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10 de abril de 2005
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La Vanguardia de España - 7 de abril de 2005

El Papa "americano"

Erika Casajoana
Washington, DC
Estados Unidos vive una Papamanía de dosis iguales o superiores a la de naciones mayoritariamente católicas. Como en tantas otras tierras, múltiples figuras públicas han recordado la relación especial que Juan Pablo II mantuvo con el país y han relatado anécdotas personales con él.

El cardenal arzobispo de Washington, Theodore McCarrick, describió al Papa Wojtyla como "americano", por su sencillez, accesibilidad y dinamismo. Los estadounidenses están fascinados con la heroica biografía de un Pontífice que confrontó los dos grandes totalitarismos del S. XX, erigiéndose en el más influyente líder espiritual del mundo. Los católicos le aman -aunque no sigan sus preceptos?, los protestantes le admiran, y judíos y musulmanes le agradecen sus significativos gestos.

Con todos los respetos, hay algo muy hollywoodense en la muerte y sucesión de la cabeza de la mayor iglesia mundial, que además era el hombre más famoso del planeta. El magnífico y sobrio espectáculo mantiene hipnotizado al público norteamericano. La joven nación se deslumbra ante el despliegue de antiguos y misteriosos rituales en el mayestático marco del Vaticano ante una audiencia global. La entrada a la Basílica de San Pedro ha llegado a ser comparada en televisión a la alfombra roja de los Oscar en Los Angeles!

Otras metidas de pata periodísticas revelan el grado de autocentrismo de Estados Unidos, y lo poco versados que suelen estar en asuntos internacionales. Un locutor preguntó a su enviado especial si el entierro de Su Santidad era comparable al de Ronald Reagan (!), mientras que otro comentaba el primer viaje del Papa polaco a su tierra en 1979, donde "se enfrentó con el presidente Lech Walesa" (sic). Un programa recordó a sus oyentes que el Vaticano es un Estado independiente, por si acaso lo ignoraban.

La ubicua presencia mediática del fallecido Papa ha llegado a eclipsar importantes titulares sobre Iraq. Aunque la elección de un presidente y dos vicepresidentes democráticos en el torturado país árabe sea muy bienvenida, la Casa Blanca está más que satisfecha con un público absorto con la histórica figura de Karol Wojtyla y que se olvida por unos días de las penalidades en Iraq y del precio de la gasolina.

El presidente Bush ha alabado al Papa como "campeón de la libertad" y defensor de la dignidad humana. Al tratar del aborto o la eutanasia, Bush repite el lenguaje papal sobre la cultura de la vida, pero tal influencia no parece haber alcanzado a su visión sobre la pena de muerte.

Las muestras públicas de admiración del presidente protestante por un Santo Padre conservador en lo social y acérrimo enemigo del comunismo son, sin duda, sinceras. Lo que no quita que resulten asimismo rentables políticamente: según recientes sondeos, el índice de aprobación de este Pontífice es del 67 por ciento, cota que sube hasta un fenomenal 87 por ciento entre los católicos. Ambas cifras superan la popularidad del presidente, que no llega ni al 50 por ciento. 

Haciendo gala de su conocido instinto político, George W. Bush decidió ser el primer presidente estadounidense en ejercicio en asistir a unas exequias papales. La insigne delegación queda completada nada menos que con dos ex?presidentes ?Bush padre y Bill Clinton?, la primera dama y la Secretaria de Estado Condoleeza Rice. Ninguno de ellos profesa la fe católica, minoritaria en el país respecto a las denominaciones protestantes pero que aun así representa la iglesia más numerosa, con más de sesenta millones de fieles y una cuarta parte de la población.

Bush viajó al Vaticano durante su campaña de reelección, en junio de 2004. Se sometió con paciencia a las reprimendas del Santo Padre sobre la guerra de Iraq, porque sabía que la foto con él le favorecería electoralmente. No se equivocó, y en noviembre, por primera vez, una mayoría de católicos apoyó a un candidato republicano en una elección presidencial.

El sábado en que el Papa murió, la pareja presidencial asistió a una misa solemne por su alma en la Catedral de Washington. El Cardenal McCarrick aprovechó la ocasión de contar con tan influyente y cautiva audiencia para resaltar el compromiso de Juan Pablo II contra la pobreza. La preocupación católica con la justicia social no ha calado todavía en la sociedad norteamericana, y mucho menos en su clase dirigente.

Si el reputado Cardenal McCarrick fuera elegido sucesor de San Pedro, tendría una oportunidad de oro para marcar el tejido moral del país. La realidad es que nadie considera "papabile" a un estadounidense. El próximo Papa americano será un latinoamericano.

 
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