A propósito
de la Feria Internacional del Libro
Antonio
Mora Vélez
Estuve,
gracias a la Corporación Universitaria del Caribe –CECAR--, en la
Feria Internacional del Libro de Bogotá los días del 28 de
abril al 2 de mayo. Aparte de promocionar la Revista Institucional de la
Corporación que me honro en dirigir, de asistir a un concierto de
música china tradicional y de ver el futuro del mundo en la sonrisa
de las instrumentistas y danzarinas de la República Popular China
—país invitado a la Feria-- y de ver el genio de Dalí en
los trazos de las ilustraciones que él hiciera para varias ediciones
de El Quijote, tuve la feliz oportunidad de explicarle a mi amigo Jorge
Consuegra en su programa de TV en El Kanal de Bogotá, y a todos
sus miles de televidentes, que la poesía de ciencia ficción
requiere de imaginación y de inspiración –como toda poesía—pero,
además, de un conocimiento riguroso de las categorías científicas
que se utilizan en sus versos y del filón poético que hay
en todas y cada una de ellas. O lo que es igual, que hay que encontrar
términos que tengan la doble connotación: poética
y científica, para poder hacer poesía con la ciencia. Esto,
con ocasión de la entrega que le hice al connotado periodista cultural
de mi segundo libro de poemas de CF, El fuego de los dioses.
También tuve la feliz oportunidad
de entrevistarme con mis amigos escritores y profesores universitarios,
mis colegas durante los veinte años de docencia en la Universidad
de Córdoba de Montería: Enzo Ariza, Alvaro Morales Aguilar
y Alberto Gómez –hoy directivos de la Asociación de Escritores
del Caribe Colombiano--, y quienes me hicieron el honor de invitarme a
la mesa de protocolo de su acto sobre El Quijote, la ética y la
educación, programado durante la Feria. Para Enzo, El Quijote es
un manual de ética social que se corresponde con la crisis de la
sociedad feudal española de entonces y el advenimiento de las nuevas
relaciones burguesas signadas por el individualismo progresista. Un manual
que deben leer todos los funcionarios que han olvidado el mínimo
decoro que el Ingenioso Hidalgo le enseñaba a Sancho, su fiel Escudero,
para gobernar su ínsula barataria. Morales Aguilar, por su parte,
reclamó un viraje radical en la metodología de enseñanza
para lograr un estudiante más crítico, en lugar del conformista
que hoy sale de las instituciones educativas a enfrentar con la cabeza
agacha los rigores del neo-liberalismo.
Al historiador Alberto Gómez
Martínez le comenté la próxima publicación
de mi novela "A la hora de las golondrinas", que cuenta los episodios más
significativos de la sociedad monteriense de los años sesentas,
los tiempos en que se inició la tragedia de violencia y corrupción
política que hoy casi acaba con la sociedad colombiana. Los tiempos
en que se frustraron los proyectos políticos del MRL y del padre
Camilo Torres, por diferentes razones, y que hubieran significado para
el país, de haber salido airosos, un cambio en las relaciones de
propiedad y de poder, en las costumbres políticas y en la orientación
moral y económica del país. Hoy, tal vez, si esos proyectos
no hubieran fracasado –y el de Jorge Eliécer Gaitán, fue
el primero--- hoy tendríamos una Colombia más tolerante,
más igualitaria, más decente y menos violenta. A Alberto
le pareció que ya era hora de novelar esa parte de nuestra historia
que los historiadores no se han atrevido aún a abordar.
Pero fue también el momento
dual de la tristeza y la alegría. El jueves 28 de abril partió
para Uppsala (Suecia) mi hija Glitza con el fin de fijar su residencia
en ese hermoso y civilizado país al lado de su esposo Bjorn Skubic.
A la tristeza de no poder verla sino por el chat y las veces que pueda
regresar en plan de visita a la patria de sus padres, se une la alegría
de saber que está en otro país que sabrá reconocerle
su talento y su belleza, cualidades que en Colombia poco sirven si no van
acompañadas del apadrinamiento politiquero –nada gratuito—, y de
saber que va a ser feliz al lado de un joven profesional inteligente que
la quiere, que es la aspiración de todo padre en cualquier lugar
del planeta.
6 de mayo de 2005
Antonio
Mora Vélez
Escritor colombiano
antonio_moravelez@yahoo.com.ar
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