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22 de abril de 2005
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Brecha de Uruguay - 22 de abril de 2005

La crisis del texto de historia

China y Japón enfrentados

Las dos principales potencias del Asia-Pacífico comenzaron a salir de la crisis en que las sumergió un texto de historia. El libro reabrió viejas heridas sufridas por China durante episodios que incluyeron la experimentación con seres humanos por parte del ejército japonés. El diferendo se produjo en un momento en que ambos países tienen preocupaciones cruzadas en temas militares y de acceso a los recursos naturales.

Roberto López Belloso
La aprobación por parte de las autoridades japonesas de un libro de texto “que confunde lo correcto con lo erróneo y pone a la inversa lo blanco y lo negro” llevó las relaciones sino-japonesas a un punto crítico, en el que las acusaciones mutuas fueron acompañadas por sorpresivas manifestaciones antijaponesas en China. La valoración del libro de historia fue hecha el 5 de abril por Qin Gang, portavoz del Ministerio de Relaciones Exteriores chino, quien responsabilizó a “las fuerzas del ala derecha japonesa” de estar detrás del contenido del texto de estudio, “esforzándose al máximo por liberar al militarismo japonés de sus responsabilidades por los crímenes cometidos” en la primera mitad del siglo pasado. Un editorial del periódico japonés Asahi Shimbun reflejó el pasado miércoles la preocupación nipona por esta cadena de incidentes, a los que colocó en un contexto más amplio que el revisionismo histórico. De acuerdo con su punto de vista, los problemas que deben enfrentar las cancillerías de ambos países incluyen las disputas sobre prospecciones de petróleo y gas natural en el este del Mar de China, y la preocupación acerca del vínculo entre el creciente gasto militar chino y el rol estratégico de Japón en una hipótesis de conflicto sinoestadounidense por causa de Taiwán. La música de fondo de esta pulseada también incluye la posibilidad firme de que Japón obtenga un asiento en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.

Analistas que conocen el funcionamiento de la sociedad china estiman que las tres semanas de protestas populares, que incluyeron actos de vandalismo contra sedes diplomáticas y empresas japonesas, fueron toleradas por el gobierno. Aunque hasta el martes pasado no se había registrado ninguna señal oficial clara para detener las protestas, ese día 19, sin embargo, el ministro de Relaciones Exteriores de China, Li Zhaoxing, pidió a los manifestantes “encauzar su pasión patriótica” hacia actividades productivas. A la vez llamó a la coexistencia amistosa y la cooperación de beneficio mutuo entre China y Japón. Paralelamente, varias fuentes oficiales y oficiosas vinculadas al mundo de los negocios intentaron limar asperezas entre ambos gobiernos. Pese a su llamado a bajar el nivel de tensión, Li no se abstuvo de mencionar que “entre la guerra chino-japonesa de 1894 y la Segunda Guerra Mundial, los militaristas de Japón invadieron brutalmente a China y provocaron un severo desastre al pueblo chino durante medio siglo”.

MIRANDO DESDE JAPÓN

Pese a las acusaciones, Japón asegura que ha pedido perdón públicamente en más de 17 oportunidades. Un artículo del Japan Times firmado por los académicos Mike Mochizuki y Michael O’Hanlon acota que, en los hechos, el controvertido texto de historia sólo será utilizado por el 1 por ciento de los estudiantes, a la vez que recuerdan que la nueva versión no deja de representar un mejor abordaje que, por ejemplo, el que existía en los textos que originaron una controversia similar en 1982. Los autores recomendaron la creación de un comité binacional para elaborar un libro de texto de consenso que ayude a superar el cíclico enfrentamiento entre ambos países. En el mismo periódico, Eric Teo Chu Cheow, del Singapore Institute for International Affairs, intenta enfocar la situación como parte del florecimiento nacionalista que están viviendo algunos países del área, entre los que cita a China, Corea del Sur e Indonesia, que iría de la mano de un incremento en la confianza que sienten en el campo económico. En cuanto al nacionalismo chino en particular, Chu Cheow indicó que se dirige principalmente en contra de Occidente y de Japón, a causa de la derrota de la dinastía Manchú a manos de Japón en 1895 y de la ocupación por el ejército imperial japonés de partes del territorio chino, a la vez que Occidente es señalado por haber debilitado a China mediante tratados injustos que le habrían sido impuestos a ese país desde las guerras del opio ocurridas a mediados del siglo XIX.

