| Brecha
de Uruguay - 22 de abril de 2005
Ecuador
Rebelión
rigurosamente vigilada
El Congreso de Ecuador destituyó
este miércoles al presidente Lucio Gutiérrez, abriendo paso
a la asunción del vicepresidente Alfredo Palacio, luego de una semana
de intensas movilizaciones en la capital del país y de cuatro meses
de crisis política.
Kintto
Lucas desde Quito
Alfredo Palacio, un médico de
56 años, dijo a BRECHA que instalaría un gobierno de “concertación
nacional” y que cumpliría todo el período presidencial, hasta
enero de 2007, aunque gran parte de los manifestantes que se movilizaron
contra Gutiérrez reclaman una permanencia de sólo cuatro
meses, un llamado anticipado a elecciones generales y el cese de los tres
poderes del Estado.
Palacio ya anunció que no
cumplirá con el anhelo de los opositores de suspender las negociaciones
del Tratado de Libre Comercio (TLC) que se negocia con Estados Unidos y
la anulación del convenio que cedió la base aérea
del puerto de Manta a las fuerzas armadas estadounidenses.
“No tenemos que tener miedo al TLC,
pero debemos negociar de igual a igual con Estados Unidos”, argumentó
el nuevo presidente. También afirmó que respetaría
todos los contratos firmados por Ecuador, el de la base de Manta incluido.
CRISIS VERTIGINOSA
La salida de Gutiérrez se
precipitó tras la dura represión policial del martes a una
marcha en la que participaron más de 30 mil personas, y en la que
murió el fotógrafo chileno Julio García de un paro
respiratorio por efecto de los gases lacrimógenos. Más de
50 personas resultaron heridas.
Los acontecimientos se sucedieron
en forma vertiginosa: el miércoles Quito amaneció con movilizaciones
ciudadanas en varios barrios de la ciudad y cortes de calles por parte
de los manifestantes, mientras llegaban autobuses de provincias con cientos
de personas pagadas para apoyar al gobierno y enfrentarse con los manifestantes
opositores.
A las 11 la embajadora de Estados
Unidos, Kristrie Keney, concurrió al palacio de gobierno para entrevistarse
con Gutiérrez. Al salir de la reunión el vocero de esa embajada,
Cristhian Warren, dijo que el gobierno de Estados Unidos estaba muy preocupado
con la situación que vivía el país y que llamaba a
solucionarla rápidamente. Era el principio del fin de Gutiérrez.
Minutos después el comandante
en jefe de la policía (una institución estrechamente ligada
con acciones del gobierno de Estados Unidos en el Plan Colombia), Jorge
Poveda, renunció a su cargo, pidió disculpas por las acciones
policiales y se mostró contrario a seguir reprimiendo a los opositores.
A las 13, tras instalarse en sesión
extraordinaria, el Congreso destituyó a Gutiérrez por abandono
del gobierno, aunque éste todavía permanecía en la
casa presidencial y no había renunciado.
Pocos minutos más tarde se
confirmaba la salida de Gutiérrez, cuando el jefe del Comando Conjunto
de la Fuerzas Armadas, almirante Víctor Hugo Rosero, anunció
que los militares le retiraban su apoyo para “salvaguardar” la paz del
país. Fuentes militares confirmaron a BRECHA que el alto mando militar
estaba en desacuerdo con la injerencia estadounidense y había exigido
al Congreso que primero fuera éste el que adoptara una resolución
sobre la salida de Gutiérrez.
Pocos minutos después Gutiérrez
abandonó el palacio presidencial y se dirigió a la embajada
de Brasil, país que le concedió asilo político.
Sin embargo, incluso con esa resolución,
los mandos no concurrieron en persona a dar el apoyo a Palacio, quien luego
de juramentar en el Congreso fue rodeado por una multitud que exigía
que se vayan todos. El nuevo presidente tuvo que concurrir al Ministerio
de Defensa casi escondido y brindar una conferencia de prensa flanqueado
por los mandos, pero tampoco pudo ir a a la casa de gobierno porque allí
se mantenían manifestantes exigiendo que no traicione la voluntad
popular.
LOS ERRORES DEL CORONEL
El 8 de diciembre de 2004 una mayoría
legislativa integrada por partidos cercanos al gobierno destituyó
a los magistrados de la Corte Suprema de Justicia y nombró a otros,
basándose en una cláusula transitoria de la Constitución,
medida considerada inconstitucional por partidos opositores. Durante cuatro
meses, y pese a diversas propuestas del gobierno y de la oposición,
los legisladores no lograron ponerse de acuerdo para buscar una salida
a esta crisis institucional.
La situación se agravó
el 1 de abril, cuando el presidente de la nueva Corte nombrada por Gutiérrez,
Guillermo Castro, anuló los juicios por corrupción contra
los ex mandatarios Abdalá Bucaram (1996-1997) y Gustavo Noboa (2000-2003)
y contra el ex vicepresidente Alberto Dahik (1992-1995), fugados del país.
