| Gramma
de Cuba - 8 de abril de 2005
Juan
Pablo II, hombre excepcional
y luchador
tesonero, incansable
Reitera
Fidel coincidencias entre las ideas humanistas del Papa y las defendidas
por la Revolución cubana. Recuerda sus consideraciones sobre el
Santo Pontífice expresadas hace siete años
Fidel
Castro
Queremos
con fervor que el ejemplo del Papa perdure, ratificó ayer el Comandante
en Jefe Fidel Castro durante su intervención especial en el Palacio
de las Convenciones, ante dirigentes del Partido, del Estado, del Gobierno
y la UJC, representantes de las organizaciones de masas y oficiales y combatientes
de las Fuerzas Armadas Revolucionarias y el Ministerio del Interior.
Nos honra, dijo, que él nos
haya visitado; tuve razón, agregó, cuando entonces afirmé
que al Papa no le animaba ninguna intención de hacer daño
a nuestro pueblo. Sus sentimientos hacia los cubanos fueron nobles, y quedaron
resumidos por él al marcharse de Cuba en las palabras claras y paradigmáticas
que expresó contra el bloqueo, al cual calificó de injusto
y éticamente inaceptable. Estos juicios del Santo Padre, opinó
Fidel, no deberían ser olvidados ahora por el Presidente de Estados
Unidos, cuando participe en las honras fúnebres en Roma.
Apreció que el fallecimiento
del líder religioso constituye un acontecimiento de gran trascendencia
que ha conmovido a la opinión pública internacional y dado
lugar a una semana de luto en todo el planeta.
A Juan Pablo II le tocó vivir
uno de los momentos más complejos y cruciales de la humanidad, cuando
el mundo vive en una verdadera encrucijada como en ningún otro momento
de la historia. Por primera vez es real el peligro de desaparición
de nuestra especie y no solo debido a la guerra y a la proliferación
de armas nucleares; el hombre también corre riesgos inéditos
porque está destrozando la naturaleza, contaminándolo todo,
expresó Fidel.
El líder de la Revolución
caracterizó los rasgos fundamentales de los conflictos en la era
contemporánea, como base para comprender la trascendencia del pontificado
de Juan Pablo II, a quien catalogó como un hombre excepcional, luchador
tesonero, incansable, cuyas virtudes no deben ser desconocidas. Estas son
nuestras opiniones desde el enfoque humano y social, a la luz de cuestiones
fundamentales para la humanidad, aunque respetamos las opiniones diferentes,
consideró.
El Comandante en Jefe también
leyó fragmentos de cartas oficiales enviadas a él por el
Sumo Pontífice católico, las cuales fueron siempre respetuosas
y contentivas de un profundo amor y admiración hacia nuestro pueblo.
Con igual respeto el Comandante en Jefe respondió las misivas del
Papa y en ellas siempre dejó claros los puntos de convergencia con
el pensamiento social y humano de Juan Pablo II en defensa de los desposeídos
del mundo.
EL PAPA NO DESTRUYÓ AL
CAMPO SOCIALISTA
Es cierto, comentó, que el
Sumo Pontífice tuvo una actitud crítica frente a cuestiones
que desde su punto de vista religioso entendía estaban mal hechas
en las sociedades socialistas. No debemos olvidar que en Polonia, su país
natal, la nación y la religión católica habían
nacido juntas, indisolublemente unidas, lo cual fue desestimado por aquel
Estado socialista, donde se cometieron muchos errores, entre ellos los
relacionados con el respeto a las distintas creencias.
Fidel ahondó en el ámbito
histórico en que nació y creció el que llegó
a ser durante 26 años el Jefe de la Iglesia Católica. Analizó
igualmente la evolución política de Europa en vísperas
de la Segunda Guerra Mundial, y advirtió que el comunismo siempre
asustó a todo el mundo, incluidos los cubanos en aquella época.
Fue la cultura alcanzada con la Revolución la que permitió
a nuestro pueblo superar esos prejuicios.
El Papa no había nacido ni
se había formado para destruir al socialismo. Responsabilizarlo
de la caída de este sistema en Europa es hacer un análisis
simplista de la historia, opinó.
