desarrollar
el género con mayor amplitud, llega a la unidad de todas las corrientes
y tendencias del arte novelístico del renacimiento español
hasta esa época conocido por la novela corta de origen italiano,
la novela pastoril, la comedia y la ficción teatral en general donde
destacan Lope de Vega, Góngora, el Marqués de Santillana
y otros. La publicación del Quijote es, pues, el inicio de la novela
moderna donde en una sola obra literaria de riquísimo contenido
se dan casi todas las facetas del alma humana, todas sus pasiones, todos
sus impulsos, entusiasmos y fogosidades. En realidad con esta obra se produjo
la semilla de la grandilocuencia del lenguaje castellano sin llegar a la
pedantería ni a la locuacidad ineficaz, pues en idioma satírico
se explota al máximo la imaginación pura de los personajes
y la creatividad propia de la novela. Así Cervantes es para la lengua
española lo que Shakespeare es para la inglesa en la descripción
de casi los mismos ímpetus del hombre; el amor fantasioso del Quijote
por Dulcinea como en Romeo y Julieta; los celos imaginarios como en Otello;
la ambición de ser el gran justiciero (“desfacedor de agravios y
sinrazones”) como en Macbeth el de ser el rey de los escoceses; la
graciosa duda de Sancho Panza sobre la locura de su amo como en Hamlet
y la avaricia a su alrededor que rodea a todos los venteros con quienes
se encuentran como en el Mercader de Venecia.
La mezcolanza, el revoltijo mental
del Quijote confunde a Sancho, a quien luego de sus victorias ha prometido
convertirlo en gobernador de una ínsula. Así el fiel escudero
trata en todo momento de traerlo a la realidad con razonamientos y refranes
castizos que el amo ridiculiza en el afán de demostrar su verdad
heroica incomprensible a la mente común humana. Por ello inicia
la guerra a muerte contra los molinos de viento confundidos con los malos
espíritus y los enormes gigantes del mal, a los ejércitos
que lo enfrentan con las grandes manadas de ovejas y carneros; y confunde
a la venta a donde van de posada con el gran castillo de su reino. Nacido
el Quijote para las grandes hazañas donde se cobijan los héroes,
él comienza a vivir una realidad que no acepta pero si entiende.
Paradoja del caballero de la triste figura con la que contrarresta las
muchas renuncias de Sancho y sus famosos refranes. Bien anuncia esa visión
fantástica el Quijote en sus múltiples discursos como el
de las Armas y las Artes, del cautivo y hasta en el testamento antes de
su muerte cuando todos creen que si bien vivió enloquecido falleció
totalmente cuerdo. Su lucha no comprendida enciende la polémica
sobre su locura pero “él va encantado en esa carreta no por sus
culpas y pecados, sino por la mala intención de aquellos a quienes
la virtud enfada y la valentía enoja.”
También de esta interpretación
del caballero loco culto y sabio frente al humilde escudero, campesino
e iletrado, nace la chispa sutil del poblador común y corriente
que perdura cuatrocientos años después en nuestros días,
pues quien no reconoce en el refrán la dicción de una verdad
apropiada entre líneas de la conversación cotidiana. Sancho
Panza así al final de la obra reconoce frente al hartazgo del amo
por tanto dicho su locuacidad impulsiva “no sé que mala ventura
esta la mía, que no sé decir razón sin refrán
ni refrán que no me parezca razón.” Los lectores reconocerán
que de la gran obra de Cervantes, con arreglos o sin ellos, nacieron muchos
refranes de uso corriente en nuestro idioma como estos entre muchos otros:
“andar como alma en pena” buscar tres píes al gato” “por quítame
allá esas pajas” “es un loco de atar” “a otro perro con ese hueso”
“dime con quién andas para decirte quién eres” más
vale pájaro en mano que buitre volando” “y tal suele venir por lana
que vuelve trasquilado” “que tanto vales cuanto tienes y tanto tienes cuanto
vales” “hombres de valor y pelo en pecho” “la buena mujer no alcanza la
buena fama solamente con ser buena sino con parecerlo” “callaron todos
tirios y troyanos” “y dale a nombrar la soga en casa del ahorcado” “adondequiera
que yo me siente será vuestra cabecera” “quien a buen árbol
se arrima buena sombra le cobija” “de noche todos los gatos son pardos”
“yo sé donde me aprieta el zapato” “porque del dicho al hecho hay
gran trecho” “a Dios rogando y con el mazo dando” “al buen entendedor pocas
palabras” “eso es pedir peras al olmo” “el que ve la mota en el ojo ajeno,
no ve la viga en el propio” “no es todo oro lo que reluce” “se suele decir
que las paredes tienen oídos” “no lo ha echado en saco roto” “de
cuando a Roma fueres, haz lo que vieres” “al enemigo que huye hacerle puente
de plata” “ojos que no ven corazón que no quiebra” “a quien Dios
se la dio San Pedro se la bendiga.”
Arrojado por la naturaleza al mundo
como el mismo Quijote se anuncia, el personaje vive y aunque perdió
todas las batallas con su estrafalaria figura, ganó la inmortalidad
del hombre justiciero “unos van por el ancho campo de la ambición
soberbia; otros por el de la adulación servil y baja; otros por
el de la hipocresía engañosa, y algunos, por el de la verdadera
religión; pero yo inclinado de mi estrella voy por la angosta senda
de la caballería andante, por cuyo ejercicio desprecio la hacienda,
pero no la honra.” Y ganó también la inmortalidad del poeta
cuyo objetivo transmite la noble ejecución de una tarea. La del
poeta que no se propone ser sino que es y nace por naturaleza propia, dando
origen a la creación de la historia de la novela moderna posterior
a Cervantes con Defoe, Fielding, Smollet; y que luego continúa con
muchos de los novelistas notables de los siglos XIX y XX como Víctor
Hugo, Scott, Dickens, Balzac, Flaubert, Pérez Galdos, Melville,
Dostoyevsky, Joyce, Wilde y Faulkner.
Carlos
Angulo Rivas
reppam@sympatico.ca
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