Agustín Díaz Pacheco - rodelu.net
15 de abril de 2005
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La sentada del pequeñoburgués
Agustín Díaz Pacheco
La muerte no perdona, la existencia y su final es un misterioso antes y temido después, y una lucha tenaz contra sus numerosas dolencias, el fallecimiento de Karol Wojtyla  ha motivado reflexión ante el sufrimiento físico y psicológico de un hombre que, como todo ser humano, debe ser respetado, aunque muchos no compartan sus ideas religiosas. Se concita una opinión, Juan Pablo II demostró ser un conservador en los temas concernientes a la teología y moderadamente avanzado en lo social, cuestiones inerciales. 

El contrapunto ante su fallecimiento, el martes 9 de marzo en el Congreso de los Diputados  (Madrid), cuando varios diputados del PSOE (partido muy a la derecha del programa de Bad Godesberg, y que recibe el voto de bastantes  creyentes), de ERC (nostálgicos del republicanismo elemental…), y de Izquierda Unida (innegable vocación extraparlamentaria la suya, en la que coinciden estalinistas, y  expertos en hacerse gratuito harakiri), optaron por no levantarse, ante una mayoría del todo innegable que sí lo hizo, guardando un minuto de silencio por Juan Pablo II.

Mientras, un hombre situado en las antípodas, Fidel Castro, ha manifestado: “Juan Pablo II fue un hombre excepcional y luchador tesonero, incansable”; a la vez que recordaba que Karol Wojtyla declaró durante su estancia en La Habana que el bloqueo a Cuba era “injusto y éticamente inaceptable” – quede constancia de la cuasiplural actitud crítica ante ciertas decisiones del dirigente cubano, pero mucho más lo son, hasta adquirir la más inquebrantable oposición ante un siniestro cowboy: George W. Bush-; pero un pelotón de pequeñoburgueses irrespetuosos que militan en el PSOE, ERC o IU, ha dejado plena constancia de la más sorprendente intolerancia. Harían mejor en preocuparse ante los muchos problemas que afectan a la ciudadanía española, no convertirse en asalariados parlamentarios, evitar la indiferencia de los políticos profesionales y entregar alguna parte de su dinero a pobres, necesitados, y meritorias ONG´s. Pero no, los jacobinos de saldo se disfrazaron de contestatarios, y si en ciertos –sin generalizar- ámbitos nunca faltan ciertos hipócritas que dicen ser cristianos y luego se contradicen conscientemente, en los parlamentarios entregados a la sentada pequeñoburguesa se abre una hipótesis: si ostentaran el poder, lo pasaríamos fatal. Unos, descendientes del anticlericalismo –del todo trasnochado-; otros, republicanos de pose y ambición, y el resto, herederos inconfesos del estalinismo, aunque se vistan de manera oportunista como partícipes de una nueva izquierda y mostrarse inclinados hacia alianzas para avanzar en democracia.

La totalitaria actitud de quienes protagonizaron la sentada, los pequeñoburgueses de turno, es difícil que coincidieran con quien sí mantiene convincentes argumentos contra la jerarquía que lo ha intentado amordazar. Es Leonardo Boff, clave de la teología de la liberación, que propone: “Una señal de que la Iglesia se moderniza y camina con la historia en su mejor versión, es el espíritu democrático y la voluntad de ser ciudadano activo y no un consumidor pasivo de bienes religiosos” (El País, página 4; 11/4/2005). Quedan ahora las explicaciones de ciertos políticos profesionales…

Agustín Díaz Pacheco
Escritor español, reside en La Laguna (Tenerife, Canarias)
lykos87@yahoo.es

 
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