| ALAI
Agencia Latinoamericana de Información - 22 de abril de 2005
Ecuador:
¿Cambio de rumbo?
Sally
Burch
El nuevo
mandatario ecuatoriano, Alfredo Palacio, quien toma las riendas de un país
en condiciones de extrema fragilidad de las instituciones democráticas,
y sin Corte Suprema de Justicia, dio a conocer que la primera prioridad
de su gobierno será devolver a éstas la legalidad y legitimidad.
Pero dejó entender que ello no implica apresurar elecciones, pues
bajo el actual régimen electoral ello se prestaría a perpetuar
el actual sistema político deslegitimado.
Palacio, médico guayaquileño
sin afiliación partidaria, quien desde el inicio del gobierno de
Gutiérrez se distanció de su co-mandatario, criticándolo
por el abandono de su programa electoral, ha dado a conocer su intención
de reformar el presupuesto del Estado y la política económica,
para priorizar las metas sociales. Opina que el país debe invertir
en salud, educación, ciencia y tecnología, protección
social y en la reactivación productiva con miras a disminuir la
dependencia de la exportación petrolera.
Los primeros integrantes de su gabinete,
-que no incluirá a militantes de ningún partido político-,
parecen ratificar un cambio de rumbo. En particular, el Ministro de Economía,
Rafael Correa, ha sido muy crítico frente a la dolarización
y al Tratado de Libre Comercio -TLC-, actualmente en negociación
con EE.UU. Si bien reconoció que no hay condiciones para abandonar
por ahora la dolarización, se comprometió a no privatizar
el petróleo y a fortalecer a la empresa estatal Petroecuador. Se
opone a la recompra, en las condiciones actuales, de los bonos de la deuda
externa, y considera que el excedente del ingreso petrolero, que percibe
el país por el alto precio en el mercado internacional, debe destinarse
más bien en su mayor parte a la inversión social.
Con respecto al Tratado de Libre
Comercio con EE.UU., Correa propone volver a revisar toda la negociación.
Por su parte, Palacio ha reconocido que los acuerdos comerciales son ineludibles,
pero que los países no deben negociar en condiciones de esclavitud.
Considera que el equipo negociador debe ser fortalecido para negociar en
temas de aranceles y subsidios, además de temas como la deuda, la
transferencia tecnológica y la propiedad intelectual. Respecto a
esta última, como médico, enfatiza especialmente en la necesidad
de establecer salvedades para la salud pública y de restringir las
patentes en materia de ingeniería genética, que implican
patentar la vida. Mencionó, además, que el TLC podría
ser tema de una consulta popular.
Apoyo vigilante
El nuevo gobierno goza, por el momento,
de un apoyo vigilante de gran parte de la población que se levantó
contra Gutiérrez. Pero más allá de ello, su margen
de maniobra es débil. La legitimidad de la resolución parlamentaria
que con mayoría simple destituyó a Gutiérrez por "abandono
del poder" es cuestionada por algunos sectores, y la comunidad internacional
aún no ha reconocido al nuevo mandatario. El día 20, el alto
mando militar demoró varias horas en reconocer a Palacio como nuevo
Presidente, no obstante su nombramiento en el Congreso y el hecho que ellos
mismos ya habían retirado su apoyo a Gutiérrez. Ello puso
evidencia las diferencias internas en el cuerpo militar, pero también
dejó en claro que quien dirime, en última instancia, en las
crisis políticas ecuatorianas sigue siendo las fuerzas armadas.
Poder que les atribuyen los propios actores sociales y políticos,
cuando les llaman a ellos a intervenir cada vez que se dan este tipo de
crisis de institucionalidad. La conferencia episcopal también ha
anunciado su reconocimiento del nuevo presidente. Por su parte, las autoridades
norteamericanas evitan expresar un reconocimiento al nuevo gobierno, si
bien dicen estar en "relaciones". La secretaria de Estado Condoleezza Rice
llamó a "apoyar un proceso democrático, constitucional" e
insistió en la necesidad de adelantar las elecciones.