Esto permitió a los tres acusados
regresar a Ecuador, con el consiguiente rechazo de distintos sectores de
la población.
El Congreso, reunido en forma extraordinaria
el domingo 17, cesó por unanimidad de los 89 parlamentarios presentes
a la Corte cuestionada y declaró “vacancia judicial” hasta lograr
un acuerdo para aprobar una ley que establecería un mecanismo no
partidista para elegir a los magistrados. La resolución, sin embargo,
no dejó sin efecto la nulidad de los juicios contra Bucaram, Noboa
y Dahik.
Mientras los diputados del Partido
Roldosista Ecuatoriano, de Bucaram, señalan que los juicios están
cerrados porque la resolución no aborda este tema, los legisladores
opositores argumentan que al cesar la Corte, sus providencias no son válidas.
El diputado Guillermo Landázuri,
líder de la opositora Izquierda Democrática (socialdemócrata),
aceptó que correspondería a la futura Corte decidir sobre
los procesos contra los tres ex gobernantes. “Tendrá que ser la
nueva Corte Suprema de Justicia la que asuma nuevamente esos juicios”,
argumentó Landázuri.
Los manifestantes rechazan cualquier
injerencia de los partidos políticos en sus movilizaciones y exigen
la renuncia de los funcionarios de los poderes Ejecutivo, Legislativo y
Judicial, con las consignas “Lucio fuera” y “que se vayan todos”.
GENTE EN LA CALLE
Las protestas surgieron espontáneamente
el miércoles pasado en Quito y continuaron el lunes con menor intensidad,
mientras se preparaba la concentración multitudinaria del martes.
El miércoles 13 de abril había tenido escasa aceptación
la convocatoria a una huelga general efectuada por el alcalde de Quito,
Paco Moncayo, y por el prefecto (gobernante provincial) Ramiro González,
de Pichincha, provincia donde se encuentra la capital ecuatoriana.
En cambio, los oyentes de radio La
Luna, de Quito, propusieron una movilización espontánea contra
el gobierno, que fue creciendo a partir de la difusión desde la
propia emisora y de mensajes enviados a través de teléfonos
celulares.
La convocatoria logró una
amplia adhesión y durante varios días miles de personas se
movilizaron en distintos puntos de la capital, sobre todo en zonas de clase
media, para exigir la salida del presidente.
El sábado, ante la presión
de las movilizaciones, Gutiérrez echó mano a la ley de seguridad
nacional para decretar el estado de emergencia, que suspendió los
derechos civiles, movilizó a las fuerzas armadas y dio al Ejecutivo
la facultad de intervenir otros poderes del Estado. En el mismo decreto
el presidente cesó a la Corte de Justicia cuestionada. Gutiérrez
se justificó explicando que debía poner fin a la crisis política
utilizando los poderes especiales que le otorgaba el estado de emergencia.
Distintos sectores criticaron el
decreto y acusaron a Gutiérrez de haber tomado una resolución
“dictatorial” para reprimir las manifestaciones. La influyente Confederación
de Nacionalidades Indígenas del Ecuador (Conaie) se solidarizó
con las protestas de Quito e inició movilizaciones en algunas provincias
pidiendo la renuncia de Gutiérrez. El presidente de la Conaie, Luis
Macas, dijo que su organización no negociaría ningún
tipo de salida a la crisis, y en caso de que fuera sustituido Gutiérrez,
exigiría el cumplimiento de su programa de reclamos. “Nosotros exigimos
que el país suspenda las negociaciones del Tratado de Libre Comercio
con Estados Unidos, cierre la base militar de Manta (cedida a las fuerzas
armadas estadounidenses), y se oponga al involucramiento del país
en el Plan Colombia”, dijo Macas.
FUTURO INCIERTO
El ahora presidente Palacio se había
distanciado de Gutiérrez más de un año atrás,
y venía realizando declaraciones públicas en contra del gobierno
cada vez que se presentaba una crisis política. “La patria está
en peligro de disolución”, dijo Palacio antes de la destitución
de Gutiérrez, y aseguró que eran insistentes los pedidos
para que asumiera el poder, pese a los cuales se mantendría defendiendo
la legalidad.
Gutiérrez y Palacio ganaron
las elecciones presidenciales en la segunda vuelta electoral de noviembre
de 2003, apoyados por el movimiento indígena y las organizaciones
sociales y de izquierda. Apenas haber asumido, Gutiérrez se mostró
como aliado incondicional de la política de Estados Unidos para
la región, y tan sólo seis meses después los ministros
y otros jerarcas afines a los indígenas se retiraron del gobierno
alegando “traición” a la alianza. Pese a la resolución de
la crisis, nadie duda de que Estados Unidos seguirá vigilando de
cerca la evolución de un país que considera vital para el
futuro del Plan Colombia (contra el narcotráfico y la guerrilla)
y para apuntalar su estrategia de cara al gobierno venezolano de Hugo Chávez. |