| Página12
de Argentina - 30 de marzo de 2005
Hoy cumpliría cien años
un grande de las letras, Raúl
González Tuñón
Poeta
de las aventuras cotidianas
Se definía a sí
mismo como un “realista romántico”. Alentaba la búsqueda
del punto en el que se encuentran “la ley y la revelación”. Raúl
González Tuñón, de quien hoy se cumple el centenario
de su nacimiento, fue uno de los poetas argentinos más universales.
Silvina
Friera
En el centro de su imaginación
poética había putas –la del poema Ursulina, “felina y escuálida”,
o Susana, la que “sirve café”–, payasos, marineros, ladrones, magos
y obreros, que caminaban por el mundo de los márgenes, de los bajos
fondos. Y también estaba Juancito Caminador, un prestidigitador
que el poeta, “triste y cordial como un legítimo argentino”, conoció
en un circo de la Patagonia, y del que se hizo amigo porque tenía
el mismo nombre que su marca de whisky preferida (Johnnie Walker). “Yo
traigo la palabra y el sueño, la realidad y el juego de lo inconsciente,
lo cual quiere decir que yo trabajo con toda la realidad”, dice Juancito
Caminador, es decir Raúl González Tuñón, en
el poema titulado con el nombre del prestidigitador, incluido en Todos
bailan. El, que se definía como un “realista romántico”,
alentaba la búsqueda del “punto en donde se encuentran lo clásico
y lo romántico, la experiencia y el sentimiento, la ley y la revelación,
la búsqueda y la inspiración”.
Hace cien años, el 29 de
marzo de 1905, nació una de las figuras esenciales de la poesía
argentina, precursor en el hallazgo de una entonación rioplatense
para el discurso poético, y maestro de varias generaciones de poetas,
que será homenajeado con la proyección de un documental,
Juancito Caminador, hoy a las 18.15 en el Café Tortoni (ver aparte),
y con un encuentro en el Bar Tuñón, a partir de las 20.30,
en que artistas y amigos se reunirán para evocarlo.
Mineros de Asturias
“Yo era un poeta realista: todos
los personajes que aparecen en ese libro (por El violín del diablo,
su primer poemario) fueron conocidos por mí. Frank Brown me deslumbró,
era un payaso maravilloso, un inglés acriollado, de gran atracción
para los niños; era una cosa deslumbrante”, recordaba Tuñón.
Los viajes a Francia y a España irán decantando ese realismo
hacia una politización que se explicitó en La rosa blindada,
escrito en homenaje a la insurrección de los mineros de Asturias,
en 1936. Juan Gelman, probablemente el mayor discípulo del poeta,
señaló en el prólogo a la cuarta edición de
La rosa... que Tuñón “reivindicó para la Revolución
la palabra aventura”. Pero la miopía de la derecha cultural y el
astigmatismo de la izquierda partidaria anularon la posibilidad de comprender
la evolución del poeta. Al desprecio y la desconfianza que manifestaron
ciertos sectores por su poesía política –descalificada, sin
apelación, por panfletaria– se añadía otra objeción,
más dolorosa al provenir del grupo ideológicamente afín
al poeta. El establishment del Partido Comunista lo ninguneó, quizás
espantados por este verso, demasiado “burgués”, de Las brigadas
de choque: “Demos a la dialéctica materialista el vuelo lírico
de nuestras fantasías”. Además, ese poema –que se publicó
en la revista Contra, que Tuñón dirigió en 1933– le
valió un breve período de cárcel y un proceso por
“incitación a la rebelión”.
Cajitas de música
En Conversaciones con Raúl
González Tuñón, el poeta le confesaba a Horacio Salas,
autor del libro, que no tenía miedo de repetirse en sus poemas.
“Pienso que citar varias veces el barco en la botella, las cajitas de música,
las veletas, no es repetirse sino seguir moviéndose en medio de
los símbolos que siempre he amado.” El placer lúdico y funambulesco
por la imagen insólita, su fruición por el truco y la prestidigitación,
la fluidez cinematográfica que les confería a las imágenes,
el tono coloquial, casi confidente del hablante que parece susurrarle su
secreto en el oído del lector, las mutaciones de los estados de
ánimo, son algunos de los rasgos de la poesía de Tuñón
que se proyectan, con mínimas variaciones, desde sus primeros libros
al resto de su producción, Himno de pólvora, Primer canto
argentino y Hay alguien que está esperando, entre otros. La frase
del sabio franciscano Roger Bacon, que el poeta leyó en su adolescencia,
fue la brújula que lo acompañó en su vagabundeo por
la vida y de la que supo extraer la esencia de su poesía: “Contempla
el mundo”. Y en ese ejercicio de contemplación y embellecimiento
de la materia observada, el poeta no hizo únicamente poesía
“costumbrista ciudadana” o social. Ante todo fue un poeta universal porque
todas las grandes urbes de la poesía de Tuñón –Buenos
Aires, París, Madrid– son la misma ciudad, que él construía
con retazos tan reales como fantásticos, provenientes de todas las
ciudades del mundo.
Antes que Roland Barthes defendiera
la idea de hacer anónimo al autor, de divorciarlo de su texto, Tuñón
cumplió, acaso sin proponérselo, con la consigna barthesiana.
A modo de homenaje a Aída Lafuente, una mujer que murió peleando
hasta el final, el poeta escribió La libertaria. Tiempo después,
cuando visitó España durante un congreso de escritores, en
un festival folklórico escuchó cómo cantaban su poema,
al que habían musicalizado. Todos repetían sus versos, “estaba
toda manchada de sangre... estaba toda manchada de cielo”, y Tuñón
quiso decir: “El autor soy yo”. Pero no lo hizo. Se acercó al escenario
y preguntó: “¿De quiénes son esos versos?”. Para su
asombro le respondieron: “Anónimo, de autor anónimo”. Tenía
32 años y ya era autor anónimo, universal. En El poeta murió
al amanecer (incluido en Canciones del tercer frente), Tuñón,
que murió en 1974, anticipó cómo quería ser
recordado: “Fue un poeta completo de su vida y su obra. / Escribió
versos casi celestes, casi mágicos,/ de invención verdadera/
y como hombre de su tiempo que era/ también ardientes cantos y poemas
civiles/ de esquinas y banderas”.
| Textual
La esquina
olvidada
Como un hilo de sueño, como
un /hilo de tango,
como un hilo de vals lento
/de antes
que es lejano pariente de los /blues,
la luna penetró largamente
/su oscuro
y anguloso perfil y en su revoque
diseñaron los años
una especie
/de mapa.
El amor y la muerte soslayaron su
/sombra.
Conoció el esplendor popular
de /una tienda
y un sauce y un boliche.
Nada más, todos se fueron
y la /noche
preguntó cuánto tiempo
había
/pasado.
–¿Te acordás, hermano?
Como un hilo de nube.
En Poemas para el
atril de una pianola. |
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