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6 de abril de 2005
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La Tercera de Chile - 5 de abril de 2005

El teólogo suizo Hans Küng
calificó su pontificado como "una gran decepción
y un desastre" para la Iglesia Católica

La historia del más intenso y polémico
crítico del papado de Juan Pablo II
 
La receta teológica de Hans Küng es sencilla: "Decir una palabra clara, con franqueza cristiana, sin miedo a los tronos de los prelados". Fiel a esta postura, este polémico teólogo suizo, que fue uno de los asesores más influyentes del Concilio Vaticano II, se ha convertido en el más agudo de los críticos del papado de Juan Pablo II. Aunque siempre negó ser un enemigo del Pontífice, Küng (76) llegó a calificar este pontificado como "una gran decepción y un desastre" para la Iglesia, críticas que mantiene tras la muerte de Karol Wojtyla.

Nacido el 19 de marzo de 1928 en Sursee, Suiza, en el seno de una familia católica, Küng se licenció, en 1951, en Filosofía por la Universidad Pontificia Gregoriana de Roma con un trabajo sobre el humanismo ateo de Jean Paul Sartre. Tras su ordenación sacerdotal, en 1954, se licenció un año más tarde en Teología por la misma casa de estudios con un trabajo sobre la doctrina de la justificación del teólogo evangélico Karl Barth.

En 1957, Küng consiguió su doctorado en Teología por la Universidad de La Sorbona de París, con la tesis "Justificación. La doctrina de Karl Barth y una reflexión católica". Esta publicación marca el inicio de sus problemas con la Curia romana. El departamento del entonces Indice del Santo Oficio del Vaticano (actual Congregación para la Doctrina de la Fe) habilitó el "Dossier Küng" con la apuesta de censurar su libro. Pero, finalmente, la entidad declinó de su intención.

Entre 1960 y 1962, el teólogo, quien ya había conseguido su primera cátedra en la Universidad de Tubingen (Alemania), participó en numerosas conferencias preparatorias para el Concilio Vaticano II. ¿Llega el concilio demasiado pronto? y ¿qué esperan los cristianos del concilio? eran algunos de los temas de sus exposiciones.

En 1962, Juan XXIII lo nombró oficialmente consultor (perito) teológico del Concilio Vaticano II, realizando numerosas conferencias a grupos de obispos de distintos continentes y a miembros de la prensa internacional sobre el encuentro. Küng marcó con sus primeros escritos la agenda reformista del concilio y deslumbró al Papa, quien lo protegió como el más "joven teólogo rebelde" del concilio, junto al ahora cardenal alemán Joseph Ratzinger.

Se aleja de la línea oficial

Tras la muerte de Juan XXIII en 1963, el Vaticano y Küng sostuvieron tempestuosos desencuentros de resonancia mundial. El pensamiento del teólogo había comenzado a apartarse de la línea oficial. A fines de 1963 tuvo lugar el proceso contra su libro "Estructuras de la Iglesia". Sin embargo, siguió publicando nuevas obras. Eso hasta 1967, cuando se le prohibió difundir y traducir el libro "La Iglesia" mientras no tuviera lugar un coloquio en Roma.

En 1970, Küng expresó su disidencia más radical con el Vaticano en su libro "¿Infalible? Un interrogante", donde cuestionó el dogma de la infalibilidad papal, reclamó la abolición del celibato sacerdotal, abogó por la libertad de la mujer a acceder al sacerdocio y exhortó a que los 

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Sanción del
Vaticano en 1979 Su salida de la Facultad de Teología de Tubingen

El 18 de diciembre de 1979, el cardenal de Colonia, Joseph Höffner, había convocado a una conferencia de prensa, sin anunciar el asunto que se trataría. Poco antes del encuentro, un emisario de la embajada del Vaticano entregó en la Universidad de Tubingen una carta de la Congregación para la Doctrina de la Fe. "El profesor Hans Küng se aparta de la integridad de la fe católica en sus escritos. Por eso, él no puede ser considerado como teólogo católico ni continuar enseñando como tal", dijo Höffner.

Ese día terminó la carrera de Küng como académico de la Facultad de Teología Católica de Tubingen, cátedra que ocupaba desde 1960. Cuando Juan Pablo II fue elegido Papa el 16 de octubre de 1978, el proceso abierto contra el teólogo ya llevaba en curso tres años.

Las diferencias con el Vaticano se referían básicamente a cuestiones relativas a la infalibilidad del Papa, al magisterio de los obispos y a la Eucaristía. El teólogo suizo manifestó su malestar hacia los obispos alemanes y hacia sus compañeros de docencia por obedecer a Roma en lugar de respaldarlo.

El propio Juan Pablo II le dirigió una carta abierta unos meses después en la que le invitaba, en tono conciliador, a un "encuentro en la verdad proclamada y profesada por la Iglesia" para que Küng pudiera volver a "ser llamado teólogo católico". El Papa se preguntaba en la misiva si un teólogo "que no acepta íntegramente la doctrina de la Iglesia tiene todavía el derecho de enseñar en nombre de la Iglesia".

El Vaticano le permitió a Küng seguir enseñando "desde una posición secular". De hecho, siguió como director y profesor del Instituto de Investigación Ecuménica de la misma universidad hasta 1996.

divorciados pudieran recibir la comunión. La publicación desencadenó un debate a escala mundial, pero el teólogo pagó un alto precio por su osadía. Tras varios años de procesos, en 1979 la Congregación para la Doctrina de la Fe le prohibió ejercer la docencia en nombre de la Iglesia, forzándolo a dejar su puesto en la Facultad de Teología Católica de Tubingen (ver recuadro). La medida no implicó su retiro del sacerdocio.

Desde entonces, sus críticas al papado se volvieron cada vez más duras. En un artículo publicado en el diario italiano Corriere della Sera, en octubre de 1996, coincidiendo con el 50 aniversario de la ordenación sacerdotal de Juan Pablo II, comparó a la Iglesia con "un buque en peligro de hundirse" debido a que su capitán quiere que los que van en el barco se limiten sólo "a obedecer y rezar". 

En octubre de 2003, con ocasión de los 25 años de Pontificado de Juan Pablo II, en su artículo "Un papado con contradicciones fatales", Küng escribió acaso la más dura crítica jamás presentada desde el seno de la Iglesia. "A pesar de sus aspectos positivos, este pontificado se revela a fin de cuentas como un desastre. Un Papa declinante que no abdica de su poder, aunque podría hacerlo, es para muchos el símbolo de una Iglesia que tras su rutilante fachada está anquilosada y decrépita".

Hace unas semanas, Küng volvió al ataque con un artículo en el Corriere della Sera bajo el título: "El Papa que ha fracasado".

 
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