| Vaticano
El Opus
apunta a Ratzinger
Los conservadores
se están coaligando en torno al alemán Joseph Ratzinger o,
como reserva, al argentino Jorge María Bergoglio. Los progresistas
apuntan al moderado italiano Dionigi Tettamanzi mientras suben las cotizaciones
del arzobispo de Viena, Christoph Schönborn. Sin embargo, los 115
príncipes de la Iglesia no se reconocen en estas categorías.
Gennaro
Carotenuto desde Roma
Hay muchas maneras de identificar al
papa que saldrá del cónclave que comienza el lunes 18. Por
nacionalidad, por continente, por orden religiosa, por enemistad o cercanía
a tal o cual movimiento laico, por clasificación política
(izquierda, derecha, progresista, conservador), por carisma, curial o pastoral.
Ninguna de estas clasificaciones corresponde al perfil buscado por los
casi 150 cardenales que se reúnen en Roma y 115 de los cuales –los
menores de 80 años– entrarán en el cónclave el lunes.
Estarán ausentes por motivos de salud el filipino Jaime Sin y el
mexicano Alfonso Suárez Rivera. Esta última ausencia es importante.
Suárez Rivera, poderosísimo enemigo de Samuel Ruiz, el ex
obispo de San Cristóbal de las Casas, Chiapas, es el hombre de los
Legionarios de Cristo, un movimiento laico a la derecha del Opus Dei. El
cónclave es el sistema electoral más antiguo y estable del
mundo. Con el tiempo se ha hecho también muy eficiente: si en la
Edad Media llegaba a durar hasta tres años, el promedio de los cónclaves
del siglo XX no supera los tres días. Desde el año 1170 se
estableció que para elegir al papa es necesaria una mayoría
de dos tercios; en este caso 77 votos. Un siglo más tarde se decidió
que los cardenales vivieran encerrados –cum clave, bajo llave– hasta la
proclamación del nuevo papa, buscando una síntesis entre
tendencias, prioridades, sensibilidades, ambiciones personales y promesas
de repartir cuotas de un poder inmenso sobre 1.090 millones de católicos.
BUSCANDO SEÑALES
La exégesis de las homilías
que se están sucediendo en los novendiales, los informes leídos
en las reuniones oficiales –y públicas– del consistorio, hasta la
homilía de Joseph Ratzinger en el funeral solemne del pasado viernes,
evitaron hablar de política. No sorprende, visto el contexto en
el cual las cuestiones pastorales y doctrinales toman mayor relevancia.
Sin embargo, algunos silencios son muy políticos. Es significativo
que tanto Joseph Ratzinger como otro poderosísimo recolector de
votos, el ex secretario de Estado –y ex nuncio en Santiago de Chile bajo
Pinochet– Ángelo Sodano, reconstruyendo detalladamente la obra de
Juan Pablo II, han silenciado su obra a favor de la paz y contra la agresión
al mundo musulmán. Sin embargo, en el frente conservador asumió
relevancia Camillo Ruini, jefe de la Conferencia Episcopal Italiana y sólido
aliado de Ratzinger, ya ha remarcado el papel de Wojtyla para desenmascarar
y rechazar la búsqueda anglosajona del choque de civilizaciones.
El “proyecto Ratzinger” aparece tan sólido que el cardenal alemán
puede salir al ruedo y jugarse personalmente. Si a la muerte de Juan Pablo
II, Ratzinger, defensor de la ortodoxia, hombre de inquebrantable rigor
doctrinario y de la tradición teológica, aparecía
como el más importante controlador de votos, hoy es un candidato
viable, aunque es difícil que logre superar los importantes vetos
a su candidatura. Ratzinger, con su homólogo italiano Camillo Ruini,
diseñan una alianza conservadora de una Iglesia que continúe
y supere el legado de Wojtyla en el surco de la revolución impulsada
por éste. Lo continúa, en el sentido de que la Iglesia de
Roma seguirá viéndose a la cabeza de una Iglesia mundial
y globalizada en búsqueda de un nuevo rigor moral frente a la modernidad.
Lo supera, en el sentido de ir cortando ramas consideradas superfluas en
el pontificado recién terminado: el diálogo interreligioso
y los mea culpa de la Iglesia frente a sus pecados. El teólogo Peter
Hans Kolvenbach, muy cercano a Ratzinger, afirma: “El diálogo no
tiene que caer en un confusionismo y en un relativismo donde todas las
religiones sean equivalentes”. Sobre los mea culpa, Wojtyla siempre estuvo
en minoría, así que no es difícil prever que serán
archivados fácilmente. Elegir a Ratzinger sería frenar tanto
el diálogo con los otros cristianos como el diálogo interreligioso.
En el extremo opuesto del sagrado colegio se encuentra Carlo María
Martini. El prestigioso especialista en la Biblia, ex arzobispo de Milán,
retirado en Jerusalén desde hace tres años, es el hombre
del ecumenismo, de la superación de los muros y de la radicalidad
evangélica. En su agenda está la ordenación de las
mujeres, profundas modificaciones en temas de moral sexual y la comunión
a los divorciados.