La cultura política en nuestro
país nació con la Revolución, aseguró, porque
el imperio, la oligarquía, los explotadores se habían encargado
de repetir por todo el mundo que lo más horrible que había
era el comunismo. En los primeros años después del triunfo
revolucionario de 1959, indicó, se llegaron a decir barbaridades
tales como que íbamos a privar a la familia cubana de la patria
potestad, enviar los niños a Rusia, donde los procesarían
para convertirlos en carne en conserva.
Sentenció que si un día
el socialismo cubano se derrumbara, la culpa no sería de nadie más
que de nosotros mismos. Enfatizó, además, que una vez terminada
la guerra fría el Papa fue muy crítico en relación
con el sistema capitalista.
RESPETO A TODAS LAS CREENCIAS
Fidel narró su experiencia
personal desde niño en relación con la religión y
expresó su convicción de que los sentimientos y las creencias
religiosas de cada cual son estrictamente personales y merecen el mayor
respeto.
Esa actitud es la que debe acompañar
a un revolucionario, a un político, dijo, y afirmó que nosotros
hemos luchado siempre por la dignidad, la libertad y todos los derechos
de los seres humanos.
También agradeció la
oportunidad que le dio la vida de estudiar y la utilidad de adquirir enseñanzas
de Marx, Engels y Lenin para llevar adelante la conducción revolucionaria
y entender los complejos acontecimientos del mundo en que vivimos.
Aseveró que la Revolución
cubana nunca será sectaria; ella brinda igualdad de derechos, oportunidades
y apoyo a todas las religiones, con el máximo respeto, pero debe
estar siempre en guardia ante las manifestaciones extremistas. Como ejemplo
destacó el gesto del Gobierno cubano, a propósito de la visita
del Papa, de declarar feriado el 25 de diciembre, día de Navidad
para los cristianos.
UN ENCUENTRO ESPERADO Y FRUCTÍFERO
El Papa fue recibido en Cuba en 1998,
dijo Fidel, y nuestro pueblo reconocía en su prédica por
todo el mundo la batalla que entonces libraba el Sumo Pontífice
contra el subdesarrollo, la pobreza, la deuda externa y el saqueo de los
países, y por la globalización de la solidaridad, pues se
trataba de ideas con las cuales la Revolución tiene plena coincidencia.
Recordó que juicios como ese
los expuso públicamente desde diciembre de 1997 dentro de un período
de sesiones de la Asamblea Nacional del Poder Popular y más tarde
en ocasión de una entrevista transmitida por la televisión
el 16 de enero de 1998, días antes de que se produjera la visita
del Papa; ello demuestra que la dirección de la Revolución
no ha cambiado sus opiniones; han sido puntos de vista sostenidos durante
años. No se trata por tanto de modificaciones de criterios de manera
oportunista tras el reciente fallecimiento de Juan Pablo II.
En la mencionada conversación
con periodistas de la televisión cubana en enero de 1998, al referirse
a la impresión
que le había causado el Papa
durante el encuentro de ambos en Roma, Fidel dijo que había sido
muy buena; Juan Pablo II fue muy amable y respetuoso, y hasta podríamos
decir, afectuoso. Es un hombre de rostro noble, inspira realmente respeto;
y esa impresión la recogimos todos los compañeros que estuvimos
en ese diálogo.
En su intervención de ayer,
el líder de la Revolución también rememoró
que en aquella comparencia por televisión evaluó que la conversación
con el Papa había sido muy fácil por su dominio del idioma
español, por ser una persona precisa al manifestar sus ideas, quien
sabía escuchar con mucha atención. Esas impresiones, indicó
Fidel, las ha manifestado en otras muchas ocasiones durante estos años.
No obstante, ratificó que
la visita del Papa a nuestro país tuvo lugar en una coyuntura difícil
para la Revolución por la situación económica creada
por el derrumbe de la Unión Soviética y del campo socialista
en Europa del Este. El imperio mantenía una desaforada presión
que consistía, por un lado, en bloquear y tratar de hacer rendir
por hambre a una nación y, por otra, abrir las puertas a todos los
que aun cometiendo crímenes se trasladan a Estados Unidos por cualquier
vía. Y estas condiciones las hemos soportado hasta hoy en que las
cosas han empezado a cambiar de una forma radical, subrayó.
