Roberto
Samur Esguerra
José
Luis Hereyra Collante
A modo de
despedida a lo más caro de mis afectos en esta tierra sabanera,
y en homenaje a la inteligencia y la estética eternas, retomo una
obra literaria que, en mi concepto, es una de las verdaderamente importantes
de nuestra región y a la cual, considero, estamos en mora de reconocer
su grandeza, belleza y universalidad: la obra de Roberto Samur Esguerra.
Desde el lanzamiento de “El
remolino”, novela de Roberto a la cual tuve el honroso encargo de presentar,
señalaba que el universo samuriano está enclavado entre las
corralejas raizales sabaneras y su mundo interior, iluminado éste
a destellos por los violentos crepúsculos del mar –leit motiv subyacente–
donde la hondura de ese universo personal se confunde con el corazón
humano universal. En ese momento me ha asaltado siempre, frente a esta
obra, el tenue pero firme recuerdo del Shakespeare de los sonetos en ese
famoso verso que dice: “Yo no te quiero con mi corazón; yo te quiero
con el corazón de mi corazón”, porque la literatura de Roberto
Samur no se queda en la oscilación simplista de un frío e
impersonal movimiento que tienda sólo hacia lo armónico simple,
sino que profundiza en los abismos del alma humana hasta confundirse con
los abismos del infinito universo, en una danza sincrónica de verdadera
cosmogonía-agonía. Porque en el universo samuriano, como
en la vida misma, la cosmogonía sí deviene agonía
a causa del amor. Del amor como enclave, pieza faltante de ese rompecabezas
donde la búsqueda, al completarse, sería la esquiva, la inasible,
la inalcanzable, la huidiza felicidad de la pareja humana, en un eros angustioso,
aniquilante y agónico, tal como se muestra en la propia vida. Pero,
he aquí la diferencia con tanta literatura blandengue, anémica,
cobarde: en la obra de Roberto Samur, por el contrario, el lirismo carga
hermosura en su pujanza y fuerza, el dolor que no cede en soluciones
fáciles, el desgarramiento que no se doblega jamás al sentimiento
y esencialidad últimos de la obra. El eros recorre la amplitud total
de la vida, desde la ilusión inicial hasta la desdicha y la amargura
últimas, reveladoras de lo irrecuperable. Pero, en lugar de entrega,
hay una decisión y un estoicismo que afrontan los riesgos, acobardantes
para otros, del abismo.
En su novellette “En enero siempre
llueve”, la destrucción irreparable de la muerte marca dolorosamente
al escritor, quien re-crea la histórica desgracia del derrumbe de
nuestra corraleja mayor en ese aciago enero de 1980, en una crónica
diseccionadora, al estilo de la gran para-literatura de Capote, Talese
y Mailer. No queda nada por fuera: ni la realidad politiquera de un feudalismo
que se perpetúa en la ignorancia y la corrupción, ni la descomposición
implacable del alma social. Ni su hondo lirismo natural deja de representar,
con belleza asombrosa, lo inconfesable, lo irrepetible y lo lacerante de
la tragedia, a la cual nos hace asistir como ante una subyugante sinfonía
de la muerte: “Cuando dejó de llover se escuchó el único
trueno. No era igual a los demás truenos mundanos. Fue un impacto
seco, compacto, seguido de un estropicio sin forma del que salían
redobles de tambores de la madera rota; sonidos de platillos del zinc retorcido;
estridencia de trompetas de los alaridos profundos; compases de sordinas
de los quejidos ahogados; sonidos de trombones de los chapaleos de la muerte…En
el costado sur de la plaza, donde el abuelo advirtió la tragedia,
desaparecieron, como por encanto, ocho edificios de madera de tres
pisos cada uno, atestados de gente, dejando en la inmensa y otrora imponente
torta de colores un boquete de terror por donde se esfumaba la vida.”
Buen viento y buena mar a este inmenso
escritor y verdadero señor, Roberto Samur Esguerra, quien ha enriquecido
nuestras vidas con su ser modesto, fino, ético y generoso; con su
obra sincera, densa, bella, muy humana, donde los miedos son vencidos al
enfrentarlos, en una clara invocación del fuego prometeico, devenido
en vida, belleza y esperanza para la especie humana.
22 de marzo de 2005
José
Luis Hereyra Collante
Escritor colombiano
jlhereyra@hotmail.com
|