esde la
pasada reunión del Grupo de los siete países (G-7) más industrializados en
febrero han muerto ya 2 millones de niños, simplemente por falta de
atención médica debido a su pobreza extrema. Por eso Oxfam, una organización no
gubernamental ligada al desarrollo, ha instalado frente al Banco Mundial, en
Washington, un enorme reloj que cada tres segundos agrega una muerte más a esos
2 millones. Si la segunda guerra mundial causó el deceso de 80 millones de
personas en ocho años, la pobreza logrará resultados similares (sin contar la
muerte de adultos, víctimas del hambre y de enfermedades curables, ni los
muertos en vida por pérdida de toda capacidad productiva debido a la
desnutrición y a las infecciones más comunes).
Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la
Agricultura, la producción de alimentos basta para toda la población mundial,
pero el acceso a ellos, como a las medicinas y cuidados médicos más elementales,
está restringido a los sectores más solventes de cada país, debido a una
terrible desigualdad social que hace que mueran niños de inanición en países
como Argentina, que son exportadores de cereales y de carne. Dicho sea de paso,
la desigualdad en México supera inclusive a la de la mayoría de los países de
Africa subsahariana.
En los próximos días se reunirán en Washington el G-7, el Banco Mundial y el
Fondo Monetario Internacional. Discutirán prioridades que para ellos son más
importantes, como la estabilidad del sistema monetario internacional, que está
en estado caótico debido al debilitamiento del dólar, o el problema planteado
por quienes se negaron a canjear sus viejos bonos de la deuda argentina y exigen
un imposible rembolso a su valor nominal, o las normas que pretenden fijar a los
países dependientes.
Hay que recordar que en la reciente reunión del G-7 se aceptó la posibilidad
de anular la deuda multilateral (de todos modos, impagable) de los países más
pobres. Pero el problema real es la causa de la pobreza y no sólo cómo mitigar
sus peores efectos en algunos países sin mayor incidencia en la economía
mundial. Porque la inmensa mayoría de los pobres están en países ricos,
industrializados o dependientes, e inclusive en Estados Unidos, y porque el
crecimiento y la concentración de la pobreza es la otra cara de la medalla del
crecimiento y de la concentración de la riqueza en el polo social opuesto.
En efecto, los bajos precios de las materias primas agrícolas, los salarios
miserables y las pésimas condiciones de trabajo enriquecen a unos pocos que
obtienen grandes ganancias y hacen inhumana la vida de centenares de millones de
personas que no pueden ya ni siquiera asegurar su supervivencia. Los niños que
mueren cada tres segundos no son víctimas, por consiguiente, de la falta de
alimentos ni siquiera en su zona o su país, ni de la falta de medicinas: lo son
de políticas que profundizan y perpetúan las desigualdades, que fabrican pobres
y enfermos, y que sin piedad alguna arrojan de la vida a los que están fuera del
mercado.