Relató que después
de la caída del campo socialista y sobre todo de la Unión
Soviética, el imperio arreció su política agresiva
contra la Revolución cubana. Cualquier cálculo indicaba que
el país no podía resistir, dijo. Pero nuestro pueblo resistió,
a pesar de perder de repente todos los suministros de combustibles, fertilizantes,
alimentos... Nuestra producción petrolera era de apenas 700 000
toneladas anuales. Nos habíamos quedado sin los 14 millones de toneladas
del crudo proveniente de la Unión Soviética.
En ese contexto, dentro del imperio
y en otros lugares, vieron la visita del Papa como algo que daría
lugar al desmoronamiento del socialismo en Cuba. Creían que la Revolución
se derrumbaría como se derrumbó Jericó ante el sonido
de las trompetas. Y el Papa no traía trompetas, ni traía
la intención de destruir a la Revolución, apuntó.
Reiteró que entonces la propaganda
anticomunista había creado el mito de que el Papa tenía gran
parte del mérito en la caída del campo socialista y de la
URSS. Pretendíamos brindarle el recibimiento que se merecía,
por lo cual era preciso explicar a muchos de nuestros compatriotas —como
hizo por la televisión— el significado de aquella visita y esclarecer
a muchos sobre las posturas de Juan Pablo II, y las condiciones históricas
y personales que habían conformado su visión contra el socialismo
y el comunismo.
Ahora, comentó, nuestros enemigos
vuelven a desconcertarse al ver las muestras de consideración y
afecto expresadas en Cuba luego de la muerte de Juan Pablo II. Se han quedado
otra vez despistados al observar cómo nuevamente el cardenal Jaime
Ortega tuvo la oportunidad de hablar al pueblo por la televisión
para referirse al deceso del Jefe de la Iglesia Católica en el mundo.
El único momento difícil
durante la visita pastoral, añadió, fue causado por las palabras
del Arzobispo de Santiago de Cuba durante la misa papal en esa ciudad.
El contenido de esa intervención, dijo, creó una situación
difícil con el pueblo y los militantes santiagueros invitados a
la misa; no nos preocupaba lo que se había dicho, sino la reacción
y el malestar del pueblo. Me consta, indicó Fidel, que ni el Papa
ni el cardenal Jaime Ortega sabían qué discurso iba a pronunciar
el Arzobispo.
Fidel denunció también
las maquinaciones del imperio y sus cipayos, con Roger Noriega, entonces
asesor del senador Jesse Helms, a la cabeza para deslucir la visita del
Papa a Cuba en 1998 las cuales se demuestran con la entrevista de este
con el Arzobispo, de la cual el religioso informó a las autoridades
del Partido.
No fuimos nosotros los que politizamos
la visita; la Revolución en ningún momento trató de
buscar mezquinas ventajas y beneficios para Cuba y su proceso socialista,
señaló Fidel, al continuar una rápida lectura de lo
dicho por él en enero de 1998.
El Presidente de los Consejos de
Estado y de Ministros refirió los hechos que durante años
no propiciaron la presencia del Papa en Cuba, entre los cuales incluyó
las tensiones y diferencias que hubo con la dirección de la Iglesia
Católica en nuestro país durante los primeros años
de la Revolución, aunque se contó con la colaboración
de quien era entonces el representante aquí de la Santa Sede: un
hombre que trabajó intensamente por aliviar y eliminar dificultades.
Ponderó, además, la
valentía histórica del recién fallecido Papa al criticar
públicamente pasados errores de la Iglesia Católica tales
como la Inquisición o la negativa a aceptar la teoría de
la evolución de Charles Darwin.
Detalló las facilidades ofrecidas
en todo momento por el Gobierno cubano a las diferentes órdenes
católicas tales como la de Santa Brígida; pero puso en claro
que no hay ni habrá diferencias en el trato respetuoso respecto
a las religiones presentes en Cuba; en este punto puso como ejemplos la
inauguración de una Iglesia ortodoxa griega y otra rusa en el futuro.
