Dodecálogo
del Periodista
José
Luis Hereyra Collante
Sobre el
papel ético del periodista frente a los acontecimientos, ciertamente
bárbaros o lacerantes, conmovedores o generosos, rutilantes o esperanzadores,
que constituyen el diario vivir de este mundo, se ha hablado hasta la saciedad,
pero es saludable y jamás sobra reflexionar sobre nuestro deber
tanto ético como estético frente a la verdad. De allí,
que entrego a ustedes el “Dodecálogo del Periodista”, esencia de
una conferencia dictada por Camilo José Cela, el Premio Nobel español,
en mayo de 2001.
El periodista debe:
I. Decir lo que acontece, no lo que
quisiera que aconteciese o lo que imagina que aconteció.
II. Decir la verdad anteponiéndola
a cualquier otra consideración y recordando siempre que la mentira
no es noticia y, aunque por tal fuere tomada, no es rentable.
III. Ser tan objetivo como un espejo
plano; la manipulación y aun la mera visión especular y deliberadamente
monstruosa de la imagen o la idea expresada con la palabra cabe no más
que a la literatura y jamás al periodismo.
IV. Callar antes que deformar; el
periodismo no es ni el carnaval, ni la cámara de los horrores, ni
el museo de figuras de cera.
V. Ser independiente en su criterio
y no entrar en el juego político inmediato.
VI. Aspirar al entendimiento intelectual
y no al presentimiento visceral de los sucesos y las situaciones.
VII. Funcionar acorde con su empresa
-quiere decirse con la línea editorial- ya que un diario ha de ser
una unidad de conducta y de expresión y no una suma de parcialidades;
en el supuesto de que la coincidencia de criterios fuera insalvable, ha
de buscar trabajo en otro lugar ya que ni la traición (a sí
mismo, fingiendo, o a la empresa, mintiendo), ni la conspiración,
ni la sublevación, ni el golpe de estado son armas admisibles. En
cualquier caso, recuérdese que para exponer toda la baraja de posibles
puntos de vista ya están las columnas y los artículos firmados.
Y no quisiera seguir adelante -dicho sea al margen de los mandamientos-
sin expresar mi dolor por el creciente olvido en el que, salvo excepciones
de todos conocidas y por todos celebradas, están cayendo los artículos
literarios y de pensamiento no político en el periodismo actual,
español y no español.
VIII. Resistir toda suerte de presiones:
morales, sociales, religiosas, políticas, familiares, económicas,
sindicales, etc., incluidas las de la propia empresa. (Este mandamiento
debe relacionarse y complementarse con el anterior.)
IX. Recordar en todo momento que
el periodista no es el eje de nada sino el eco de todo.
X. Huir de la voz propia y escribir
siempre con la máxima sencillez y corrección posibles y un
total respeto a la lengua.
XI. Conservar el más firme
y honesto orgullo profesional a todo trance y, manteniendo siempre los
debidos respetos, no inclinarse ante nadie.
XII. No ensayar la delación,
ni dar pábulo a la murmuración ni ejercitar jamás
la adulación: al delator se le paga con desprecio y con la calderilla
del fondo de reptiles; al murmurador se le acaba cayendo la lengua, y al
adulador se le premia con una cicatera y despectiva palmadita en la espalda.
6 de abril de 2005
José
Luis Hereyra Collante
Escritor colombiano
jlhereyra@hotmail.com
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