| La
República de Uruguay - 29 de abril de 2005
Poesía
y acracia
Julio
Guillot
El
29 de abril de 1985, hace hoy veinte años, murió Serafín
José García. El próximo 5 de junio se cumplirán
cien años de su nacimiento.
Fue uno de
los referentes emblemáticos de lo que se llamó literatura
gauchesca o nativista, es decir la poesía y la narrativa ambientadas
en el medio rural, con el hombre y la mujer "de campo" como únicos
protagonistas. Las desventuras, ilusiones, anhelos y peripecias de gauchos,
estancieros, peones, puesteros, troperos, chinas, nutrieron la temática
abordada mayoritariamente por los creadores uruguayos hasta que la generación
del cuarenta y cinco rompió definitivamente el molde.
Pero con la
poesía de Serafín J. García hay un vuelco significativo
en el enfoque, que deja de lado el pintoresquismo y el "color local", para
poner el acento en el aspecto sociológico y, fundamentalmente, en
la denuncia expresa de las iniquidades de la sociedad agraria. Tacuruses,
su ópera prima publicada en 1935, llegó a convertirse en
paradigma de la "literatura comprometida", al punto que puede decirse que
los poemas contenidos en ese primer volumen son una suerte de cantos "de
protesta" avant la lettre; al respecto, recuérdese que Orejano fue
musicalizado y luego cantado y grabado por varios artistas, entre quienes
destacan Los Olimareños y el argentino Jorge Cafrune. Piona es una
radiografía sociológica impecable e implacable de la condición
de la mujer humilde del medio rural, y tiene --lamentablemente-- una actualidad
indignante.
Sin duda la
poesía de García Correa trasunta el espíritu libertario
de su autor. Ese amor casi cristiano por los humildes y desposeídos,
así como la rebeldía frente a la autoridad prepotente y su
odio visceral hacia la moral burguesa, permiten incluir a Serafín
en esa portentosa corriente de poesía ácrata de la que son
exponentes Jacques Prévert y Georges Brassens en Francia y León
Felipe en España, por no citar sino a los más conocidos y
emblemáticos. En definitiva, poesía y anarquismo suelen ir
de la mano por cuanto todo poeta es, en esencia, un contestatario y un
transgresor; hablar de poesía conformista o complaciente es un contrasentido:
si se es conformista, es imposible ser poeta.
Y quizá
como paradoja que sorprendería al mismo Borges, recordemos que García
Correa revistó en los cuadros policiales de la Jefatura de Treinta
y Tres. A esa circunstancia irónica, se debe seguramente el surgimiento
del alter ego de Serafín: Simplicio Bobadilla, el escribiente de
la comisaría de Puntas del Arrayán Chico, responsable de
la transcripción de los célebres Partes de don Menchaca.
Con un humor desopilante y corrosivo, Serafín J. García supo
desnudar de manera magistral la mentalidad, la personalidad, las costumbres
y el modus operandi de la policía de campaña; las mañas
y las arbitrariedades propias de la sociedad rural.
No quiero terminar
estas líneas pidiendo homenajes formales que suelen tributarse a
muchos perfectamente olvidables. Me permito sí sugerir que se lo
lea y relea; y que tratemos entre todos de terminar con las injusticias
que él denunció. |