Desde los sectores que acaban de dejar el gobierno, prevalecen las
expresiones de rechazo, como se pusieron en evidencia en los ataques
demagógicos y reaccionarios al ministro de Interior, Dr. José Díaz, en sus
anuncios acerca de cómo resolver la explosiva situación carcelaria.
1- Dirigentes políticos que hasta ayer despilfarraban los bienes del
Estado, se han convertido en severos fiscales olvidando que la gravedad de
la situación en las prisiones, la desatención y el hacinamiento inhumano a
que se somete a miles de personas fue una realidad creada por sus actos de
gobiernos, sus omisiones y su pasmosa frivolidad.
Algo similar se podría decir acerca de otras actitudes en las que se
trasmite una información capciosa, destinada a deformar lo que el gobierno
se propone: se ha llegado a decir que somos casi una dictadura con
régimen de partido único por que no se les dio un segundo cargo en el
Directorio del BROU al Partido Nacional. No se les permitió que ellos, los
electoralmente derrotados, tuvieran las llaves decisivas para la acción
social y de fomento que el BROU habrá de cumplir en la realización del
proyecto de País Productivo.
2- Algunos compañeros creen que es una buena señal hacia la ciudadanía
el pueblo actuar como si el enemigo no existiera, como si fuera un
concepto extinguido, incompatible con la vigencia de la democracia: la
palabra enemigo se ha hecho casi impronunciable, propia de malevos
o camorristas. Se prefiere entonces hablar de 'adversarios' que, según el
DRAE, quiere decir prácticamente lo mismo.
Se olvida que esos comedidos "adversarios", siempre que pudieron,
hicieron todo lo posible por borrarnos del mapa.
Los fabricantes de pobres, los de dentro y los de fuera del país, son
nuestros enemigos. Los gobernantes deshonestos, que incumplieron con su
obligación de defender los intereses nacionales, también. Como enemigos
nos acechan, esperan nuestras debilidades, están siempre atentos a
trabajar sobre nuestras fisuras.
Una parte de nuestro pensamiento histórico, como frenteamplistas, se
articuló en torno a esta la idea de la existencia de intereses
antagónicos. Durante años, nuestro pensamiento y nuestra acción se
construyó a partir de afirmar que la realidad del país se caracterizaba
por mostrar "de un lado el pueblo y del otro la oligarquía".
¿Hay elementos suficientes para decir que esto ha cambiado?
3- La constatación de la existencia de enemigos pone el acento en el
fortalecimiento propio, como fuerza política, como "partido".
Y eso implica reivindicar nuestra identidad y nuestro programa.
Un programa que levantamos como antagónico al de los blancos y
colorados.
¿Se trata de una innovación? ¿Se trata de un estilo ajeno a la
tradición de la democracia?
No. Justamente, la gracia de la democracia, lo que la convierte en un
mecanismo válido, es que abre el camino a los cambios y al progreso
social, a partir justamente de la posibilidad que el pueblo elija entre
opciones diferentes. Que el continuismo cese y deje lugar a las propuestas
de cambio y que los nuevos protagonistas no vean constreñidos a ser los
administradores de la herencia crítica dejada por las antiguas fracciones
dirigentes.
De la elección del 31 de octubre, los frenteamplistas y nuestros
aliados emergimos con un mandato. Poner en práctica nuestras concepciones,
nuestro programa, diferente al hegemónico.
El mandato se rubricó con el apoyo mayoritario de la ciudadanía.
4- Aunque es obvio, conviene reiterarlo: en la lucha política no todo
se resuelve con transacciones, ni todo puede ser objeto de "acuerdos
nacionales". Hay temas sobre los que no se tranza. Y para esos temas, que
son nuestras señas de identidad, hay que fortalecer las fuerzas propias y
debilitar y aislar la de nuestros enemigos.
Si no es esta, ¿cuál es la función de los partidos?
¿A santo de qué hay lucha electoral y se busca el apoyo ciudadano?
La propia existencia de un enemigo externo al FA es lo que fija
las reglas de juego que ordenan el tratamiento de las diferencias entre
los partidos que actúan dentro del FA: sus divergencias son de otra
magnitud y están subordinadas al antagonismo principal, que es con los
blancos y colorados.
En el episodio de la prórroga de los desalojos, si nos guiamos por el
intermitente relampagueo noticioso de los medios, ¡parece que los
problemas que realmente importan en el país se reducen a las diferencias
que existen entre dos ministros frenteamplistas!
5- Si la prueba del pastel... es comerlo, la prueba de la democracia
es, justamente, cuando el partido, triunfante por la voluntad popular,
unido y con iniciativa, hace realidad su programa.
Y lo desarrolla marcando las diferencias con el pasado. Ejerciendo,
dentro de la ley, todas las potestades que el pueblo le otorgó.
En un país en estado de emergencia social, donde el flagelo del hambre
y la necesidad cayó sobre un gran número de uruguayos, esas atribuciones
entregadas no son para empatar sino para infligir políticas de cambio.
Imponerle cambios a la minoría que defiende el statu quo, a los
defensores del privilegio. A los fautores de los campos de miseria y dolor
con que se han llenado las periferias de las ciudades.
6- La función del partido no se agota con la conquista del gobierno.
En medio de una situación de emergencia, el desarrollo de la lucha
democrática conduce a un tipo de gobierno que debe ser cohesionado,
coherente, con miras comunes de largo plazo, es decir un gobierno "de
partido". Y, por tanto, precisa como soporte una fuerza política activa,
un "partido", con su correspondiente estructura de base, creativo, con
propuestas, con democracia interna y una actitud vigilante en relación con
lo que está sucediendo en la sociedad.
A los partidos de la oposición al cambio, articulados y apoyados por la
artillería de fondo del oligopolio mediático, les asiste todo el derecho a
la crítica, a la protesta y a la disidencia. Cuanto más pongan en
evidencia todo lo que nos separa, menos pastoso y más auténtico será el
debate político.
7- El gobierno no puede estar al 'golpe del balde' de lo que dice la
oposición. Hacerlo significa que la agenda política no la va a proponer el
gobierno que representa a la mayoría del pueblo sino la oposición blanca y
colorada con su supremacía mediática y su enconado rechazo al cambio
social. Y quien hace la agenda conduce la acción política.
Nos esperan nuevas batallas y nuevas victorias. En las municipales,
pero, sobre todo en la construcción de una nueva realidad social.
El plan de emergencia ya está en la calle y en los barrios. Las
garantías para el proceso de sindicalización que aumentará rápidamente el
número de trabajadores organizados. Como ya está ocurriendo, para bien del
país.
Esto comporta el desafío de llevar a esos nuevos contingentes
ciudadanos nuestra visión política, nuestra tradición organizativa,
nuestros valores socialistas y solidarios. Nuestra preocupación por
resolver los problemas de todo el pueblo uruguayo. No podemos dejar que
sea la televisión que siga "educando" a las nuevas generaciones que
acceden a la ciudadanía en las concepciones del darwinismo social, la ley
de la selva o el egoísmo corporativo.
Al país hay que salvarlo todo, y entre todos, tal como lo encara el
Programa del FA. Y eso no surge como construcción de pensamiento
espontáneo. Es fruto de una militancia, de una educación y de unas
prácticas de lucha política.
Una de ellas empieza por el reconocimiento de que el enemigo existe. Y
que nuestras diferencias con él son abismales, y que no lo son entre
nosotros. O entre nosotros y nuestros aliados del EP y la NM.