COINCIDENCIAS EN PRINCIPIOS HUMANISTAS
Fidel ratificó que el Estado
y el Gobierno cubanos desde un principio reconocieron y elogiaron a Juan
Pablo II por su postura de rechazo a la proliferación de armas nucleares;
por ser un gran abanderado en la lucha contra las guerras de agresión,
las conquistas territoriales, las purificaciones étnicas y la deuda
externa. Fue asimismo un ferviente crítico de la globalización
neoliberal y del carácter consumista de las sociedades capitalistas
y de las políticas que aceleran la degradación del medio
ambiente. En Naciones Unidas, recordó, el Papa hizo estas y otras
importantes denuncias.
Para Fidel el tributo que debería
rendírsele al fallecido líder religioso sería llevar
a la práctica sus ideas humanistas. Fustigó a los hipócritas
que desconocen este legado y están entre los principales responsables
de los males que sufre la humanidad, entre esos figura el Presidente del
país que produce el mayor número de armas nucleares y de
medios portadores para lanzarlas cualquier día, en cualquier momento,
contra cualquier rincón del planeta.
Resaltó la hipocresía
del "señor jefe del imperio", quien asiste a esos funerales a llorar
ante el cadáver de un hombre que tanto se opuso a la guerra, a la
invasión a Iraq. La visita de Bush a Roma, opinó, es un ultraje
a la memoria de Juan Pablo II.
Al referirse a las constantes presiones
del Gobierno de Estados Unidos contra la Revolución, recalcó
que el imperio en reiteradas ocasiones nos exigió como condición
para levantar el bloqueo: retirar nuestra ayuda internacionalista a Angola,
a Etiopía, romper nuestras relaciones con la Unión Soviética
y cesar el apoyo a los movimientos revolucionarios de América Latina.
Explicó que eso nunca lo aceptamos y tal apoyo solo dejó
de existir cuando esas fuerzas fueron extinguiéndose por sí
solas.
Afirmó que el curso de la
historia, en tanto lucha de los pueblos contra los opresores, se reanuda
de nuevo con tremenda e indetenible fuerza, sobre todo en esta América
Nuestra soñada por Martí. Ejemplo de ese renacer es Venezuela,
con su proceso bolivariano revolucionario y Hugo Chávez.
En otro momento de sus palabras,
el Comandante en Jefe apreció a Hugo Chávez como un revolucionario
de ideas bolivarianas y martianas, con correctas interpretaciones del cristianismo,
pues su pensamiento tiene en cuenta al Cristo que supo ponerse al lado
de los pobres. Chávez, opinó Fidel, ha sabido evaluar la
historia y las tradiciones de su pueblo.
EL HUMANISMO DE LA REVOLUCIÓN
No habrá nada con qué
comparar las páginas de humanismo que nuestro glorioso pueblo está
escribiendo, dijo el Comandante en Jefe, y ejemplificó con la atención
que han recibido en Cuba miles de niños y adolescentes ucranianos
afectados por el accidente de la central nuclear de Chernobil, y con la
realidad incontestable de que en Cuba, a diferencia de lo ocurrido en países
de nuestra propia región a partir de tiranías instauradas
por el imperialismo, no ha habido un torturado, un asesinado, un desaparecido.
Ese mismo imperio nos quiere condenar
en la Comisión de Derechos Humanos de Naciones Unidas, denunció.
Que hagan lo que les dé la gana; a mí me importa un bledo
y al pueblo de Cuba le importa un bledo la Comisión de Ginebra,
añadió antes de preguntarse qué dirán y qué
harán los europeos en los próximos días cuando se
lleve a votación el proyecto de resolución anticubana que
presentará el Gobierno de Estados Unidos.
Todos sin excepción, advirtió,
se toparán con un acero cada vez más duro, cada vez más
invulnerable, es decir, con una Revolución más fuerte cuya
obra humanista y de justicia social va en ascenso.
Comparó que mientras Estados
Unidos trata de condenar a Cuba por supuestas violaciones de los derechos
humanos y reclama la liberación de mercenarios sancionados en nuestro
país por sus acciones contrarrevolucionarias, mantiene injustamente
encarcelados a Cinco Jóvenes cubanos luchadores antiterroristas.
(María Julia Mayoral, Anett
Ríos, José A. de la Osa, Alexis Schlachter y Alberto Núñez) |