Antonio Mora Vélez - rodelu.net
6 de mayo de 2005
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A propósito
de la Feria Internacional del Libro
Antonio Mora Vélez
Estuve, gracias a la Corporación Universitaria del Caribe –CECAR--, en la Feria Internacional del Libro de Bogotá los días del 28 de abril al 2 de mayo. Aparte de promocionar la Revista Institucional de la Corporación que me honro en dirigir, de asistir a un concierto de música china tradicional y de ver el futuro del mundo en la sonrisa de las instrumentistas y danzarinas de la República Popular China —país invitado a la Feria-- y de ver el genio de Dalí en los trazos de las ilustraciones que él hiciera para varias ediciones de El Quijote, tuve la feliz oportunidad de explicarle a mi amigo Jorge Consuegra en su programa de TV en El Kanal de Bogotá, y a todos sus miles de televidentes, que la poesía de ciencia ficción requiere de imaginación y de inspiración –como toda poesía—pero, además, de un conocimiento riguroso de las categorías científicas que se utilizan en sus versos y del filón poético que hay en todas y cada una de ellas. O lo que es igual, que hay que encontrar términos que tengan la doble connotación: poética y científica, para poder hacer poesía con la ciencia. Esto, con ocasión de la entrega que le hice al connotado periodista cultural de mi segundo libro de poemas de CF, El fuego de los dioses.

También tuve la feliz oportunidad de entrevistarme con mis amigos escritores y profesores universitarios, mis colegas durante los veinte años de docencia en la Universidad de Córdoba de Montería: Enzo Ariza, Alvaro Morales Aguilar y Alberto Gómez –hoy directivos de la Asociación de Escritores del Caribe Colombiano--, y quienes me hicieron el honor de invitarme a la mesa de protocolo de su acto sobre El Quijote, la ética y la educación, programado durante la Feria. Para Enzo, El Quijote es un manual de ética social que se corresponde con la crisis de la sociedad feudal española de entonces y el advenimiento de las nuevas relaciones burguesas signadas por el individualismo progresista. Un manual que deben leer todos los funcionarios que han olvidado el mínimo decoro que el Ingenioso Hidalgo le enseñaba a Sancho, su fiel Escudero, para gobernar su ínsula barataria. Morales Aguilar, por su parte, reclamó un viraje radical en la metodología de enseñanza para lograr un estudiante más crítico, en lugar del conformista que hoy sale de las instituciones educativas a enfrentar con la cabeza agacha los rigores del neo-liberalismo.

Al historiador Alberto Gómez Martínez le comenté la próxima publicación de mi novela "A la hora de las golondrinas", que cuenta los episodios más significativos de la sociedad monteriense de los años sesentas, los tiempos en que se inició la tragedia de violencia y corrupción política que hoy casi acaba con la sociedad colombiana. Los tiempos en que se frustraron los proyectos políticos del MRL y del padre Camilo Torres, por diferentes razones, y que hubieran significado para el país, de haber salido airosos, un cambio en las relaciones de propiedad y de poder, en las costumbres políticas y en la orientación moral y económica del país. Hoy, tal vez, si esos proyectos no hubieran fracasado –y el de Jorge Eliécer Gaitán, fue el primero--- hoy tendríamos una Colombia más tolerante, más igualitaria, más decente y menos violenta. A Alberto le pareció que ya era hora de novelar esa parte de nuestra historia que los historiadores no se han atrevido aún a abordar.

Pero fue también el momento dual de la tristeza y la alegría. El jueves 28 de abril partió para Uppsala (Suecia) mi hija Glitza con el fin de fijar su residencia en ese hermoso y civilizado país al lado de su esposo Bjorn Skubic. A la tristeza de no poder verla sino por el chat y las veces que pueda regresar en plan de visita a la patria de sus padres, se une la alegría de saber que está en otro país que sabrá reconocerle su talento y su belleza, cualidades que en Colombia poco sirven si no van acompañadas del apadrinamiento politiquero –nada gratuito—, y de saber que va a ser feliz al lado de un joven profesional inteligente que la quiere, que es la aspiración de todo padre en cualquier lugar del planeta.

6 de mayo de 2005

Antonio Mora Vélez
Escritor colombiano
antonio_moravelez@yahoo.com.ar

 
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