| Gramma
de Cuba - 8 de abril de 2005
Mensajes
intercambiados
entre
Juan Pablo II y Fidel
Para el Papa Juan Pablo II
Su Santidad:
Deseo enviarle el más cálido
saludo y mi gratitud por las palabras amistosas de su parte que me transmitió
la Madre Tekla, y un bello obsequio de su parte.
Gran alegría experimento al
apreciar cuánto y con cuánta energía ha recuperado
usted su salud, a la vez que jamás se ha visto decaer su admirable
espíritu de trabajo y de lucha.
Nuestro mundo convulso y sufrido
necesita más que nunca su obra de paz, justicia y solidaridad, entre
los seres humanos y los pueblos.
Admiro cada vez más su estoicismo
y su férrea voluntad en el desempeño de su noble y humana
tarea.
Le deseo prolongada salud que le
permita continuar su prédica en favor de los pobres y desposeídos
de la humanidad. En ella le acompañarán el número
creciente de los que albergamos los mismos sentimientos y esperanzas.
Lo felicito por el magnífico
contingente de excelentes personas de la Iglesia Católica que he
tenido el privilegio de conocer después de su apreciada visita a
nuestra Patria y le ruego me excuse de estas precipitadas e informales
líneas que le escribo antes de despedir a la Madre Tekla y otras
personas que le acompañan.
Ella le contará los intensos
esfuerzos que se realizan para la pronta inauguración de la misión
de la Orden de Santa Brígida en Cuba. Será un excelente paso
en el desarrollo de nuestras relaciones a las que su visita a Cuba dieron
un inolvidable y sólido impulso.
Espero que en medio de su continuo
e incesante batallar intenso tenga la oportunidad propicia de volver a
saludarlo.
Le deseo el mayor de los éxitos
en su lucha por la paz y la globalizacíón de la solidaridad.
Los hechos que ocurren cada día demuestran la urgencia de alcanzar
estos ineludibles objetivos.
Fidel Castro Ruz
Nov. 10 del 2002
Al
Dr. Fidel CASTRO RUZ
Presidente del Consejo de Estado
y del Gobierno de la República de Cuba
Señor Presidente:
He recibido su atenta carta del día
10 de los corrientes, y le agradezco mucho los sentimientos que ha tenido
a bien manifestar hacia mi persona y mi ministerio pastoral en la Iglesia
y en el diálogo con los hombres y mujeres de buena voluntad.
Me han producido mucha alegría
sus espontáneas y cercanas palabras, a través de las cuales
expresa su satisfacción por haber conocido a tantas personas de
la Iglesia católica después de las intensas jornadas de mi
Viaje pastoral a Cuba en 1998, que recuerdo tan vivamente y en las cuales
pude yo también encontrar y conocer aún mejor a los cubanos,
gozar de su hospitalidad y ser testigo de sus ricos valores, a la vez que
les dejaba un mensaje evangélico de esperanza.
Soy conocedor de los detalles relativos
a la fundación de la Orden del Santísimo Salvador y Santa
Brígida en Cuba. Como Usted recordará, otros Institutos y
Congregaciones religiosas, masculinos y femeninos, quieren servir también,
desde las enseñanzas del Evangelio, al noble pueblo cubano y es
de desear que no esté lejano el momento en que ello pueda ser una
feliz realidad, contando igualmente con la comprensión y el beneplácito
de Vuestra Excelencia.
Pido a Dios que colme de sus bendiciones
a todo ese querido pueblo, tan rico de cultura y tradiciones y con una
profunda raíz cristiana plurisecular, para que camine siempre por
las sendas de la verdadera libertad, del progreso material y espiritual,
de la solidaridad y la justicia, pudiendo gozar todos del conveniente bienestar,
de acuerdo con su dignidad inalienable.
Aprovecho esta oportunidad para renovarle,
Señor Presidente, los sentimientos de mi más alta y distinguida
consideración.
Vaticano, 22 de noviembre de 2002.
(fdo) Joannes Paulus II
Al
Excmo. Sr. Fidel Castro Ruz
Presidente del Consejo de Estado
y de Gobierno de la República de Cuba
Al cumplirse, el pasado mes de enero,
el V aniversario de mi inolvidable Visita a Cuba, que dejó profunda
huella en mí y recordando con emoción aquellas intensas jornadas
que me permitieron conocer más de cerca a ese amado pueblo, envío
a Vuestra Excelencia, por medio del Señor Cardenal Crescencio Sepe,
Prefecto de la Congregación para la Evangelización de los
Pueblos, mi deferente y cordial saludo, y a todos los cubanos les renuevo
mi afecto y mi entrañable cercanía.
Muchas fueron las atenciones que
recibí por parte de Vuestra Excelencia, de las demás autoridades
y de tantos cubanos, por lo que, una vez más, quiero renovarles
mi gratitud, a la vez que hago votos para que esa Nación camine
siempre por verdaderas sendas de reconciliación y de paz, de desarrollo
espiritual y material, de justicia, libertad y solidaridad, trabajando
con empeño por una meta común, que es el auténtico
bienestar de la Nación y de sus habitantes.
Mientras invoco sobre todos los cubanos,
por intercesión de la Virgen de la Caridad de El Cobre, Madre amantísima
de ese noble pueblo, abundantes bendiciones divinas que les sean de ayuda
en su vida, le expreso, Señor Presidente, los sentimientos de mi
más alta y distinguida consideración.
Vaticano, 1 de marzo de 2003
(fdo) Joannes Paulus II |