GÉRMENES

Los problemas de ambos países para situarse ante la difícil historia que los vincula no son algo nuevo, ni siquiera en términos de “tiempos periodísticos”. El 31 de julio de 2002, por ejemplo, un ex soldado japonés de 79 años, Yoshio Shinozuka, declaró públicamente que la llamada Unidad 731 de las tropas imperiales había realizado experimentos con prisioneros de guerra y civiles chinos. Sus declaraciones fueron recogidas por la prensa internacional y revelaron bajo juramento que se habían producido a escala masiva agentes causantes de cólera, disentería, escorbuto y tifus en el área de Harbin, utilizando a seres humanos como conejillos de Indias. Un reporte de la cadena británica bbc indicó que los historiadores creen que esos experimentos costaron la vida a unas 250 mil personas, la gran mayoría civiles.

La semana pasada, el Tribunal de Apelaciones de Tokio negó una compensación a diez ciudadanos chinos que demandaron a Japón por las consecuencias del llamado “campo de gérmenes” que entre 1936 y 1945 funcionó en el noreste de China bajo jurisdicción de la Unidad 731 del ejército japonés. El argumento del tribunal, según informó afp, se basó en que “cualquier compensación por crímenes cometidos durante la Segunda Guerra Mundial debe resolverse de manera bilateral entre países y no como casos particulares ante la justicia”.

OPORTUNIDAD

A comienzos del mes próximo, un viaje del primer ministro nipón Junichiro Koizumi podrá servir para aliviar las tensiones con sus vecinos, contrariamente a lo que ha ocurrido con otros desplazamientos del político liberal-conservador, como por ejemplo, con sus polémicas peregrinaciones a un santuario dedicado a los soldados japoneses, donde se encuentran las tumbas de siete militares considerados criminales de guerra. El viaje del 9 de mayo, sin embargo, lo llevará a Moscú, donde participará en las conmemoraciones de los 60 años de la derrota del nazismo. Será una oportunidad para que Koizumi muestre un Japón dispuesto a reafirmar la distancia que lo separa de su alianza con la Alemania de la Segunda Guerra Mundial, y para que se encuentre en reuniones bilaterales –todavía no confirmadas– con el mandatario chino Hu Jintao y con el presidente surcoreano Roh Moo Hyun.

Antes de encontrarse en Rusia, Koizumi y Hu tienen la posibilidad de hablar en privado este fin de semana, mientras se realice en Filipinas la Cumbre Asia-África de la que participarán ambos jerarcas. El gobierno japonés informó que su premier estará en las celebraciones de Moscú porque el país nipón “se ha convertido en un líder responsable de la comunidad internacional en los 60 años transcurridos desde el final de la guerra”. 

DAMAS DE CONSUELO

Intercalados con las imágenes de las protestas chinas por la crisis del texto de historia referida en la nota central de esta página, pudieron verse algunos flashes sobre el reclamo de mujeres coreanas que durante la Segunda Guerra Mundial fueron utilizadas como esclavas sexuales por las tropas japonesas. Se trata de las llamadas “damas de consuelo”. Fueron entre 80 mil y 200 mil mujeres, en un 80 por ciento coreanas, pero también chinas, filipinas, indonesias y de varias islas del Pacífico. Un completo documento elaborado por Chunghee Sarah Soh, de la Universidad de San Francisco, traza la hipótesis de que el sistema de “damas de consuelo” fue, para la mentalidad dominante del ejército japonés de la época, una forma de evitar que se repitieran episodios como la “masacre de Nanking” en la que 20 mil mujeres chinas fueron violadas por el ejército japonés y donde murieron 200 mil civiles chinos.

En abril de 1998 por primera vez un tribunal nipón exigió del gobierno de su país compensación material para mujeres que fueron utilizadas como esclavas sexuales del ejército. En otro juicio, en diciembre de 2000, se conocieron nuevos testimonios que fueron arrojando luz sobre esta práctica. Una de las personas que declararon en ese proceso, Park Ok-ryun, indicó que fue llevada por los militares japoneses con el argumento de que necesitaban que trabajara como lavandera, aunque en realidad se le obligó a tener sexo con treinta soldados cada día.

Diez años antes, el Consejo Coreano para las Mujeres Obligadas a Esclavitud Sexual Militar por Japón había exigido que el gobierno nipón esclareciera estos episodios y compensara a las sobrevivientes. La respuesta de los acusados, en 1991, fue que no había evidencia de que esta práctica hubiera tenido a mujeres coreanas como víctimas, a pesar de que en agosto de ese mismo año se conoció el primer testimonio público de una mujer de esa nacionalidad que afirmó haber sido obligada a convertirse en “dama de consuelo”. Documentos encontrados por el historiador Yoshimi Yoshiaki en enero de 1992, y hechos públicos por el diario Asahi Shimbun, obligaron al premier Miyazawa Kiichi a pedir disculpas durante una visita de Estado realizada a Corea del Sur ese mismo mes.

 
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