El Terrorismo
Antonio
Mora Vélez
La ex-presidenta
panameña, Mireya Moscoso, unos días antes de entregar el
Poder, indultó a varios anticastristas cubanos acusados y condenados
por habérseles comprobado la organización de un atentado
terrorista encaminado a asesinar a Fidel Castro durante su comparecencia
en el auditorio de la Universidad de Panamá. Tal decisión
fue sugerida por el exilio cubano y el gobierno norteamericano, según
las autoridades de La Habana. Al menos uno de tales condenados participó
hace años en la destrucción en vuelo de un avión de
Cubana con cientos de pasajeros, delito por el cual es procesado y solicitado
por la justicia venezolana.
La decisión de amnistiar,
con pocos meses de cumplimiento de la condena, a unos terroristas internacionales,
y con base en peticiones o imposiciones del gobierno de Washington, pone
en entredicho la seriedad y honestidad de la pretendida cruzada contra
el terrorismo de la cual se ufana el gobierno de Bush. Con actitudes como
esa queda al descubierto que para el gobierno de los "halcones" de la Casa
Blanca solo es terrorismo el que se comete contra sus dominios y contra
los gobiernos que siguen al pie de la letra sus mandatos imperiales. Y
que no lo es o pertenece a un terrorismo aceptable para el Tio Sam, el
que se realiza contra los enemigos del Imperio, lo cual quiere decir que
hay un terrorismo bueno y otro malo, tesis peregrina y oportunista que
no resiste el menor análisis.
El terrorismo es perverso y criminal
desde su concepción hasta sus fines y resultados, venga de donde
viniere. Tan terrorista es Osama Bin Laden cuando destruye las Torres Gemelas
y asesina a miles de personas, como los cubanos que destruyeron el avión
de Cubana o que intentaron asesinar a Castro y con él a centenares
de estudiantes panameños que fueron a escucharlo. O los guerrilleros
que lanzan un cilindro bomba contra varias casas de un pueblo. O los paramilitares
que masacran campesinos desarmados. El terrorismo no es una política,
ni una ideología, es un método de guerra y exterminio que
convierte a la población civil en objetivo militar o que no la respeta
y la involucra irresponsablemente en los planes de exterminio del enemigo.
Y tan terroristas son, pues, los de derecha y los de izquierda, los amigos
y enemigos del Imperio, y el Imperio mismo cuando lanza sus bombas contra
la población civil de los pueblos que invade.
Si la guerra es la consecuencia del
fracaso de la razón, el terrorismo es la confesión de que
la política y la estrategia militar convencionales han fracasado,
que no es posible derrotar al enemigo ni con los votos ni con las armas
y que es necesario golpearlo moralmente en sus bases de apoyo y sustentación.
Es la confesión de que los terroristas se sienten aislados y sin
apoyo popular y recurren por esto a semejantes procedimientos cuando podrían
ocurrir a la fuerza de las masas, si la tuvieran. El terrorismo es un método
desesperado de lucha militar que no produce sino rechazo y descalabro político.
La opción más degradada de esa tendencia cobarde del hombre
de producir la derrota del adversario a distancia, sin correr el riesgo
de perder la vida en la acción. El terrorismo es el polo opuesto
de la política, puesto que ésta no se hace con armas sino
con pueblo. Es la negación de la civilidad, del humanismo, de la
democracia y de la religión. Y están condenados por la historia
quienes pretendan continuar utilizándolo, así lo disfracen
de aparente acción vindicatoria o justiciera.
En contra del terrorismo debieran
alzarse los pueblos y gobiernos del mundo para exigir un tribunal internacional
que juzgue los actos terroristas, todos ellos de lesa humanidad, sin tener
en cuenta la filiación de los autores ni los motivos que tuvieron
para tan execrable acción.
15 de abril de 2005
Antonio
Mora Vélez
Escritor colombiano
antonio_moravelez@yahoo.com.ar
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