No todas las cuestiones que se debaten
pueden encuadrarse como conservadoras o progresistas. Muchos vaticanistas
se dedican a buscar un papa desde una posición geográfica.
Así, razonan que será mejor un papa que mire a Latinoamérica,
donde vive la mayoría de los católicos, o uno que reevangelice
una Europa cada vez más distante, o un asiático que haga
las veces de puente hacia el motor del mundo. Es difícil que la
geografía resulte decisiva. En cambio, es probable que para la mayoría
del cónclave sea fundamental buscar un papa con rasgos menos monárquicos
que Wojtyla, capaz de devolver poder real a los sínodos y a las
iglesias locales.
BUSCANDO UN IDENTIKIT
La candidatura de Ratzinger tiene
varias ventajas y una intrínseca fragilidad. Continuador de Wojtyla
–a la derecha de Wojtyla para seguir utilizando impropias categorías
terrenales–, el ex prefecto de la Congregación para la Doctrina
de la Fe tiene 78 años. Suficientes para que su papado no sea tan
largo como para cerrar las ambiciones de varios cardenales. Sin embargo,
es una candidatura que provoca varios rechazos. Por distintos motivos,
tanto los alemanes como los estadounidenses no lo apoyan. Al día
de hoy la candidatura de Ratzinger contaría con unos 42 o 45 votos
seguros. Del otro lado, los progresistas no serían más de
22 o 23 y, en el medio, como en todas las asambleas electivas, está
el pantano. Un pantano de unos 40 votos decisivos. El escenario más
probable para el lunes podría frustrar las ambiciones del cardenal
alemán. Según fuentes en Jerusalén consultadas por
BRECHA, los opositores de Ratzinger podrían encarrilar sus votos
hacia la figura de Carlo María Martini, también de 78 años.
Éste no tiene posibilidades reales, pero un voto inicial sobre su
nombre representaría un escenario dramático para los conservadores
y la ruptura del diseño de Wojtyla. Dentro de las murallas vaticanas
muchos sostienen que Juan Pablo II apuntó durante todo su pontificado
a la construcción de una estructura del sagrado colegio que frenara
el paso a Martini como su sucesor. Votando por Martini, los moderados y
los progresistas podrán mostrar más fuerza de la que se les
atribuye, para llegar a pactar después por un candidato de compromiso.
Así, un voto por Martini sería un jaque mate para Ratzinger.
Eliminados los dos grandes ancianos, la alianza conservadora entre Ratzinger,
Sodano y Ruini, jugará su paquete de votos en la búsqueda
de un candidato continuista. Su perfil correspondería perfectamente
al de Jorge María Bergoglio, primado de la Iglesia argentina, y
primera reserva en el frente conservador. La de Bergoglio emerge cada vez
más como una candidatura de primera fila, un “wojtyliano” de 70
años, que podría presentarse ante los moderados como una
concesión de los conservadores.
Su cotización en Roma es
más alta que en el Río de la Plata. Tal vez por eso en los
últimos días sus adversarios se han dedicado a hacer correr
rumores sobre su estado de salud. Se le atribuye padecer de diabetes. Desde
el colegio cardenalicio se escuchan insistentes voces en esa dirección.
Son rumores –de los cuales BRECHA no ha encontrado ninguna confirmación–
para eliminar a un candidato muy temido. La diabetes sería una excusa
para no abrir la caja de Pandora y para no hablar del papel de Bergoglio
durante la última dictadura argentina donde, según denuncias
del CELS, confirmadas por la viuda de Emilio Bignone, habría estado
involucrado en el secuestro de dos jóvenes seminaristas, adherentes
al movimiento de los sacerdotes del Tercer Mundo.
La otra candidatura fuerte, que
seguiría a la de Martini, sería la del actual arzobispo de
Milán, Dionigi Tettamanzi. Con 71 años, es probablemente
la candidatura de compromiso con más posibilidades de éxito.
Es progresista en sus críticas al neoliberalismo, pero conservador
en temas de moral sexual. Si la alianza conservadora fracasara en elegir
a un hombre de esta corriente, Tettamanzi, normalmente encasillado entre
los progresistas, sería un hombre aceptable para casi todos. El
lunes se vota recién en la tarde. Desde el martes se vota cuatro
veces por día. Debería ser suficiente. Si así no fuera,
sería porque se habrían eliminado los que, según el
dicho, “entran en el cónclave como papas y salen como cardenales”.
Entonces se ingresaría en un territorio imprevisible donde sólo
los hombres de compromiso tienen posibilidades de éxito.
Publicado en Brecha el 15
de abril de 2005
Gennaro
Carotenuto
Columnista del semanario Brecha
de Uruguay
gc@gennarocarotenuto.it
http://www.gennarocarotenuto.it
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