| ALAI
Agencia Latinoamericana de Información - 21 de abril de 2005
Ratzinger:
de vuelta al pasado
Frei
Betto
La elección
del cardenal Joseph Ratzinger como Papa es una señal preocupante
de que la dirección de la Iglesia Católica se encuentra más
confusa y perdida de lo que se imaginaba. Lo contrario del miedo no es
el coraje, es la fe. Muchos cardenales parecen más imbuidos de miedo
que de fe. Elegir Papa al hombre responsable de la ortodoxia de la Iglesia,
jefe del antiguo Santo Oficio, constituye un gesto de retraimiento y defensa
frente a un mundo perturbado, que espera de Roma algo más que anatemas,
censuras, desconfianzas y segregaciones.
Ratzinger era un teólogo moderado,
abierto al diálogo interreligioso y a la ciencia moderna, a la contribución
de los teólogos protestantes a la mejor comprensión de la
Biblia, hasta dejar Alemania para asumir, en Roma, la función de
Gran Inquisidor. Durante el periodo en que presidió la Congregación
de la Doctrina de la Fe, condenó a 140 teólogos católicos,
entre los cuales estaba Leonardo Boff. Su obsesión es Nietzsche,
cuyo fantasma el identifica en la cultura post moderna.
Parece broma recordar, hoy, que en
el siglo XIX el Papa Pío IX (1846-1878) condenó la libertad
de pensamiento y de opinión, la enseñanza laica, el progreso,
y hasta la luz eléctrica! Para él, el mundo moderno se forjaba
en las oficinas del diablo. Autor de Sílabos de Erros, catálogo
de anatemas eclesiásticos, estaba contra el Estado autónomo
y laico, y en 1850 prohibió a los judíos de Roma que testificaran
contra los cristianos en procesos penales y civiles; poseyeran bienes inmuebles;
tuvieran acceso a la escuela pública y a la universidad (excepto
medicina).
Temo que igual retroceso ocurra en
el pontificado de Ratzinger. En su último sermón como cardenal,
antes del inicio del cónclave, el se lanzó como candidato
dejando bien claro lo que piensa: acusó a la cultura occidental
de relativista, condenó el marxismo, el liberalismo, el ateismo,
el agnosticismo y el sincretismo, como quien insiste en no aceptar el pluralismo
cultural y religioso, la diversidad de culturas, y todavía sueña
con una Iglesia institucionalmente soberana entre pueblos y gobiernos,
imponiendo a todos sus valores y sus normas de comportamiento. Es el regreso
a la Cristiandad, cuando la Iglesia imperaba en el periodo medieval.
Antes de condenar las expresiones
legítimas de la cultura moderna, Ratzinger debería preguntarse
en que medida la Iglesia ha fracasado en la evangelización de Europa,
en donde los templos parecen más llenos de turistas que de fieles.
¿Porqué no fue la Iglesia la primera en defender a las víctimas
de la revolución Industrial, y sin el marxismo? ¿El ateismo
y el agnosticismo no son frutos de nuestra falta de testimonio evangélico?
Y ¿cómo alguien en el Vaticano es capaz de hablar de sincretismo
si, allí, se mezclan protocolos y etiquetas oriundos del Imperio
Romano y de la nobleza europea? “Sumo Pontífice” es el título
pagano adoptado por los emperadores romanos.
Ignoro si el nuevo Papa tiene alguna
sensibilidad social. La figura del pobre y la tragedia de la pobreza no
son recurrentes en sus pronunciamientos y escritos. Mas pido a Dios que
él mantenga el hábito de meditar en la palabras y en los
actos de aquel que es el paradigma por excelencia de la fe cristiana: Jesús
de Nazareth, que prefirió amar a condenar, asumió la defensa
de la mujer adúltera, no pronunció un sermón moralista
a la samaritana que estaba con su sexto hombre, curó a la mujer
fenicia y al siervo del centurión romano sin exigir que profesaran
su fe, se identificó con los más pobres (famélicos,
migrantes, enfermos, oprimidos), no se mantuvo indiferente a la multitud
hambrienta, y enseñó que gobernar no es mandar, es servir.
Lo que abre un hilo de esperanza
es el acto de Ratzinger de haber adoptado el nombre de Benedicto XVI. En
general, eso señala el interés del nuevo pontífice
de dar seguimiento a la obra de su antecesor del mismo nombre. Benedicto
XV, Papa entre 1914 y 1922, era un hombre abierto. Ceso la persecución
a los “modernistas”, valorizó el ecumenismo, promovió el
diálogo entre católicos y anglicanos, se mostró interesado
en las Iglesias orientales y, sobretodo, combatió el colonialismo
y luchó con ardor por el fin de la Primera Guerra Mundial.
Dios permita que el nuevo Papa consiga
descender del pedestal del academicismo teológico y se haga pastor,
abrazando el más evangélico y olvidado titulo Papal: “Siervo
de los siervos de Dios”-.
(Traducción ALAI)
* Frei Betto es escritor, autor de
la biografía novelada de Jesús “Entre todos los hombres”
(Ática), entre otros libros.
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