El Ejército de EEUU
no tiene rival. Ninguna economía es tan vasta y dinámica como
la nuestra. Nuestras películas, nuestra música y nuestro
idioma gozan de una gran demanda en un mundo cada vez más
pequeño. Las innovaciones tecnológicas estadounidenses marcan
el ritmo en muchos campos. Los ideales estadounidenses de
democracia, libre empresa, libertad de expresión y de reunión,
tolerancia y diversidad están al orden del día. Muchos
movimientos cantan, en muchos idiomas y en todos los
continentes, We shall overcome (Venceremos). El
estado de la Nación es fuerte, dice el presidente.¿Lo es?
Bajo las bravatas de la Administración de Bush, nuestro
aislamiento es cada vez mayor y nuestra independencia se
socava. Nuestros déficits comercial y presupuestario siguen
estableciendo nuevos récords. Ni el Gobierno ni el Congreso
republicano incluyen los costes de la guerra de Irak
--estimados en 300.000 millones de dólares-- en su
presupuesto. La guerra se hace a crédito, con préstamos de los
bancos centrales de China y Japón, y la deuda se difiere a
nuestros hijos.
El presidente Bush prefiere actuar
claramente en solitario antes que contribuir a que las cargas
alimenten a los aliados y favorezcan el consenso. A pesar de
la "ofensiva de seducción" de la secretaria de Estado,
Condoleezza Rice, en Europa, el verdadero propósito del
presidente se evidencia en la designación de John Bolton,
conservador ortodoxo y niño mimado del exsenador de
la derecha Jesse Helms, como embajador de EEUU en la
ONU. Y puesto que acabo de regresar de Londres, puedo
atestiguar que este nombramiento se percibe en Europa como una
afrenta directa y ofensiva.
¿Cómo no? Bolton goza de
la triste fama de ridiculizar a la ONU. "Las Naciones Unidas
no existen", proclamó una vez, sosteniendo que el mundo
depende de EEUU, de su poder real para liderarlo. En el
Congreso, Bolton se alinea con los republicanos para
quienes, dice, "la pérdida de una votación de la Asamblea
General, lejos de representar una preocupación, en realidad
les alegra la vida. En efecto, perder una votación es
para muchos una prueba mayor de por qué no debe financiarse
más el sistema de la ONU".
PARA EL GUSTO de
Bolton, enemigo de los acuerdos internacionales, los
aliados son un fastidio. Si se ponen en fila y saludan,
magnífico. De lo contrario, lo que deberían hacer es quedarse
al margen. Y la ONU le molesta particularmente. "El edificio
de la secretaría en Nueva York tiene 38 pisos. Si pierde 10
pisos --declaró antes de que el 11 de septiembre hiciera que
sus palabras le persigan--, no habría diferencia". El
nombramiento de Bolton es la manera en que Bush
mete el pulgar en el ojo de nuestros aliados.
Pero bajo
esta bravata, Bush es responsable de la precipitada
erosión de la potencia de Estados Unidos, que en la actualidad
es el mayor deudor del mundo. A pesar del permanente descenso
del valor del dólar en Europa, el año pasado EEUU contabilizó
un déficit global récord de más de 600.000 millones de
dólares. Bajo el mandato de Clinton, durante el
boom de la alta tecnología, EEUU atraía inversiones
privadas y empresariales a la economía real. Bajo el mandato
de Bush, en la economía de crecimiento lento, la
inversión real del extranjero se ha secado por
completo.
Los deudores no pueden mostrarse exigentes,
tienen que complacer a los acreedores. Ahora somos muy
dependientes de las decisiones de las personas que copan la
dirección del Partido Comunista Chino. Si deciden dejar de
comprar nuestros bonos del Estado, los tipos de interés
subirán, las pequeñas empresas endeudadas y los propietarios
de viviendas se verán afectados y la economía caerá en
picado.
¿Piensan que exagero? Bien, a principios de este
mes, los banqueros de Corea del Sur --que no juegan en la
misma liga que China como acreedores de EEUU-- sugirieron que
podrían estar perdiendo su apetencia de dólares.
Inmediatamente, los mercados descendieron y los tipos de
interés saltaron por los aires. Los coreanos difundieron
rápidamente un comunicado donde se afirmaba que, en efecto, no
lo habían dicho en serio y que seguirían con el
dólar.
Bush puede deleitarse mostrándose duro con
nuestros aliados y despreciando a las instituciones
internacionales, pero estamos pagando un precio cada vez mayor
por ello. La adopción de posturas de macho --como refleja el
nombramiento de Bolton-- es una buena política
interior. Pero el presidente está socavando nuestra influencia
en el exterior e ignorando nuestra creciente dependencia de
los acreedores extranjeros. A los banqueros chinos se les está
concediendo la posibilidad de estrangular nuestra economía. Si
deciden apretar el nudo, el presidente pasará de la adopción
de posturas a postrarse para pedir
clemencia.
Tribune Media Services. Traducción de
Xavier Nerín.