Mientras tanto, el Congreso se encuentra
presionado por los gritos que prosiguen en las calles y las radios de la
capital, exigiendo "que se vayan todos". El Congreso está totalmente
desprestigiado ante los ojos de la población y ninguna fuerza política
puede pretender tener las manos limpias en el reparto de puestos en las
instituciones fundamentales del Estado. Las bancadas parlamentarias de
algunas fuerzas políticas han indicado que estarían dispuestas
a renunciar, pero no sin antes dejar establecidas las condiciones básicas
para el funcionamiento democrático. Ello incluye, como medidas urgentes,
un mecanismo para nombrar a la Corte Suprema de Justicia, actualmente vacante
-sin que se convierta en un nuevo reparto de puestos entre los partidos
políticos-, y la revisión del nombramiento inconstitucional
del Tribunal Constitucional (algunos de cuyos miembros ya ofrecieron su
renuncia) y del Tribunal Supremo Electoral. Además, el Presidente
Palacio tiene que enviar una terna para nombrar fiscal, y está pendiente
además el nombramiento del contralor. Como primer paso, si espera
recobrar la capacidad de actuar, y algún grado de credibilidad,
se impone con urgencia una depuración interna en el Congreso, lo
que estos mismos partidos han anunciado su intención de hacer.
Muchos consideran que la fragilización
de las instituciones del Estado ha sido una política orquestada
por intereses particulares, en la cual Gutiérrez ha tenido un alto
grado de responsabilidad, desde que el 8 de diciembre intentó concentrar
todos los poderes del Estado. El propio Palacio, cuando aún era
vicepresidente, horas antes de la caída de Gutiérrez, se
refirió en términos muy duros a lo que calificó de
"plan diabólico destinado a producir la demolición de la
mayor parte de las instituciones fundamentales de la democracia ecuatoriana".
Dijo no poder determinar con exactitud a los autores de este plan, por
la mezcla de intereses visibles e invisibles involucrados, pero que se
impone analizar quienes se benefician. Criticó a "todo aquel que
trata de salvar a grupos, en lugar de salvar a la nación". En particular,
fustigó al sistema financiero internacional especulativo, que "nos
ha hecho muchísimo daño", y que "se infiltra en la mayor
parte de países".
El movimiento social que provocó
el recambio de gobierno expresa un fenómeno novedoso en el escenario
político-social ecuatoriano. Por un lado, demuestra el debilitamiento
real de las fuerzas sociales orgranizadas -incluyendo el movimiento indígena-
como resultado de la política desarticuladora del gobierno Gutiérrez.
Estas organizaciones apoyaron las movilizaciones en su contra, pero prácticamente
no tuvieron incidencia. También expresa el desbordamiento de los
liderazgos políticos, sobre todo en Quito, y en menor medida en
otras ciudades. Las sucesivas marchas de protesta y paros convocadas por
los alcaldes de Quito (Paco Moncayo) y Guayaquil (Jaime Nebot), entre otros,
no tuvieron la fuerza suficiente como para lograr un cambio de rumbo del
gobierno y trataron de ocultar el reclamo de "Lucio fuera" que ganaba fuerza
en la calle. Fue allí que se dio la autoconvocatoria de los "forajidos
y forajidas", (término empleado como insulto por el propio Gutiérrez,
pero apropiado por la población quiteña) efectuada con el
apoyo de Radio la Luna y otra decena de radios locales. Con el lema de
movilizarse pacíficamente por la dignidad del país, y rechazando
todo liderazgo tradicional, durante 7 noches, -y el día 20 desde
la mañana-, una multitud multiclasista (con predominancia de sectores
medios), se apoderó de las calles de Quito. Salieron familias enteras,
pero sobre todo jóvenes, que se auto-organizaron, decidieron cada
día donde agruparse, acordaron lemas y formas de manifestarse. Luego
de la caída de Gutiérrez, la ciudadanía permanece
movilizada y las reuniones prosiguen en las noches para organizar la vigilancia
a las autoridades y exigir el apresamiento a los responsables de la represión
de la última semana.
En último término,
el principal artífice de la caída de Lucio Gutiérrez
fue él mismo. Tenía casi todo a su favor: apoyo de las fuerzas
armadas, de una mayoría parlamentaria, del gobierno norteamericano.
No midió las consecuencias de facilitar el regreso, en condiciones
de impunidad, del ex presidente defenestrado, Abdalá Bucaram. Y
la gota que derramó el vaso de la ira quiteña fue el anuncio
de que, el día 20, el gobierno estaba trayendo a Quito unos 100
buses de "matones" armadas de palos -se habló incluso de machetes-,
desde la Costa y Amazonía, para enfrentar al pueblo movilizado,
hecho que desató la insubordinación generalizada.
http://alainet.org/active/show_news.phtml?news_id=8049 |