Mundo - rodelu.net
25 de abril de 2005
.
 
Coletillas al Margen

Derechos Humanos como tragicomedia

Carlos Angulo Rivas
De los ilustres postulados posteriores a la segunda guerra mundial nació la declaración universal de los derechos humanos en la vocación de concebir un mundo sobresaliente donde dominara por encima de todo la justicia social, única certeza con la cual se podía dotar al hombre, a la familia y a los niños de la auténtica libertad a la que tienen derecho. Los pueblos de la Naciones Unidas representados por sus gobiernos se comprometieron solemnemente a dar igualdad de derechos a hombres y mujeres como la manera más eficaz de promover el progreso social, elevando el nivel de vida y la dignidad del ser humano en el sentido cabal y completo del significado primario de la libertad. Pero a continuación en los años ulteriores a la buena voluntad exhibida por este mandato, elevado a ley internacional, el mundo de nuestros días, el realmente existente, es desequilibrado y arbitrario, despótico y tiránico, abusivo y vejatorio. No de otra manera se puede entender que frente al gran desarrollo científico y tecnológico alcanzado hasta inicios de este milenio, se mueran de hambre mil cien millones de seres humanos considerados por el Banco Mundial como de pobreza absoluta, la “pobreza que mata” en la definición del economista Jeff Sachs. Resultado irrefutable que muestra la brutal y cruel indiferencia de los países industrializados, defensores de la globalización y el capitalismo salvaje, ante el sufrimiento del prójimo; lamentable actitud, reñida con la supuesta vocación por los derechos humanos que dicen profesar. 

De entre todos, el fundamental derecho humano es el derecho a la vida. Sin este derecho los demás no pueden existir por la sencilla razón del aniquilamiento por hambre de hombres, mujeres y niños. ¿De cuáles libertades podemos hablar sin la fuerza vital de la existencia humana sobre la tierra? La respuesta a esta pregunta emerge por si sola, pues la satisfacción de los derechos sociales para la subsistencia; de los económicos; de los del trabajo, la educación, la cultura y la salud son los prioritarios e indispensables para obtener la prerrogativa de la dignidad y el libre desarrollo de la personalidad pensante, ambas cualidades inherentes a la legítima libertad de poder expresarse y reconocer valores. Partiendo de este enfoque de lo fundamental todo ser humano tiene derecho a un nivel de vida razonable acorde al mínimo bienestar de alimentación, vestido, vivienda, asistencia médica y protección social en cuanto a maternidad y niñez, a la educación gratuita, la cultura, el desempleo, las enfermedades, la invalidez y la vejez. Sin embargo, los comisionados y representantes oficiales de la Comisión de Derechos Humanos de la ONU con sede en Ginebra han convertido el noble oficio de su encargo en un circo anual de mentiras políticas y conveniencias económicas provenientes del chantaje de los países más poderosos. Un cubileteo de mediocres comediantes descubiertos en la luz meridiana de sus erradas condenas y exoneraciones. 

El problema de fondo de estas reuniones circenses anuales, manejadas al antojo de la superpotencia hegemónica del mundo, no ha sido resuelto y no será resuelto en tanto la apertura hacia la justicia social no se tenga en cuenta y se agiten banderas de elementos nocivos al verdadero desarrollo social, movidos por el interés extranacional de promover sabotajes y crímenes a los procesos revolucionarios y democráticos que si pueden exhibir conquistas sociales innegables y reconocidas por los organismos internacionales. La reciente condena a Cuba, la consigna sin atenuantes patrocinada cada año por la Casa Blanca, nos muestra la vergonzosa y censurable parcialidad de los miembros de la CDH, sobre todo la de los integrantes de la Unión Europea, vinculada ahora, por este hecho, a una nueva y sorpresiva visión colonialista. Viraje a tener en cuenta por cuanto demuestra una voluntad de proseguir en los errores de potenciar la pobreza en el orbe antes que la superación de ella. Cuba es un ejemplo como país pobre o del tercer mundo, insuperable en sus metas educativas y sociales; y la verdadera respuesta al inmisericorde bloqueo político y económico de Estados Unidos, no condenado por la CDH, es cero en analfabetismo; asistencia social universal, médica y escolar gratuita; casi nula mortalidad infantil comparable sólo a la de los países ricos; apenas dos por ciento de desempleo; eliminación de la muerte por inanición o pobreza extrema; y en cooperación internacional colaboración con todos los países pobres a través de más de treinta mil voluntarios y profesionales de la salud y la educación; etc. En consecuencia, la ausencia de reconocimiento de la CDH al esfuerzo del gobierno cubano por sostener una vida honorable para sus conciudadanos, como el principal derecho humano de todos, cae por si solo en la indignación de los pueblos del mundo, aunque sus melindres gobiernos se hayan rendido ante la degradación que significa apoyar la sinrazón de una gastada consigna con tal de justificar el ilegal bloqueo económico y político. 

Pero eso no es todo. La comedia de la CDH, como acertadamente la llamó el presidente Fidel Castro, se mostró cínicamente al descubierto al eludir censurar a Estados Unidos como violador de los derechos humanos por las detenciones arbitrarias y las torturas en las cárceles militares de Abu Ghraib, de la base naval de Guantánamo y otras, cuyas escenas filmadas han sido mostradas al mundo entero. Doble estándar, doble moral de la CDH que no deja lugar a dudas de los intereses que allí se manejan en singular burla de la opinión pública mundial. En suma para todos los observadores internacionales no sorprende la actitud burocrática obediente de los miembros de la CDH, de doblez y fingimiento teatral que corresponde a una comedia, pero desgraciadamente también a la tragedia de no velar por el cumplimiento de los derechos humanos en el mundo; cumplimiento que deben iniciarse y sostenerse en la protección social de los hombres, mujeres y niños en salvaguarda de la libertad y la dignidad a la que tienen pleno derecho.

Carlos Angulo Rivas
reppam@sympatico.ca

 
MUNDO